viernes, 16 de abril de 2010

Lo último del viaje (El mar, cocodrilos, tortugas, gafas y Villahermosa).

Al contrario de lo que había pensado, no fui al mar al día siguiente del anterior post.  Lo que hice fue ir, en la noche, al casino y perder cantidades estúpidas de dinero (para lo que acostumbro tener/manejar) porque son unos rateros.  Bueno no... en realidad es porque nunca he sido tan bueno para jugar con el azar a nada.  Ni a las mujeres, ni a la vida ni al black jack.

Como las cervezas eran gratis me puse medio high y al día siguiente no aguantaba todos esos horribles síntomas que quienes sean bebedores consuetudinarios compartirán conmigo en las mañanas: deshidratación, nausea, desorientación, escalofríos, etc.  No podía meterme nada a la boca por el asco pero todo terminó cuando fui al mar.  Al fin al mar.

En alguno de sus artículos para el Excelsior Jorge Ibargüengoitia proponía una especie de hipótesis evolutiva sobre la fascinación humana por el mar y el fuego: son remansos de la nostalgia del océano por donde empezó la vida y del trueno incendiando al árbol en tiempos ligeramente más adánicos que éstos.  Yo experimento en carne propia una fascinación de lo más cursi por el mar.  Sólo verlo me emociona irracionalmente.  Recurriendo a mis tiempos de oscurantismo mental diría que es porque soy piscis, pero ya todos saben que esas pendejadas me molestan mucho y mejor hagan de cuenta que no lo escribí.

Nadar en el mar en realidad no es una experiencia tan agradable para el común de la población como nadar en albercas.  Suele ser un bonito caldo de naco (disculpen lo mamón de la expresión), reggaetoneros con equipos de sonido increíbles (deberían prohibirles acercarse a un micrófono o a una bocina a menos de una milla), hieleras con tortas y cheve, asardinamiento (dícese de meter muchos en espacios reducidos como etc.), asamiento humano  y vaivenes randomizados más o menos salvajes.  Incluso hay a quién lo arrastran las olas y apenas vive para contarlo.  A mí me pasó una vez en Vallarta cuando fui en el 96.  Todos esos requisitos se cumplieron al pie de la letra y, sin embargo, me encantó volver a encontrarme con el caribe después de cuatro años.

 ***
De regreso a Villahermosa me dormí la mayor parte del camino.  Fue algo comprensible, pues me dormí a las cinco y media y salimos como a las ocho.  Mi cuello protestó por torcerlo de forma tan criminal durante tanto tiempo.  En Mérida volvimos a pasar por el restaurante naturista y pedí exactamente lo mismo: huevos rancheros.  Hubo unos embotellamientos increíbles en la carretera.  Nunca había experimentado una desesperación tan horrible en carretera.  Fue hacia la caseta de Isla aguada.
Ya en Villahermosa hice cosas que no suelo hacer cuando voy allá, como ir a visitar a Papillón.  Él es un bonito cocodrilo muy panzón que vive en el parque-museo de La Venta, pegado a la reja que da a un pedazo de la laguna de las ilusiones. Desde que el mismo día en que conocí a Puella (ya vuelve, mensa) coincidió con  mi última visita a Papillón le he agarrado cariño en ausencia al mórbidamente obeso animal y sus quelónicas amigas.

En la reja del estanque con mi pose de peligroso cristiano born again.
Más relajado.  Nótese que mi mamá se puso de puntitas y que el colado me ve con cara de espanto.


 Papillón y sus amigas estilo buscando a Wally.

Una más de cerca.  Click para ver más grande su barriga inmensa.


De regreso a la casa de mis tíos yo esperaba ver a los cocodrilos libres que a veces se están asoleando en el pedazo de laguna que queda pasando Paseo Tabasco.  Suelen ponerse, como las lagartijotas que son, encima de las fuentes del contaminado pedazo de agua.  Ya iba decepcionado de no haber visto a ninguno cuando, de buenas a primera, tuve a uno más cerca que nunca.  Mi tía le tuvo miedo pero yo seguí la actitud de unos chocos que tomaban cerveza ahí, como si nada, y le tomé una foto:
"Ji naamá te va da un bejito", nos decían los chocos.  ¿Quién es uno para limitar a una lagartijota asoleándose?

Se me hizo muy extraño ver una malla en un lado de la laguna donde antes no la había.  Le pregunté a mi tía si era para protegerse de los cocodrilos y me contó que era al revés: un día uno de ellos tuvo la mala idea de ir a dar un paseo por la colonia de ese lado de la laguna y unos borrachitos de la calle (¡compañeros de partido!) lo mataron, lo asaron y se lo comieron.

***
Otras dos extrañas cosas pasaron en otro día:

Mi tío, que es oftalmólgo, desde hace años me ha dicho que tengo una ligera hipermetropía.  Lo raro es que nunca me había recetado lentes... hasta ahora.  Como que leer y estar todo el día frente a la máquina lo hace a uno merecedor de verse más ñoño de lo que aparenta.  No problemo; los desmanes llegaron hasta a la hora de elegir lentes, pues a mí mamá no le gustaron los que a mí.  Me dijo, literalmente, que parecían de maestro de rancho.  Por eso, aparte de los de maestro de rancho, escogí otros más "cool" para cuando vaya al "antro" a jugar con mi radio, we.  No sé si preferiría ser maestro rural o chico cool: mejor me pego un escopetazo en la cara.  Mi versión MÁS nerd llegará a ustedes la semana que entra.

La otra fue ir al centro de Villahermosa, lugar que nunca frecuento cuando voy.  Está a unas cuadras del consultorio de mi tío y me gustó mucho.  El único inconveniente, que es el de Villahermosa entera y de toda esa zona del país, es que basta estar afuera por un lapso pequeño para sentir que el sol, la humedad y la deshidratación están conspirando contra la integridad física y mental del que los sufra.

Salí solo y lo paseé (y pasé) bien aun a pesar del calor.  Entré a la casa de los azulejos, que es un museo de historia de Tabasco.  Mi tía dice que ya había ido de chico pero eso no cuenta porque no me acuerdo de absolutamente nada.  Es un lugar chico pero con piezas muy interesantes que desgraciadamente están desprotegidas contra la maligna intervención de los visitantes y la ineptitud de los museógrafos con mala ortografía y gusto desmedido por la  historia oficial.  A un lado está una librería del Conaculta en donde me compré el "Papeles inesperados" de Cortázar.  Luego contaré qué tal está.

Parece como si estuviera predicando pero en realidad le estaba señalando a mi mamá a un mapache que rondaba por el estanque de Papillón.

As: Wild Horses - The Rolling Stones.

Atte: Juan Ramón.

También me pueden leer AQUÍ.

1 comentario:

pIXIE dijo...

jajaja tengo una maestra que habla cómo los "chocos", pero es de guanajuato.... no me preguntes por qué

jajaja awwww tus poses!!! mi vida!!

Saluditos!!