sábado, 29 de marzo de 2008

"(Y)" o Desvelos de Villahermosa.


Mentiría, mataría, mandaría todo a moverse fuera de mi vista si las cosas pudieran ser algo más danzantes de lo que me están embutiendo ahora mismo en las orejas. Y no es queja. Créeme: no soy alguien muy exigente, ni siquiera de "paladar refinado", pero es incómodo que las cosas le bailoteén a uno a las tres cincuenta y tres, que es la hora exacta en la que tú mismo o tus papas fuermen, o la hora de regresar a casa, o la hora de danzar hasta que las neuronas te escurran por las orejas o quizá cada hora del día tiene su propia finalidad. Así como el diez de mayo es el día del electrodoméstico de ocasión, el abrazo, el dinero rabioso, los poemarios, los festivales de primaria, las serenatas, los panchos (y los dandys, etc.), las rosas (pintadas de azul que son un motivo), las carnes asadas, los mariachis, las fotos con sonrisas de familia feliz-unida y de las madres... posiblemente cada minuto del día tiene un motivo específico para haber sido parido: tal vez las doce veintiseis es el minuto nacional (hay que hacer notar la extensión e importancia del minuto en cuestión) de imitar a Paquita La Del Barrio ("constancia de que también los próceres 'de barriada' tienen un lugar de honor en el panteón de celebraciones absurdas", diría algún open mind e intelectualalternativorompeesquemas) o las dieciocho horas con cuatro minutos es el minuto exacto internacional del orgullo transgénero de los hongos enterrados junto a los zapatos de un muerto ("¿Qué culpa tienen los fungis con capacidades diferentes de que a su anfitrión -malo, evidentemente- se le ocurriera morirse a media cena?" dirá un ombudsman improvisado). Ahora que, si nos ponemos radicales, puede ser que cada minuto de cada hora de cada día de cada mes de cada año tuviera su identidad y dignidad particulares. Lo mismo los segundos, etcétera. Aunque eso anularía las celebraciones absurdas aliteradas (como este escrito), que de tanto orgullo llenan a nuestra patria mexicana; y le quitaría razón de ser a todo esto, pues, y ¿Cómo alguien exigente y de "paladar refinado" podría haber gastado algunos minutos de su tiempo en leer lo que escribo a las cuatro horas con diez minutos del día sábado veintinueve de marzo del año dos mil ocho (minuto global de los "giros de tuerca" -yeah- y los textos autoconclusivos)? No, nunca.

As: Deep Blue Day - Brian Eno.

Atte: Juan Ramón Velàzquez Mora.

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