domingo, 13 de mayo de 2007

Fuegos Artificiales



Hace ya bastantes ayeres (unos dos años) que escribí un (dizque)poemita intentando echar por tierra todos los esfuerzos que hacían algunos de mis compañeros de la preparatoria por escribir versos horribles, clicheados, inútiles y todo lo demás que se pueda imaginar de malo en un escrito que intenta saciar a la poesía.


Hoy en día esa enfermedad se ha extendido a casi todos mis compañeros. Por desgracia mi carrera (Ciencias de la Comunicación) está verdaderamente REPLETA de artistas wanna be: desde intentos de actor/actriz (unos realmente decentes y otros dados a la jodida), pasando por intentos baratos de escritores hinchados en retórica fácil hasta cineastas y combinaciones de todos ésos. Imagínense.


Es por eso que creo justo postear el (dizque)poemita: porque las palabras que escribí lleno de rabia hace tiempo al ver las porquerías que escribían mis condiscípulos de la prepa, cobran todavía más vigencia en mí cuando observo que las porquerías que escriben mis compañeros de ahora se han pulido en lo formal -algunos ni eso- pero que en general son vanagloriados por todo mundo. Llámenlo envidia o como quieran, pero aquí dejo un manifiesto que es humilde e igual de gacho que lo que critico, pero que no intenta ser nada más que lo que es: un intento de versificación hecha por un adolescente con ínfulas de poeta.


Notarán que no es coincidencia la ligazón entre éste y un post anterior de ayer.



Las réplicas sin sentido, la ignorancia...
Son sólo aparentes fantasmas del verbo
que corren como putrefactas cañerías,
por un lado de los estruendosos ríos
de la unidad.



Las verdades esenciales son poemas
que encuetran su sentido al momento de la muerte,
que vuelan como flechas dentro de un tornado;
que bajan en forma de aves asesinadas
por la vida.



Las palabras fáciles, los artificios...
no son el agua, no son el fuego, no son la vida:
se encuentran fácil en las cosas comunes,
donde comparten su artificial esencia
con la nada.



Las tintas que sirven de vestido al verso
son aguas navegables para la magia del verbo
-el tintero es recipiente de la sangre
que surge de las muñecas rebanadas
del suicida.



As: Sergio El Bailador - Bronco.
Atte: Juan Ramón Velázquez Mora.

sábado, 12 de mayo de 2007

La Ciudad.



Durante mucho tiempo odié mi ciudad natal pero con todo el tiempo que he vivido aquí, me he dado cuenta de que la ciudad, como espacio esencial de la modernidad, es también entrañable y viva. Se defenesta a las ciudades por ser (supuestamente) frías, impersonales, patéticas, mecánicas, etc. La mía me parece una envoltura (a veces fina y a veces no tanto) para la expansión de la vida humana. Mientras más tiempo se pasa en ella, más se van ligando emociones e imágenes precisas a otros precisos espacios de la ciudad. La ciudad se vuelve parte orgánica del cuerpo humano, una especie de macroanatomía proyectiva.


Estos sentimientos hacia mi ciudad creo que se deben en gran parte a que yo todavía vivo en una CIUDAD como tal y no en un monstruo inabarcable. A lo mejor estoy metiéndome en cuestiones conceptuales acerca de qué es ciudad y qué no, empero, creo que la modernidad no es sinónimo de exceso. Las supermetrópolis que se desbordan hacia todas partes y hacia ninguna, las filas de casas iguales que ocultan el horizonte, los grandes rascacielos y las desigualdades socioeconómicos exageradas no son propias de ciudades entrañables como la mía sino de cánceres.


La foto es mía y la tomé con el primer rollo que tomé completo con mi réflex. Es una puerta de mi pedazo favorito de ciudad: la calle Madero.


Les dejo un poema delicioso y conocido de C.P. Kavafis:


LA CIUDAD.

"Dijiste 'Me iré a otra tierra, a otro mar.

Encontraré otra ciudad, mejor que ésta.

Todos mis esfuerzos son una condena del destino;

y mi corazón está -como un cadáver- enterrado.

Cómo podría permanecer mi mente en sta tierra baldía.

A donde vuelvo los ojos, dondequiera que me vire

veo las ruinas negras de mi vida aquí,

donde paso tantos años destruyendo y malgastando.'

No encontrarás nuevas tierras, no encontrarás otros mares.

La ciudad te seguirá. Vagarás por las mismas

calles. Y envejeceras en los mismos barrios:

y te volverás gris en las mismas casas.

Siempre llegarás a esta ciudad. No esperes otra -

No hay un barco para ti, ni hay camino.

Así como has destruido tu vida aquí

en esta pequeña esquina, la has arruinado en el mundo entero."

As: El Payador Perseguido - Atahualpa Yupanqui.

Atte: Juan Ramón Velázquez Mora.

Consejos De Camino.


Temes parecerte al alba

o a una camisa

y te he visto

en el camino

cuando tú no me ves

o no ves

que eres camino

porque no sabes agradecer

la copa temblorosa

que te ofrece

el arrebol

ajeno.


Si te buscan, evade siempre.

No mires. Sácate los ojos.

Musicaliza el don de la mirada

pero no te dejes ver.

No dejes que observen

tu correspondencia

absoluta

con todo lo demás.




La foto es mía y retrata el centro de medios de la universidad.


As: Desolation Road - Bob Dylan.


Atte: Juan Ramón Velázquez Mora.