sábado, 12 de mayo de 2007

La Ciudad.



Durante mucho tiempo odié mi ciudad natal pero con todo el tiempo que he vivido aquí, me he dado cuenta de que la ciudad, como espacio esencial de la modernidad, es también entrañable y viva. Se defenesta a las ciudades por ser (supuestamente) frías, impersonales, patéticas, mecánicas, etc. La mía me parece una envoltura (a veces fina y a veces no tanto) para la expansión de la vida humana. Mientras más tiempo se pasa en ella, más se van ligando emociones e imágenes precisas a otros precisos espacios de la ciudad. La ciudad se vuelve parte orgánica del cuerpo humano, una especie de macroanatomía proyectiva.


Estos sentimientos hacia mi ciudad creo que se deben en gran parte a que yo todavía vivo en una CIUDAD como tal y no en un monstruo inabarcable. A lo mejor estoy metiéndome en cuestiones conceptuales acerca de qué es ciudad y qué no, empero, creo que la modernidad no es sinónimo de exceso. Las supermetrópolis que se desbordan hacia todas partes y hacia ninguna, las filas de casas iguales que ocultan el horizonte, los grandes rascacielos y las desigualdades socioeconómicos exageradas no son propias de ciudades entrañables como la mía sino de cánceres.


La foto es mía y la tomé con el primer rollo que tomé completo con mi réflex. Es una puerta de mi pedazo favorito de ciudad: la calle Madero.


Les dejo un poema delicioso y conocido de C.P. Kavafis:


LA CIUDAD.

"Dijiste 'Me iré a otra tierra, a otro mar.

Encontraré otra ciudad, mejor que ésta.

Todos mis esfuerzos son una condena del destino;

y mi corazón está -como un cadáver- enterrado.

Cómo podría permanecer mi mente en sta tierra baldía.

A donde vuelvo los ojos, dondequiera que me vire

veo las ruinas negras de mi vida aquí,

donde paso tantos años destruyendo y malgastando.'

No encontrarás nuevas tierras, no encontrarás otros mares.

La ciudad te seguirá. Vagarás por las mismas

calles. Y envejeceras en los mismos barrios:

y te volverás gris en las mismas casas.

Siempre llegarás a esta ciudad. No esperes otra -

No hay un barco para ti, ni hay camino.

Así como has destruido tu vida aquí

en esta pequeña esquina, la has arruinado en el mundo entero."

As: El Payador Perseguido - Atahualpa Yupanqui.

Atte: Juan Ramón Velázquez Mora.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me parece que varios hemos odiado nuestra ciudad natal en algún momento, ya sea porque terminamos asqueados de la misma rutina todos los días o porque las horas pasan y pasan sin que se persiva el movimiento. Es interesante descubrir que llega un momento que le encontramos el lado amable y terminamos por acceder a que es ahí de donde provenimos, que no esta mal y que como en todo podría estar peor.