sábado, 26 de abril de 2008

De Cine I.



Nota preliminar: esto lo escribí hace más de un año para mi clase de Comunicación Escrita II. En realidad es parte de un ensayo sobre Pedro Infante y su aporte a la construcción de la identidad mexicana. Empecé hablando del cine y escribí mi "introducción" en una sentada. Así, de golpe y casi sin tachones. Lo abandoné porque el punto de todo era PEDRO INFANTE, no el cine. Lo incluí; de todos modos es parte del ensayo. Se notó mucho la divisón, parecían (eran) dos escritos distintos. Me gustó más lo que escribí al principio que lo de Pedro Infante y por eso está aquí. Todavía no sabía casi nada de teorías: puro divague pelado. El estilo es todavía más mamón del que tengo ahorita. Recomendación: no insultar mucho.

El cine es la representación última de la humanidad, la expresión artística más perfecta. Los pueblos y las culturas cambian siempre a la par de su arte y viceversa. También a la par de la expresión artística se ha humanizado la raza humana. La búsqueda del arte, desde la creación del lenguaje como arte basal y primigenio, ha buscado signar el entorno desde las perspectivas de las compleja vida social del hombre. Cuando el habla pasó a la escritura y a la plástica -tomando en cuenta los fenómenos más arcaicos hasta ahora descubiertos- la primera necesidad del ser humano fue el ritual mágico que implicaba el asombro de saberse capaz para representar su propia humanidad ante los semejantes y ante los dioses (que con los siglos se volvieron más imaginarios). El tiempo pasó y el arte hasta hoy en día sigue siendo representativo. Se podría argumentar que las vanguardias echaron por tierra la formalidad de la representación y es cierto: las formas representativas obvias cedieron ante una creciente abstracción conceptual pero en su fondo el objeto artístico nunca sufrió ni sufrirá la eliminación de su representatividad esencial. Las formas "fotográficas" son obsoletas pero el arte sin representación no es arte y no es un producto humano, cultural.

Si el desarrollo tecnológico ha mejorado alguna vez las formas del arte, sin duda el máximo ejemplo es la invención del cinematógrafo. El teatro había sido hasta entonces (junto con la poesía) la manera más directa de hallar representadas en el arte a las sociedades; también hasta entonces el teatro sufría de un anquilosamiento infranqueable que impedía observar el antiguo manantial de humanidad que alguna vez había emanado por boca de los actores. El cinematógrafo, su gramática y su capacidad de emular a la memoria, a la visión y a los más profundos carácteres de lo humano por medio de su canto ocular llegó a revolucionar y a enarbolar visiblemente el más alto sentido de plasticidad estética y de representación social. El cine creó un efecto hipnótico y sorprendente para todo el que se ve tocado por su palabra. Ante su espejo todos somos catecúmenos babeantes, todos somos narcisos ante la pantalla que, inexplicablemente, con poética firme, dura, nos refleja implacable o caricaturizadamente según el espíritu y habilidad del poeta celuloide.

Está un poco larguito, así que luego le sigo para que me lean los que me llen (si no ni ellos lo harán).

As: Evil - Interpol.

Atte: Juan Ramón Velázquez Mora.

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