domingo, 11 de marzo de 2007

La Raza Cósmica.


Para hablar de la obra que me ocupa es indispensable hablar también del espíritu de su autor.

Vasconcelos es uno de los principales basamentos de la institucionalidad mexicana. Sus contribuciones a la ciencia, al humanismo y a la divulgación del conocimiento en nuestro país son invaluables. Incluso su promoción al muralismo y al legado artístico mexicano le han valido el reconocimiento que se merece.

Sin embargo, hablar del texto que nos ocupa es menos deslumbrante que su trayectoria.

La obra me hizo descubrir algunos aspectos desconocidos de mi racialidad, pero los postulados que realiza Vasconcelos son, por lo menos, exagerados, racistas, maniqueos y parciales.

Obviamente para cualquier latinoamericano que lo lea, La Raza Cósmica será un texto de autodescubrimiento y autoensalzamiento ineludible pero también peligroso: ninguna raza, jamás, estará ni ha estado naturalmente selecta para estar por encima de otra. Ese pensamiento es una aberración imposible de aceptar incluso tratándose de la raza propia.

La belleza del texto es innegable pero sus ideas profundas son, fuera de la emoción que como latinoamericanos nos produce el leerlas, peligrosas, cortas y discutibles.

De cualquier forma es una lectura sumamente recomendable para descubrir el origen cierto de lo que somos y de lo que podríamos llegar a ser no sólo el continente sino toda la raza humana: una Universópolis.
Dixi.
La foto es de uno de los muchos muraes exteriores que adornan los edificios de la Universidad Nacional Autónoma de México, de la que fue fundador e ideólogo Vasconcelos.
AS: Nada.
Atte: Juan Ramón Velázquez Mora.

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