domingo, 18 de abril de 2010

Cuando el dique se truena (o la nostalgia de lo perdido y lo -no- recuperado). UD: el rescate.

Desperté ese martes y el ambiente era de fiesta masculina: botellas regadas por todo el piso, colchas sacadas quién sabe de dónde, ceniceros rebosantes y mis tres amigos jugando Guitar Hero a gritos.

Eso era sólo un escaneo rápido del ambiente.  Ya comenzaba a tener la certeza de que ese día tampoco iba a salvarse de mi carrera alcohólica cuando, antes de que pudiera decir yo algo, uno de mis compañeros me puso una lata de León frente a la cara y me dijo:

-Tenga su "chocomil".

Le respondí al buen compañero con la risa a medias que provoca la mezcla de cruda, desorientación y cantidades inmediatamente cancerígenas de cigarro.  Destapé la cerveza y me la fui tomando conforme el estómago me lo iba permitiendo.

Me fueron actualizando: el día anterior habíamos ahuyentado con nuestros insultos (cosas finas como "pinche bola de putos") a los morritos de primero que tranquilamente jugaban Jenga con la hermana del compañero que vive ahí con ella.

La última vez que me había tocado amanecer encobijado en el sofá de ese departamento mi pluma Lamy Safari había aparecido en un lugar opuesto al que yo me encontraba pero la vi inmediatamente al despertar y no me preocupé.  Esta vez ni yo la traía ni la vi por ningún lado.  Pensé que por ahí andaría.  No me preocupé en levantarme mientras no me acabara mi "chocomil".  Cuando así fue me levanté, me preparé una michelada y pregunté si no habían visto mi pluma.  Ya le había tomado mucho cariño aunque cuando la compré me gustó más la caja que ella.

Dijeron que se la había regalado a otro amigo.  Yo no cabía en mi desconcierto ni podía recordar nada.  Lo peor es que aun así me podía imaginar perfectamente tambaleando y balbuceándole al compañero que aceptara esa pluma, que se la daba con cariño y él, al final, aceptándola de mala gana para que ya me callara el hocico.  Ni modo.

Cuando nos terminamos las provisiones alcohólicas limpiamos como pudimos el chiquero que habíamos hecho y salimos por más cerveza.

Regresamos alegremente al departamento sólo para descubrir que no lo podíamos abrir.  Después de pensar en derribar la puerta y desechar esa solución tan idiota nos asomamos por la ventana y vimos que de alguna manera se había cerrado una chapa que sólo se acciona por dentro.

Debo decir que no somos spider man para "asomarnos por la ventana" de un departamento sin arneses:  éste en particular está en el sótano del edificio, debajo del nivel de la calle.  El área de la universidad es un cerro y, de hecho, es el único departamento que tiene patio (a desnivel también).  No es raro ver adefesios orográficos por esa zona.

Ideamos muchas maneras de entrar o abrir la cerradura, unas más pendejas que otras.  Los cuatro estábamos pegados a la ventana viendo cómo le íbamos a hacer para auto allanarnos.  Dio la casualidad de que un camión de mudanzas se estacionó ese día, en ese justo momento, en frente de la torre que queríamos forzar.  Imagínense la escena: cuatro tipos medio ebrios, cada uno con cara más malandra que el otro, asomándose a un edificio de estudiantes para ver como entrar, con el camión  ya esperándolos en la calle y el más exhibicionista de ellos gritando "MIRA GÜE, ESTE COMPA TIENE PLAY.  TÚ AGARRA LA TELE".

Al fin se nos ocurrió entrar por el tejabán del tinaco, que a lo mucho tiene un metro de ancho y está tapado con láminas de fibra de vidio clavadas.

El Concilio Jedi de Sabios Ancianos decidió que yo fuera el atracador.   Uno me hizo estribo con las manos mientras el otro abría las láminas para que cupiera.  Nos faltaron los antifaces de mapache y las camisas a rayas.  Lo que sí hubo fue foto, que espero pronto me pasen para opdeitear el post.

Terminé lleno de yeso.  Parecía como si me hubiera aventado de panza a un costal de cal.  Aparte, al caer al tinaco (no adentro, eso ya hubiera sido el colmo de la miseria... no olviden que todo esto era para seguir tomando) se me cayeron la Moleskine y el porta tarjetas con el pagobús y la credencial de la escuela que siempre cargo en el bolsillo izquierdo de la camisa.

Creo que las risas por lo absurdo de la situación duraron por lo menos cinco minutos.  Creo también que esa simplicidad cómplice en el humor se debe al hecho de que sabemos que muy pronto, cuando dejemos la Universidad, ya no podremos tener este tipo de anécdotas alcohólicas en lo absoluto.

Acabamos de reír y yo les dije:

-No mamen.  Esto lo tengo que postear ja, ja, ja.

As: When The Levee Breaks - Led Zeppelin.

Atte: Juan Ramón.

 También me encuentran AQUÍ.  Redes sociales en la barra de la derecha.

UPDATE: 
El lunes después de   que pasó lo que narré antes regresé a enfrentarme con el tinaco del mal.  Ahora sólo estábamos el amigo que vive en esa casa y yo.  No había tanto problema porque es suficientemente corpulento como para apoyarme solamente en él y aun así atracar con éxito su morada.  Tenía conciencia de que el rincón donde estaban mis cosas era estrecho pero jamás pensé que lo fuera TANTO.  A lo mucho había medio metro de movilidad.  Era imposible agacharse de cualquier manera.  Flexionando las piernas hacia los lados era lo más viable pero ni siquiera así podía llegar a sentir otra cosa con las manos que no fuera aire y pared.
Como pueden observar en la imagen: no era cosa sencilla.  Con lo gordo que estoy apenas cupe.


La solución fue utilizar mis pies.  Primero puse ambas cosas (la libreta y el tarjetero) con el lomo hacia arriba.  Son prácticamente del mismo tamaño pero la operación fue delicada.  Pensé que quizá así podría intentar estirar las manos para agarrarlas, pero no.  Lo único que lograba con tanta sacudida era deshilachar más con la pared la playera tejida que tenía puesta ese día.

Ya había empezado a sudar MUCHO.  Como si hubiera regresado de trotar o de jugar un juego completo de básquet.  Estaba comenzando a desesperarme.  No soy claustrofóbico pero creo que debe ser algo muy parecido a lo que sentí.

La última, desesperada, opción que se me vino a la mente fue preguntarle a mi amigo si tenía unas pinzas.  Sí tenía.  Lo mejor es que funcionó: primero rescaté la libreta.  Como pude, volví a ponerla "de pie", me agaché y las pinzas, apenas con la punta, lograron rescatarla.  Lo mismo con la tarjetera.  La tragedia en esto fue que desde hace mucho tiempo siempre traía una foto de cierta ex novia (que algún día se quejó de que nunca hablé de ella en este blog) que se cayó y no pudo ser rescatada.  Ni modo.  Soy de la creencia de que absolutamente todo en la vida tiene un lado negativo, por pequeño que sea.

As:  Hallowed Be Thy Name - Iron Maiden.  No pregunten por qué diablos estoy escuchando eso.

3 comentarios:

pIXIE dijo...

jeje mi vida!!, esos días son los mejores

Ja!, la verdad es que podrías seguir teniendo esas anecdotas aún saliendo de la Universidad, la cosa es que ya no estaría tan padre jactarse de eso.

Saluditos!!

Anónimo dijo...

jajajaja, lo mas importante, es que llegar a ese punto, el cuarteto habia tenido que pasar una serie de eventos desafortunados

Lola ^^ dijo...

jajajajajaja imaginate que se los hubiera ievado la policia x rateros!!