jueves, 25 de marzo de 2010

Post desde las mac de la escuela: las tortas de dedo.

Al principio de los tiempos twitter no era tan popular como lo es ahora. En ese entonces el servidor de la universidad no bloqueaba a esa bonita red social. Como ahora es del diablo y nadie tiene permitido ver algo que sea del diablo en una escuela de inspiración cristiana, no puedo twittear mis estupideces. Lo que se me ocurrió, en cambio, es hacer algo inédito: un post desde las mac del centro de medios de la H. Universidad De La Salle Bajío. En esta ocasión les contaré una bonita anécdota sin chiste (como casi todo lo que cuento) acontecida hace casi exactamente tres años pero que todavía nos hace doblar de la risa cuando la recordamos.

En aquel entonces Jerónimo (el negro) vivía en unos departamentos en El Rosario y ahí se organizaban nuestros alcohólicos aquelarres. Tomábamos Padre Quino o California en vez de Tres Cañas o Tonayán. Nuestras tertulias se humedecían con cerveza en vez de alcohol de ficha roja. Hacíamos deporte: cada que teníamos un rato libre, especialmente después de terminadas las clases, jugábamos futbol en la cancha de básquet que está debajo de nuestra recién nombrada Facultad de Ciencias de la Comunicación y Mercadotecnia. Yo estaba flaco y El Muerto seguía vivo. Esa extraña utopía era entendible: estábamos en segundo semestre.

En una de nuestras consuetudinarias excursiones a aquel departamento en El Rosario (casi inaccesible a pie) se nos ocurrió pasar por unas tortas de carnitas a un establecimiento que estaba sobre el Blvd. Juan Alonso de Torres, en el rumbo de la Plaza Las Palmas. Creo (eso dice El Negro, que está a un lado mío) que siguen existiendo.

Como otro de los aspectos utópicos del ahora lejano 2007 era un iPod de ochenta gigas en mi posesión (y, como era juguete nuevo, mi vida se resumía en él), preferí no bajarme a acompañarlos por las tortas de carnitas. Me quedé escuchando canciones de Pedro Infante en el aparato de Apple mientras mis compañeros bajaban por los alimenticios enseres. Así que todo lo que les cuento es nomás de oídas risas repetidas a lo largo de tres años.

Se bajaron los compañeros del carro. Pidieron las tortas. Cuando estaban en eso el encargado, armado de impresionantes cuchillos, gorro blanco, delantal y bigote a la usanza de Gabino Barrera (en cuadro abultao) les espetaba frases intimidatorias:

-Noooooooo, jóvenes. ¡CÁLLATE LOS OJOS! [juro que dijo eso] Estas herramientas no son para cualquiera. Es muy peligroso tener estas herramientas como instrumentos de trabajos, edá- decía el pequeño empresario.

Seguía preparando las viandas. Machacaba carnitas, cortaba bolillos, preguntaba por los ingredientes requeridos. Un comportamiento normal en un taquero que se respete, pues.

-Nooooooooo, jóvenes. Esto no es para cualquiera. UN COMERCIANTE DEBE ESTAR EN TODO- fue la frase de advertencia que estaba dando cuando se cortó un dedo. Su intención era nada más cortar un inocente bolillo pero terminó agregándole salsa humana a nuestras tortas.

-¡Ay güey! A ver, tú- le dijo a su achichincle de cajón- encárgate de atender aquí a los jóvenes porque ya me rebané un dedo.

Salió disparado el comerciante (que debe estar en todo porque trabaja con peligrosísimas herramientas de trabajo: nunca lo olviden) a ponerse un curita de Hello Kitty o algo.

Al final, como siempre en aquel entonces, terminamos poniéndonos hasta la madre con vino tinto, jugando a las luchitas en un colchón y bailando canciones de Fidel Nadal.

As: El ruido característico de un salón de clases.

Atte: Juan Ramón.

También me encuentran aquí.

2 comentarios:

PashmiNa dijo...

jajajajajajja un curita de hello kitty, jajajaja ya me imaginé al pobre taquero cortando carne y con su curita jajajajajaa

Muy buena anécdota Juan Ramón, que pases una muy felices vacaciones!!

xD

Ilse Mariana dijo...

Esos tipines abundan por las esquinas.
Perfecto coctel de: macho superpodereso, comerciate reprimido y hombres de amplia experiencia.
Pero hay algo que no se pone en juicio, su comida con o sin sangre siempre está buena.