martes, 24 de mayo de 2016

Bob Dylan 75


1.— Bob Dylan fue el primero en demostrarle a los lobos que era más interesante aullarle a la luna que al sol.

2.—En su Bar Mitzvah perforó accidentalmente la Sefer Torah al aplicar demasiada presión con el yad. Las palabras exactas que perforó se revelarán el día de su muerte.

3.—Perdió el poder de dominar serpientes con la mirada cuando una le habló sobre su papel como "portavoz de una generación".

4.—Su vida en el Lejano Oeste transcurrió distinta a la leyenda. No fue un forajido ni un asaltante de trenes. En realidad vivió como discreto pastor cristiano en una pequeña comunidad de Nevada que ahora está olvidada por los mapas.

5.—El primero de sus sueños implicó una botella de vodka y un par de ranas con calcetines.

6.—Durante sus años en Manhattan se alimentó exclusivamente de lodo con nieve de las banquetas y pájaros de Central Park.

7.—Después de leer "On the road" de Jack Kerouac decidió horrorizado nunca volver a leer un libro en su vida.

8.—Ha publicado únicamente tres álbumes de estudio legítimos, repartidos en una extensa discografía apócrifa para ocultarlos de sus enemigos.

9.—Escribió todos sus textos a máquina hasta el descubrimiento de la escritura cuneiforme, cuando decidió pasarse a las libretas.

10.—Acudió a la guerra de Vietnam como parte de una comitiva encargada de regresar a Elvis (quien se había convertido en el ídolo de una tribu pagana) a la cordura.

11.—Oculta su verdadero rostro bajo una máscara de piel humana que va remendando con el tiempo.

12.—En la época de la gran depresión se le presentó a un joven negro en un cruce de caminos rurales de Mississippi y le regaló una guitarra fabricada por Pazuzu. Disfrazado como el dios Legba, Bob Dylan asustó tanto al joven negro que éste decidió dedicarse al Blues y convertirse en Robert Johnson.

13.—Ha sido protagonista de 2 novelas de capa y espada, 3 policiacas y 25 capítulos de la Biblia.

14.—Decidió abandonar su vida de trapecista debido a la insistencia en el uso de redes de seguridad por parte del dueño del circo. A Dylan le gustaba el sabor del aserrín.

15.—Se sabe que suplió a Santa Claus en los años de 1966, 1985, 1989 y 2006.

16.—Aunque muchas veces se le acredita a Freud el impulso moderno por investigar las pulsiones inconscientes, Bob Dylan llegó a las mismas conclusiones tres siglos antes. Sus manuscritos al respecto se encuentran en vasijas de barro escondidas en alguna cueva de Etiopía.

17.—Pastoreó rebaños de ovejas en Guelatao, Oaxaca junto a Benito Juárez. Decidió huir hacia las Filipinas disfrazado de monje dominico cuando comenzó la guerra de Reforma, pero regresó para comandar un batallón de poetas en la guerra contra Francia y Maximiliano.

18.—En la edad media comenzó a aconsejarle a las lagartijas que dejaran abandonada su cola para confundir a sus depredadores. Las lagartijas no atendieron su consejo hasta bien entrado el siglo XVIII.

19.—El 23 de noviembre de 1963, Bob Dylan estaba interpretando el himno nacional mexicano en la cocina de un restaurante de Dallas, Tx. 

20.—Durante su paso por el mundo de las aves recibió las burlas de todos por sus constantes intentos de encadenarse a una nube.

21.—El día en que quiso hacerse de una propiedad en Londres la agencia de bienes raíces le envió a su empleado más detestable. Dylan lo enloqueció y lo mandó de regreso a Londres casi sin sangre en el cuerpo.

22.—Fue confidente de Helena en las cortes de Menelao, pero su lealtad al rey espartano lo obligó a confesar el affaire que la reina tenía con un príncipe troyano. 

23.—Nació junto a un gemelo idéntico cuyo paradero se desconoce hasta ahora.

24.—Las penas de amor lo aburrieron cuando cumplió 27 años sobre este mundo. Desde entonces prefirió dedicar sus energías a la fabricación de animales acuáticos. Uno de estos animales, al que había llamado Woody Guthrie, intentó convencerlo de abandonar dicha labor y entregarse a la alquimia. Bob Dylan lo destripó en el acto.

25.—Bob Dylan inventó las burbujas de jabón.

26.—Fue coronado como décimo pontífice de la electricidad con el nombre de Robert Allen Zimmerman III.

27.—En el siglo XIX le dictó sus memorias a un joven amanuense uruguayo que a la sazón vivía en París. El amanuense murió de tuberculosis poco después, habiendo completado únicamente el prólogo.

28.—Bob Dylan fue el hierofante que descubrió la preparación del kykeon usado durante milenios en los misterios mayores de Eleusis.

29.—No se ha registrado una sola ocasión en la que Bob Dylan pierda al billar. Siempre corona sus juegos con el embuche de la bola ocho.

30.—Trabajó como granjero un tiempo antes de que un extraño impulso lo obligara a comer vacas enteras de un bocado

31.—Bob Dylan presentó a Cristo y Judas Iscariote.

32.—Le gusta tomar la forma de una zarza ardiendo en primavera.

33.—A principios de este siglo capturó el alma de su peor enemigo en una estatuilla dorada que desde entonces lo acompaña en todos sus recitales.

34.—En una entrevista concedida en los años setenta confesó que en ocasiones hace gárgaras de gasolina con pólvora para mantener en forma su voz.

35.—Participó en la tercera rebelión de Satanás contra el imperialismo celestial. Fue desterrado a este mundo, del que ansía escapar.

36.—Vistas desde cierto ángulo de la Gran Pirámide de Guiza, las nubes siempre aparentan la forma del bigote izquierdo que Bob Dylan usó en Zapopan, México, el 9 de mayo del 2012.

37.—Todas las fotografías conocidas de Bob Dylan son en realidad retratos de su doble. Nadie ha sido capaz de fijar su apariencia verdadera.

38.—Las notación musical de sus primeras canciones fue descifrada gracias a la interpretación binaria que el erudito Franz Katzpeiser hizo de la lápida del rey Pakal de Palenque.

39.—Bob Dylan participó en el asesinato del monje loco Rasputín cercenando sus genitales y conservándolos en formol hasta nuestros días.

40.—Animaba a bailar a la infanta Margarita de Austria mientras posaba para su amigo Diego de Velázquez, quien no tuvo otro remedio que abandonar las técnicas tradicionales e inventar al vuelo un cuadro que se volvería famoso con el tiempo.

41.—Puso drogas en el té de William Blake durante toda su vida. El poeta inglés nunca sospechó que las transfiguraciones de su alma eran provocadas por un astuto bromista.

42.—La visión futurista del Bardo se demuestra fácilmente anotando que durante su época de trovador medieval en el sur de Francia inventó la palabra "Oc" para beneplácito de los jugadores de Scrabble e inventores de crucigramas por venir.

43.—La teoría más aceptada sobre el origen de su nombre es la que sigue: utilizó un antiguo ritual sumerio para invocar a deidades olvidadas que le revelaron su nombre verdadero, impronunciable para las gargantas de los hombres. Decidió ocultarlo con vergüenza y adoptar uno más amigable.

44.—Siempre ha sostenido que esta dimensión es en realidad el último sueño colectivo que tiene otra dimensión en el instante final de su agonía cuántica.

45.—Bob Dylan ha sido la nómina completa de las vaqueritas de Dallas durante al menos dos décadas.

46.—Esta lista de hechos sobre su vida está contemplada en el texto que producen todos los terceros versos de las veinticinco canciones que componen uno de sus tres álbumes legítimos..

47.—Todos los presidentes de Estados Unidos han posado desnudos para él. Los retratos al óleo producto de estas sesiones se encuentran repartidos en bóvedas secretas de Roma, Buenos Aires, Washington D.C., París, Londres y El Cairo.

48.—Fue él quien les otorgó el don del lenguaje a los Ewoks de la Luna de Endor.

49.—El emblema de su casa es un cuervo de alas rotas.

50.—Fue el primero en divisar tierra a bordo de la nave inglesa Mayflower pero no le pudo dar el aviso porque en ese momento lo invadió un ataque de risa.

51.—El "Método Minnesota" que se usa en las clínicas de rehabilitación contra las adicciones consiste en escuchar el "Blonde On Blonde" todos los días, a todas horas, durante dos meses. Sólo es efectivo si se realiza en Duluth.

52.—Bob Dylan escribió las palabras hebreas Mene, tequel, ufarsin  en la pared de Baltasar cuando éste disfrutaba de un vaso de Absinthe suiza en los cálices del templo de Salomón. Lo único que Dylan quería del sultán eran unas monedas para comprar un cuero de vino.

53.—Su encuentro con los Beatles hizo que se invirtieran los polos del eje magnético terrestre.

54.—Pocos saben que la actividad favorita de Bob Dylan es patear piedras.

55.—Todas las noches se toma un bebedizo de papaya licuada con aguas del río Mnemósine.

56.—Siempre recetó lenguas de colibrí a los pacientes que lo consultaban durante su breve periodo como médico en los años noventa.

57.—Fue amigo íntimo de Cenicienta, a la que trató de unir al Jorobado de Notre Dame sin mucho éxito. Este intento fallido de chaperonismo arruinó su amistad.

58.—Le dio de comer en la boca a Casanova mientras los demás esperaban a la lluvia.

59.—El nombre de su primera banda fue "Los arcos dorados", que después sería homenajeado por el célebre payaso Ronald al fundar su compañía de armamento nuclear.

60.—Convivió con Picasso cuando éste aún era un cigoto fecundado. Quedaron en reunirse de nuevo pero el encuentro nunca se concretó.

61.—Inventó un motor que funciona con agua pero su prototipo se destruyó en el accidente de motocicleta que sufrió en 1966.

62.—Dibuja patrones enloquecidos en las sábanas de todas sus amantes.

63.—Bob Dylan es el soldado romano a quien Pedro mutiló y Cristo reparó de mal modo.

64.—Incluso los marinos más experimentados sufren de náusea ante su presencia.

65.—Fue él quien le dio de beber agua a Judá Ben-Hur.

66.—El tamborileo de sus dedos hace que las calles vuelvan a estar dispuestas a soñar.

67.—Colaboró con la CIA y sus aliados reptilianos en el derrocamiento de cinco planetas rebeldes de la constelación Alfa Centauri.

68.—Durante los años sesenta envenenó con palabras a todas las personas que vivían en la Vía de la Desolación.

69.—Se meó sobre la llama eterna al soldado desconocido en Moravicze, capital de la República Soviética de Jikzayán.

70.—Amamantó a la primera ardilla que existió después de Noé.

71.—Recomienda usar contenedores de plástico para guardar los restos de niño crudo varios días en el refrigerador sin contaminar su sabor.

72.—Cada que se canta "Saber que vendrás" en una iglesia católica, Bob Dylan caza otro niño para comerlo crudo.

73.—Conoció de primera mano al ojo de la tormenta y le dedicó varias canciones.

74.—Declara haber obtenido la piedra roja un 22 de febrero de 1989, después de haber probado distintas preparaciones. Dice haber transformado metales bastos en oro con apenas unos granos de este material preservados en cera.

75.—Hace tres años despertó sobresaltado al soñar que algo terrible se le revelaba en una libreta blanca. Inmediatamente después tomó su acostumbrado baño matinal en las aguas del Leteo y siguió pateando piedras.

miércoles, 27 de abril de 2016

El hombro de Orión IV

Este texto fue publicado originalmente en la edición de diciembre del 2015 de la Revista cultural Alternativas, editada por el Instituto Cultural de León.



Bastantes de las películas y autores que hoy consideramos clásicos tuvieron un recibimiento contemporáneo frío u hostil. Esto nos da una primera pista acerca de qué es lo que hace a un clásico: para serlo hay que sobrevivir a su propia época. 
     Ahora se usa con demasiada facilidad el término “clásico instantáneo”, una frase cercana al oxímoron que parece salida de un publicista. No hay tal cosa. El tiempo sedimenta y lo que sigue en el torbellino no puede tener el epíteto por adelantado aunque lo quieran las distribuidoras. Siendo una actividad tan mutable, el sabor de la novedad se desvanece muy pronto y sólo quienes son capaces de navegar esas aguas pueden entrar al canon.
     La sola idea de canon nos da una segunda pista: la apreciación de la crítica. En el cine, como en cualquier otro arte, se han aplicado criterios distintos durante el siglo y pico que tiene de historia. En algún punto de ese desarrollo, la crítica se hizo con el poder de modificar conscientemente sus propios marcos de referencia.
    El ejemplo más famoso de esto es el de la relación entre Hitchcock y los directores de la nueva ola francesa (varios de ellos críticos antes de ser directores). Hasta antes de la famosa entrevista con Truffaut, Hitchcock sólo era considerado un engranaje bien aceitado de la maquinaria hollywoodense. Un gran entretenedor con indudables méritos técnicos, pero alejado de la verdadera “poesía” de Cocteau, Vigo o Renoir. A partir de la pasión que le profesaba  esa nueva generación y el desarrollo de la teoría autoral, Hitchcock fue reconocido como un artista visionario y conocedor profundo del alma, con una capacidad incomparable para traducir sus corredores más oscuros al cine. La apreciación de la crítica, entonces, puede virar de forma dramática en cualquier momento, y las obras perdurables terminan por ser reconocidas como parte del canon tarde o temprano.
     La tercera pata de la mesa es la apreciación de las audiencias. Esto se mide y se entiende de manera distinta que la apreciación de la crítica. Los críticos tienen revistas, escuelas, libros, teorías, portales, etcétera. Las audiencias compran, ven, contagian. Muchas veces las cintas más apreciadas por el público no son reconocidas por la crítica y viceversa. Los usuarios de IMDB ponen a “The Shawshank Redemption” (Darabont, 1994) como la número uno en su top 250, mientras que los críticos encuestados para Sight & Sound han elegido a “Vertigo” (Hitchcock, 1958) como la mejor película de todos los tiempos.
     El último ingrediente, el más importante para hornear un buen clásico cinematográfico, es la apreciación individual. Cada quien elabora su propio canon surfeando entre lo que el tiempo permite, los críticos validan, la gente recomienda y la persona aprecia. Si falta una de las patas, la mesa se cae. Puede que los críticos admiren en bloque a una película o que todo mundo la haya recomendado, pero si no conecta con uno, se va al pozo. El arte es una caja de resonancia en donde escuchamos ecos de nosotros mismos. Cuando vemos pasar las imágenes ante nuestros ojos y nos sentimos tocados en el  espíritu con exactitud insólita, estamos frente a un clásico y no hay más que decir.

miércoles, 20 de abril de 2016

El hombro de Orión III

Este texto fue publicado originalmente en la edición de noviembre del 2015 de la Revista cultural Alternativas, editada por el Instituto Cultural de León.



El pequeño Vito Corleone canta una tonada melancólica dentro de su celda de Ellis Island mientras ve a lo lejos la Estatua de la Libertad en The Godfather Part II (Coppola, 1974). Él, como muchos, necesitó renunciar a su mundo y emigrar a otro en donde se hablaba otra lengua, existían otras costumbres. Creo que el caso de Vito Corleone es el mismo que el de todos los que se ven forzados a emigrar. En el fondo de la migración forzada existe siempre una profunda violencia que no siempre tiene que estar encarnada en vendettas de mafiosos sicilianos, como en el caso del Padrino. Muchas veces la violencia que obliga a emigrar es la que ejercen los estados imbéciles o las ideologías.
     Vito Corleone se ve forzado a repetir los mismos patrones de violencia y abuso que lo obligaron a dejar su patria. Pero este caso es excepcional y ficticio. Aun así, el guión de Coppola es tan sabio como para darnos un personaje complejo y no una caricatura. La narrativa doble, alternando el escenario de principios del siglo XX y el de la época del Macartismo, es sólo una de las luces narrativas que hicieron a la segunda parte de esta saga todavía más interesante que la primera. Comparar a través de líneas paralelas cómo evoluciona la historia de la familia a partir de la infancia del patriarca eleva las posibilidades de sentido y produce una intensa experiencia estética.
    El cine es capaz de brindarnos vivencias que no seríamos capaces de abarcar con un solo cuerpo. Todos los que hemos visto la saga de los Corleone tuvimos la ilusión de vivir en medio de las grandes migraciones europeas a América para después tener que conseguir los medios de subsistencia que nos fueran posibles. Es más probable, entonces, que empaticemos con las personas que siguen viviendo estas crisis en todos los lugares y todas las épocas. 
     El arte, al contrario de lo que piensan muchos, no es una frivolidad en medio del horror del mundo; más bien es un modo —entre otros— de volvernos más humanos, más sensibles al espanto y la belleza inefables que nos rodean todo el tiempo.

sábado, 9 de abril de 2016

El hombro de Orión II

Este texto fue publicado originalmente en la edición de octubre del 2015 de la Revista cultural Alternativas, editada por el Instituto Cultural de León.



El cine es un medio artístico, pero siempre ha sido también una tecnología en desarrollo. Hasta el día de hoy, los avances en la técnica siguen enriqueciendo lo que se puede hacer o no con el lenguaje cinematográfico. No hay una forma de arte en la que sus recursos expresivos estén tan cerca de la ciencia, la ingeniería y el diseño.
     Ejemplos sobran.

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     La llegada del sonido implicó una revolución en lo que ya era una poderosa industria. Desde The Jazz Singer [Crosland, 1927], la manera en que se hacían películas tuvo que cambiar por completo. Los rostros que aparecían en la pantalla (“We had faces!”, dice una Norma Desmond enloquecida de nostalgia en Sunset Boulevard [Wylder, 1950]) tuvieron que comenzar a hablar, hecho que implicó el fracaso de muchas estrellas con acentos y voces que arruinaron sus carreras.
     El Steadicam se inventó a finales de los setenta y se ha usado en infinidad de películas, aunque pocas de ellas han aprovechado sus posibilidades artísticas como The Shining [Kubrick, 1980]. En esa ocasión se utilizó un avance tecnológico para crear imágenes perdurables y narrar ciertas secuencias de una forma que antes no hubiera sido posible. Las largas tomas de Danny Torrance recorriendo los pasillos del Hotel Overlook se han quedado en la memoria de todos los que vieron esa película, en gran parte gracias a la soberbia utilización de este dispositivo.
     Martin Scorsese filmó “Hugo” [Scorsese, 2011] en digital 3D. Una épica sobre el amor al cine, sus recursos, su primer gran visionario —George Méliès— y las profundidades que es capaz de tocar siendo un mero acto de ilusionismo tenía que ser filmada de esa manera. Los trucos cambian pero la ilusión perdura. Ahora no sólo grandes maestros como Scorsese, sino la mayoría de los cineastas, optan por utilizar sofisticadas cámaras digitales que muchas veces proporcionan una calidad de imagen indistinguible de la que otorgan las cintas. Quién sabe qué hubiera impresionado más al maestro francés: los auténticos viajes a la luna o la posibilidad de filmar con un aparato de bolsillo.

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El dominio de la técnica es un paso fundamental pero no exclusivo para la creación artística. Hacen falta otros ingredientes. Es en la combinación de ciencia y arte, técnica y sensibilidad, donde yace la fascinación de las imágenes en movimiento. Los espejismos que produce el cine no son sino los sueños que produjo el filtro de la era moderna.

lunes, 8 de febrero de 2016

El hombro de Orión I

Este texto fue publicado originalmente en la edición de septiembre de la Revista Cultural Alternativas, editada por el Instituto Cultural de León.



El arte y la ciencia son anhelos similares. Las dos sospechan que la naturaleza puede ser comprendida o afectada por el pensamiento. La fabricación de herramientas para cada una de las dos ha ido avanzando casi en paralelo desde la prehistoria. En la antigüedad y hasta los albores de la modernidad era común que los sabios unieran el saber técnico y la sensibilidad artística. Sólo es a partir de las taxonomías de la ilustración que se produciría el desgaje. Es apenas entonces cuando empezamos a considerar al arte y la ciencia como actividades separadas. Sin embargo, es en el centro de la modernidad donde surgiría una nueva técnica/arte que hasta hoy nos recuerda lo fútiles que son estas fronteras.

Occidente estuvo encandilado con los avances científicos durante el siglo XIX. Se vivía con la ilusión de que el futuro sólo podía ser brillante. Los cambios se sucedían con rapidez y, de pronto, era posible experimentar en unos cuantos años lo que no se había vivido durante generaciones. La civilización moderna era una máquina humeante, avanzando sin escalas hacia el porvenir. Pero fue también en esta época cuando alguien en Whitechapel, Londres, nos recordó lo peligroso que es distraerse con sueños de utopía y progreso. Vivir juntos implica un infierno que no sofoca ningún avance tecnológico. El mundo necesitaba un nuevo medio capaz de aglutinar el empuje de la técnica y las poco atendidas necesidades espirituales del hombre.

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El literalismo racionalista junto a sus mitos fundadores (el progreso, la civilización...) había echado raíces en Francia desde tiempo atrás y su influjo era irresistible incluso en los rincones apartados del mundo. En ese país el fin de siglo también era un crisol donde comenzaba a burbujear el arte del mundo por venir. En París se precipitaban las vanguardias que desmoronaron las concepciones estéticas dominantes privilegiando el delirio y la sinrazón. No es casualidad que haya sido ahí donde una concatenación de inventos y descubrimientos culminaron en la primera proyección comercial de cine.



El 28 de diciembre de 1895, en el Salon indien du Grand Café, los parisinos atestiguaron un aparato que no pasaba de ser considerado una proeza técnica, incluso para sus inventores. Muy pronto esta nueva maravilla comenzaría a desarrollar un lenguaje propio y se convertiría en el medio artístico moderno por antonomasia. El cine es una forma de expresión adecuada a los tiempos y un nuevo recordatorio de que el arte y la ciencia no son sino dos aspectos del asombro.


domingo, 24 de mayo de 2015

74



Señor Bob Dylan:

No diré que llegué tarde a su música porque las cosas que importan suceden exactamente cuando deben suceder.  Yo hubiera querido escucharlo desde la infancia más remota, pero no fue así.  Sólo fui golpeado por “Like A Rolling Stone” hasta entrada la adolescencia, por ahí de los 15 años.  Recuerdo la hora, el lugar de mi casa, el sillón donde escuché por primera vez “Highway 61 Revisited”.  Ponía ese disco todo el tiempo, incluso cuando hablaba por teléfono por mi novia de aquel entonces, a quien nunca le impresionó.  He tenido la suerte de encontrarme con una multitud de cosas que me han cambiado la perspectiva del mundo, y sin duda su música se encuentra entre las principales.

Después del “Highway 61” vinieron otros más, empezando por sus compañeros de la Sagrada Trilogía: “Bringin’ It All Back Home” y “Blonde On Blonde”.  La imaginería en una sola de sus canciones, el vuelo de sus versos, han sido la envidia y meta de cualquier compositor en la música popular del último medio siglo.  De todos, incluidos los más notables, entre los que usted será siempre el primero.  Después de esos discos fui escuchando, poco a poco, los demás, maravillándome siempre.  A las palabras aladas y la honestidad de la música agregué al arsenal de asombros la creatividad militante que demostraba en su comportamiento artístico y vital, sin ceder nunca un gramo de su preciada libertad absoluta —cosa difícil en una carrera tan dilatada.  

Su música ha sido una compañera invaluable para mí a lo largo de esta década.  En los momentos de más oscura desesperación una canción suya programada por casualidad en el radio puede ayudarme a resurgir.  En los de mayor brillantez y dicha he sentido que su arte se reacomodaba como un rompecabezas para revelarme nuevos sentidos que ahora sí entendía, como si los estados más profundos de la experiencia humana fueran desde los que surge y hacia donde se dirige la afilada punta de su lanza.

Todas estas cosas las ha escuchado muchas veces, siempre de personas mucho más elocuentes que yo.  También sé que no es especialmente cálido con sus seguidores.  Ambos aspectos resultan en que esta carta sólo lo sea en la imaginación, porque nunca llegará a ser leída por su destinatario.  Pero aunque no llegue a sus manos reales, basta por ahora que llegue a las imaginarias, a formar parte de la conversación permanente que tengo —a través de su producción artística— con su versión ideal.

Además, esta carta es también un pretexto para poder desearle que cumpla muchos años más aparte del que hoy se suma a la cuenta.  Tenga por seguro que incluso en el momento en que esa cuenta deje de suceder, su arte perdurará en muchas vidas como la mía, sumándose más en cada nueva generación.

Con todo el cariño:


Juan Ramón.

viernes, 22 de mayo de 2015

Mad Max: Fury Road.



Me pregunto cómo sería la experiencia de ver esta película para alguien que no tenga la menor idea de qué es Mad Max, ni Mel Gibson, ni Babe el puerquito valiente.  ¿Qué diría? ¿Qué sentiría? ¿Qué tal un niño? Un niño que entre de contrabando a ver esta película esperando algo para pasar el rato; algo como las películas de Marvel: buena factura, humor ligero, acción CGI, diseños apantallantes.  ¿Cómo saldría de ahí el niño hipotético?

Como en “Mad Max 2”, ésta es sobre todo una película de cine-cine.  Cine puro.  El entorno post-apocalíptico no tiene espacio para diálogos teatrales ni debilidades del intelecto.  Sí, hay escenas de diálogo, pero están puestas ahí sólo para explicar las motivaciones de los personajes o clarificar las razones por las que existe el esqueleto que se usa como trama.  Las imágenes en movimiento, lo que se VE, es lo que importa.  Cada tornillo, cada herrumbre, cada lámina despostillada está hecha con el empeño de un orfebre chatarrero.  La cantidad de detalles, ideas e imágenes perdurables es abrumadora.  Sería injusto elegir una sola.  Todo es alucinante, desencajado, excesivo.  Hay que verla con los ojos bien abiertos, más de una vez, en el cine y con la pantalla más grande que se tenga al alcance.  

La nueva entrega de la sala tiene dinero y ambiciones de su lado.  Estos —aunado a una concepción madurada durante largo tiempo— son los elementos que distinguen a "Mad Max: Fury Road" de sus predecesoras.

Me cuesta trabajo describir con palabras cómo se ve “Mad Max: Fury Road”.  Y está bien que sea así, porque es una película para verse, no para contarse.  Sólo puedo traducir lo que vi con una metáfora torpe. Es algo así como la peor pesadilla de Moebius en ayahuasca revuelta con los malviajes más horribles de Terry Gilliam, escarchada con visiones de H.R. Giger, agregado una estopa de gasolina para darle punch y puesto todo en una “Heavy Metal” doblada como cono desechable.  Sírvase hirviendo.

Las actuaciones son parte de la maravilla.  Incluso “Immortan Joe”, que tiene la mitad de la cara cubierta todo el tiempo, es capaz de ofrecer una actuación memorable.  Los actores brindan a sus personajes personalidades sólidas a pesar de la escasez de diálogos y oportunidades convencionales para el lucimiento.  Esta parquedad en las palabras se vuelve fortaleza cuando vemos a Tom Hardy utilizar con maestría el gruñido, la mirada enloquecida, como técnicas de caracterización efectiva.  O cuando notamos un mundo de tristeza permanente en los ojos de la insuperable Charlize Theron.

Las películas viejas tenían intenciones subtextuales (por llamarles de una forma), pero no iban más allá de ser una ayuda para dejar claro el conflicto presente en esa versión del post-apocalipsis.  En la nueva se tocan a profundidad, sin miedo, los temas más pertinentes de la actualidad: la guerra, el fanatismo religioso, la desesperanza, la catástrofe ecológica global, sus variaciones y entrecruzamientos, De entre todos, el feminismo es el que más ha llamado la atención de los comentaristas. Una imagen: la esclava sexual de Immortan Joe patea con furia el cinturón de castidad que le acaban de quitar, dejándolo tirado en el desierto como un desperdicio más del viejo orden.  Ella, por su lado, parte a la aventura.  

Seguro que con una película de esa escala hay muchos niveles a tomar en cuenta, empezando por las carretadas de dinero que cuesta hacerla y las carretadas de dinero que esperan de vuelta los inversionistas.  Pero lo que distingue a “Mad Max: Fury Road” de entre el océano de intrascendencia que es el gran cine de acción contemporáneo, es que la intención artística se nota como la preocupación primordial.

Lo que quiero decir es que “Mad Max: Fury Road” es, antes que nada, una obra de arte.  Se trata de una pieza —de cine, en este caso— diseñada con extrema minuciosidad para causar un efecto en la conciencia de su audiencia.  

Ahora vuelvo al hipotético niño impoluto con el que elucubré al principio.  ¿Qué hará esta película con su mente? Yo sentí como si la mía estuviera siendo masticada por mandíbulas de acero y después fuera escupida como un pedazo de alambre podrido y enmarañado.  Todo el tiempo estuve tenso, con las manos sudando, embelesado con la ebullición de ideas flameando (a veces literalmente) frente a mis ojos.  Creo que el niño inmaculado no volvería a ver el cine sólo como un espectáculo complaciente.  Quizá se dé cuenta de que lo que ha visto hasta ahora no es más que eso y entienda el rango de alcances que tiene el cine como arte, tan enorme como el de la música, la poesía o la arquitectura.  De esta forma, me parece,  la mente del niño abarcaría por añadidura cosas por las que la parte más estúpida de la humanidad no da un peso o combate abiertamente: la igualdad entre todos (sobre todo entre géneros), el cuidado del ambiente, la estupidez que implica la religión, el horror evitable de la guerra. 

Creo que películas como ésta demuestran que el arte es el mejor uso  que se le puede dar a la locura.