lunes, 21 de diciembre de 2009

Gorriones.




En el trayecto en camión al centro sólo íbamos el chofer y yo. A la altura de Chedraui se subieron: un tipo que, a primera vista, pensé que trabajaba en la planta refresquera que está por ahí cerca... luego me di cuenta de que el color caqui de su ropa no era precisamente de fábrica. Aparte traía una bolsita negra de licorería (inconfundibles para mí) y casi se cae por tanto tambalearse al buscar asiento. Luego se subió un gordo con bermudas (raro con este frío) y una jaula con pájaros (raro con cualquier clima) . Este último le pregunto al chofer si lo podía dejar en la estación metropolitana. El chofer no entendió porque hablaba con timbre de Toño Fox, entonces el gordo se fue hasta adelante, a un lado del chofer, y le repitió todo sílaba por sílaba como si el pendejo fuera el conductor:
--Que-si-me-pue-de-de-jar-cer-ca-de-la-es-ta-ción-me-tro-po-li-ta-na-- le dijo gritando al chofer.

Éste le dijo que sí al gordo, que lo dejaba como a cinco cuadras (yo calculo que son menos. Quizá tres o cuatro).

Como al minuto de eso, empezó el gordo a gritar su gran anécdota: "¿Cómo ves? llega una señora y me pregunta que a cuánto los gorriones. A sesenta, seño. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta. ¿Los gorriones? Sí señito, a sesenta... ay no, yo ya me estaba desesperando. De plano digo ¿Pues qué la gente se escapa de San Pedro o qué?".

Se calló el fugado como por veinte segundos y se echó otra anécdota sobre los gorriones: "el otro día llega una señito y me dice: 'Oye gordito ¿a cuánto los gorriones?'". Para ese momento yo ya creía poder predecir qué seguía, pero le cambió el "gordito": "A sesenta, señito. Pero se lo dejo a cuarenta para que se lo lleve. 'Ay qué caro' ¿Cómo ves? de plano no sé lo que tiene la gente en la cabeza. A ochenta el par, señito. 'Ay no, qué caro. Oye gordito... ¿y sí son pajaritos?' No seño, son elefantes rosas con alas en miniatura".

En ese momento el borrachín de caqui, que se había sentado cerca de mí, peló los dientes y creo que los sonidos que hizo fueron de risa. "¿Cómo lo ves, chavo? Elefantes rosas en miniatura".

"Sí, elefantes, je, je, je" dije yo.

Atte: Juan Ramón.

1 comentario:

Paulo < y > (/), % (----------) dijo...

jajaja, es buenísimo compañero. Me pregunto si realmente ¿vendería gorriones ese wey o se los cogía?