domingo, 30 de mayo de 2010

Mis escritores favoritos 1: Shakespeare.

Nota preliminar: este post continúa la reciente moda de hablar "en serio" en este blog.  La pura onda pretenciosa y mamonoide.  Aparte no va a ser el único: voy a hacer una serie sobre mis escritores favoritos; algo así como un panteón personal.  Ya saben a qué atenerse.

No soy muy adepto al teatro, aunque de niño me gustaba protagonizar obras escolares (pastorelas, por ejemplo) y organizar funciones de títeres.  Creo que era por pura fantochería.  Con el tiempo se me fue quitando el gusto.  Luego, cuando ya estaba en secundaria, cayó en mis manos una edición barata de Hamlet que no hizo que me volviera a gustar el teatro sino que me hizo tomarle el gusto a cosas más importantes como pensar (aunque no practique esa sana afición a menudo, como sabrán).  Sigo sin haber visto una sola puesta en escena de ninguna obra suya, pero tampoco creo que sea indispensable si uno sabe leer

.No me importa si Shakespeare era uno, muchos, otro o nadie.  Los ingleses, con su facilidad nacional para producir enigmas indescifrables, han producido un mito que tiene la misma cara de misterio que de perfección.  Tampoco me importa el hecho conocido de que la inmensa mayoría de lo que produjo Shakespeare son en realidad adaptaciones de argumentos ajenos, provistos por la historia o por otras fuentes.  Seguramente no contenían tanta sabiduría ni tanta perfección y conocimiento sobre la condición humana y lo que ésta significa que la frase más utilitaria del Mercader de Venecia.

Entre todas las virtudes que se le han atribuido a Shakespeare, para mí la más importante es la impresión común sobre la claridad con la que prácticamente todas las facetas importantes del alma humana se encuentran escritas (descritas) en sus obras.  Creo que ése es el punto: la experiencia de ser hombres y la claridad inabarcable con la que Shakespeare supo reflejarla en el arte.  Reflejar.  Por eso es fácil tomarle el gusto y prácticamente imposible deshacerse de él: sería como querer quitarle por decreto los espejos al mundo.

El único ser que despreciaba a Shakespeare del que yo haya tenido noticia se llamaba Henry Charles Bukowski pero ése era un viejo borracho, así que no cuenta.


Atte: Juan Ramón.

viernes, 28 de mayo de 2010

Alacranes.

Una vez en secundaria un profesor nos puso a exponer a cada alumno un municipio del estado.  Yo escogí San José Iturbide porque ahí vive mi papá, porque la hija del maestro ya había escogido Xichú (de donde es mi papá) y porque en ee entonces no sabía prácticamente nada de esta ciudad y menos de su municipio.  Eran los terribles tiempos de la enciclopedia Encarta.  Yo no llegaba ni a eso: hacía mis trabajos a máquina, exponía en hojas de rotafolio e "investigaba" en las enciclopedias de la casa, que todavía tienen entradas sobre Yugoslavia y Leningrado.  La solución para lograr exponer algo acerca de San José Iturbide fue ir con mi antiguo amigo Javier a la feria (era enero del 2003), entrar al Pabellón Guanajuato, buscar el stand del municipio y preguntar.

Fue un fracaso.  Lo único que había en los tres metros cuadrados del municipio de San José Iturbide eran unas artesanías de madera chuecas y su escudo enmarcado.  La tipa que atendía (que estaba atendiendo evidentemente había sido contratada para la ocasión y aparentaba saber más de cualquier cosa aparte de San José Iturbide) nos dijo  "¿Apoco no están padres las artesanías, chavos?" y ya.

Para no sentir que habíamos ido de oquis nos encaminamos al stand del CIO (Centro de Investigaciones en Óptica).  Duramos ahí más de una hora entreteniéndonos con las explicaciones que nos dio el solo y pobre nerd para que entendiéramos por qué los alacranes brillan con luz negra.  Resultó que no era de aquí el tipo; nomás estudiaba en el CIO.  La primera observación que nos hizo sobre la ciudad es que había muchos alacranes (otros forasteros me han dicho que hay muchos gays, etc.  Las primeras impresiones divergen).  Incluso nos contó que había ido a un congreso en Arizona y, en la plática, un gringo le dijo que ahí había muchos de esos animales, "perou nata comou en León, Mécsicou".

León es un gigantesco nido de alacranes.  Los locales estamos acostumbrados a lidiar con ellos con frecuencia.  Hay padres que cubren las patas de las cunas de sus hijos con frascos de Gerber para que no escalen las alimañas.  Hay costumbres inconscientes de precaución.  Las paredes tienen pintas de advertencia de la Cruz Roja acerca del "suero antialacránico", etc.

Mi abuelita decía que los alacranes habían llegado a León por los cueros que provenían de Durango.  Es una versión que escuché otras veces, todas en boca de ancianas.  Puede ser una teoría de viejitas como la de que Dios existe, pero no suena tan descabellada.  No sé si sea por eso ni me importa: así es y ya.

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Una de las anécdotas más vergonzosas que puedo contar ha tenido que ver con un alacrán.  Fue reciente.

Llegué a la casa y dejé la gabardina sobre la cama.  Como siempre, mi rutina me llevó a la P.C.  La prendí y tuíter, msn, etc.  Lo de siempre.  No recuerdo por qué tuve que regresar a mi cuarto.  Cuando prendí la luz lo primero que vi fue un ALACRÁN gigantesco encima de la gabardina que minutos antes había dejado aventada.  La gabardina es negra y el alacrán era güero, de los meros picosos.  La reacción normal de cualquiera (más siendo de un pozo de veneno como León) hubiera sido matar al agente mortal inmediatamente pero yo no soy alguien que se haya distinguido nunca por su sentido común.  Mi reacción fue correr de vuelta a la P.C, tuitear algo como "O Di0z ai n AlAkrN n m1 Km4" y, estúpidamente, esperar que el alacrán estuviera aguardando mi regreso para dejarse matar sin oponer resistencia.

Cuando volví y me di cuenta de mi pendejada me sobrecogió el pánico.  "Pinche animal, si serás pendejo" (me recriminé).  Luego, en mi habitual pensamiento irracional, deduje que la inteligencia superior del alacrán había decidido tomar venganza contra mi corto entendimiento en nombre de todos los seres con el mínimo instinto de supervivencia en el mundo y planeaba asesinarme cobardemente mientras dormía.

Sacudí todo lo que hubiera estado en contacto con la cama.  Desfundé las almohadas, volteé el colchón... Ese día me costó mucho trabajo dormir y, con mi vida como prueba, creo que el sabio concejo de ancianos alacranes decidió que no debería ser inmolado puesto que los pendejos como yo somos convenientes para la conservación de su pueblo.

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El último alacrán que maté corría mucho, era grande y se resistió a morir.  En recuerdo a su honor lo conservo en mi cómoda.

The south will rise again.

As: When I Got Troubles - Bob Dylan.

Atte: Juan Ramón.

miércoles, 26 de mayo de 2010

¿Por qué me gusta Lady Gaga? (Cuestión De Gustos).

 Cuando todavía no se pintaba el pelo güero.

Este post está inspirado por dos personas que me hicieron la misma observación.  La primera fue una amiga que se hartó de que me estuviera quejando de todo y diciendo "qué idiotez" cada medio minuto.  Le colmé la paciencia hasta que casi gritando me dijo "Bueno, tú que dices que todo es una idiotez y una pendejada... no puedo entender cómo te puede gustar algo tan idiota como Lady Gaga".  La segunda fue Elizabeth el día siguiente de lo que narro aquí.  Crudo y con un calor insoportable empezamos a hablar sobre el absurdo de la existencia y el sentido de la vida (en serio).  Dentro de la conversación se colaron los temas de la estética, el arte y la semiótica.  Me sentía culpable hablando de eso en un camión a las dos de la tarde pero las circunstancias adversas eran TAN extremas que relajé mi moral y no me importó.  En eso estábamos cuando me dijo algo más o menos así: "no entiendo cómo, si piensas de verdad todo eso, te pueden gustar cosas como Lady Gaga".

Es una discusión interminable que he tenido en igualmente interminables ocasiones y circunstancias.  La última vez estaba metido con pantalones y playera en una alberca discutiendo con unas compañeras sobre por qué era mejor la música de Strauss que la de La Arrolladora Banda El Limón.  Terminaron gritándome de cosas.

Mi visión hacia esto ha cambiado muchísimo de unos años para acá.  Recuerdo, por ejemplo, una vez en que se propuso el tema de discusión en el viejo foro (el actual es éste). Yo dije que el creer que existen tantos gustos y criterios como personas era una falacia; que había cánones universales (recuerdo haber utilizado esa expresión exacta) que definían rigurosamente qué estaba bien y qué estaba mal en cuanto a la estética.  Hoy ya no pienso así.

Creo que hay valores universales éticos y culturales que debemos atesorar como los más grandes alcances de la civilización humana y que no están sujetos a ninguna clase de relatividad:  la igualdad de géneros, el respeto a la dignidad humana, el pensamiento racional frente al mágico/religioso, etc...  Todas esas cosas que hoy se dan más o menos por sentadas han sido producto de una ardua labor a lo largo de muchos siglos y no podemos desecharlas apoyándonos en el relativismo cultural "postmoderno"; no nada más porque en ciertas culturasesté bien visto que los hombres violen a sus esposas sin ser castigados quiere decir que eso esté bien allá, ni aquí, ni en ningún lado, por muy "sus costumbres" que sean.  Sin embargo, creo también que los valores estéticos SÍ están sujetos al relativismo, siempre que no se afecten los derechos de terceros.

El arte es producto de una combinación de circunstancias del tipo más variado: época, sensibilidad, intención, evolución histórica, género, vanguardia... la enumeración sería interminable.  Un producto cultural es tan complejo como la sociedad dentro de la que es producida y las intenciones de su creador.  El objeto artístico es uno de los productos más extremos de la condición humana: somos arrojados a un mundo aparentemente caótico y absurdo al que dotamos de uno u otro sentido.  Tomar elementos del entorno, transformarlos y darles una intención simbólica, expresiva, es inherente al hecho de ser hombres.  Este acto se da acorde a las circunstancias, colectivas y personales, en las que se realiza.  Dadas estas premisas, ¿cómo establecer valores estéticos universales?. ¿Cánones?

Para tener gustos propios hay que elaborar criterios y éstos dependen de las circunstancias personales y colectivas.  Considero que es exactamente ahí donde radica el problema de los "cánones estéticos".  Cada uno de nosotros elaboramos los rigores con los que aceptamos o desechamos todo en el mundo, no sólo el arte, dependiendo de una cantidad astronómica de factores.

Pensemos por ejemplo en alguien  que vive en alguna comunidad alejada de la civilización moderna.  No creo que podamos llegar con un poema de T.S. Eliot y esperar que remueva el mismo resorte intelectual o emocional que le mueve a un especialista de Oxford.  La diferencia de entornos termina por imponerse.  Podemos llegar, en cambio, con cualquier otra cosa a la que el sujeto en cuestión esté habituado (una botella de Coca-Cola y una bolsa de Sabritas, que esos llegan a todos lados) y seguramente le encontrará más sabor.  Igual, aunque se viva aislado del mundo, si el sujeto tuviera un contacto nutrido con la información, los conocimientos que le hicieran comprender otras sensibilidades distintas a las que normalmente tendría acceso en unas circunstancias tan desfavorables, sus horizontes de sentido podrían ampliarse tanto como desee.

El derecho al conocimiento es elemental para desarrollar un gusto más amplio del que nos pudiera imponer la ignorancia.  Entre más conozcamos, de mejor manera podremos conducirnos en el mundo.  Todos los seres humanos tenemos el potencial para desarrollarnos de la manera que mejor nos convenga.  Estamos hechos (es un decir) así, para eso.  Por lo mismo, considero que no hay conocimiento "bueno" o conocimiento "malo"; tanto como no hay gustos buenos o malos.  Entre más se conozca es mejor.  Siempre.  Entre más amplios sean los criterios del gusto, mejor también. La diferencia (para volver al tema de los criterios) entre un individuo y otro es el uso que les demos y cómo los obtuvimos.  Cada quien se propone razones propias.

A mí, por ejemplo, los Beatles me gustan por razones muy distintas por las que gustan Los Tigres del Norte aunque sea capaz de disfrutarlos a ambos.  Tampoco me gusta Lady Gaga por las mismas razones por las que disfruto una sinfonía de Beethoven pero también soy capaz de disfrutarlos a los dos.  Incluso conozco gente a la que no le gusta Beethoven (ejem, ejem GENTE).  Prefiero un millón de veces escuchar cualquier canción de Chava Flores que una de Nirvana, dos millones de veces una de José Alfredo que una de Oasis y  cinco millones de veces una de Bronco que cualquiera de Bunbury.  Todos esos ejemplos en distintas dosis y matices: podría pasarme un día entero escuchando a Louis Armstrong sin quejarme pero no aguanto más de unas pocas hora de Banda o Norteño a todo volumen.  ¿Qué más?: cuestión de gustos.

Si es que siguen leyendo y para terminar esta perorata que no tenía intención de serlo: Lady Gaga me gusta porque tiene estilo y no se toma demasiado en serio.  El estilo es algo que les hace falta a muchos de los artistas industriales-mainstream (o de cualquier otro tipo, pero L. Gaga encaja con facilidad en esa etiqueta) que hoy en día podríamos intercambiar como estampitas repetidas.  Me gusta porque su música es pegajosa, con ganchos atractivos aunque estén basados en el puro ritmo bailable.  Me gusta porque canta bien, cosa que se agradece en los aciagos tiempos de Britney Spears y Katy Perry.  No canta "bien" como cantaría una gritona Cristina Aguilera (quien ahora imita a Lady Gaga, por cierto), no, sino de una forma personal y bien ejecutada.  Está respaldada por pares que la ayudan a desarrollar sus conceptos de diseño, elaboradamente chocantes.  ¡Es la intención! Puede que sea "idiota" como lo calificó mi amiga pero ella y los que la acompañan están conscientes de eso, de la vacuidad del pop industrial, y no andan por el mundo dándoselas de poetasartistasmuyacá o algo así.  ¡Ah! Y está bien buena (ya estoy hasta la madre de que me digan "PeRo zke tne Pit0" así que absténganse.  Gracias).  O quizá nomás me gusta porque soy contreras, como dice mi mamá.


As: Live With Me - The Rolling Stones.

Atte: Juan Ramón-

Especies: darquetos del centro.

Aviso: este post es un refrito del ahora abandonado blog comunitario donde antes ponía cosas de repente.  Ya ni siquiera yo lo recordaba.  Supongo que aparte de mí mismo a la hora de escribirlo nadie más lo leyó.  Se supone que era parte de una serie malvada para confirmar lo prejuicioso, etiquetante y horrible que puedo llegar a ser y que pienso retomar de aquí.  Basta de justificaciones.  Es un autoplagio y ya

Esta especie debe su nombre al hecho de que su hábitat natural es el centro de León, Gto. Suelen juntarse en el quiosco con guitarras a cantar canciones de Héroes del Silencio. Visten como mariachis: están llenos de estoperoles, cadenas y botonaduras que parecen haber salido de La Lagunilla. A veces llevan en la espalda un caparazón lustroso con forma de féretro y una cruz roja en él. Se peinan de formas raras. Hay algunos que tienen un problema de acné tan serio que utilizan su look para sentirse rudos y compensar su falta de confianza en sí mismos. Cuando no están en el quiosco cantando canciones de Bunbury están en los billares de los alrededores... poniendo a Bunbury en la rocola. Nunca van solos. Se visten tan ridículamente que prefieren sentirse acompañados por otros de su misma especie para lucir su plumaje con toda naturalidad sin que las miradas extrañadas los afecten. Gozan cuando la gente los mira feo. Cada vez que usted mire a uno con cara de "¿De qué manicomio se escapó este mamón?" un metro más de terciopelo negro será cortado en Parisina y un piercing más será ejecutado en algún local del Quiosco Hippie.

As: The Sound Of Silence - Simon And Garfunkel.

Atte: Juan Ramón.

martes, 25 de mayo de 2010

La fiesta de la foto.

El viernes pasado mis compañeros de generación se tomaron la foto oficial de graduados.  Se me hizo de un gusto terrible el atuendo de toga y birrete (armable, por cierto: todo se pegaba con velcro y les cobraban si querían aventarlos hacia arriba como en final de película barata.  Si fuera algo con simbolismo académico real no se me haría tan fantoche, pero no es así.  De todos modos, como dijo Voltaire o alguien: defenderé con mi vida el derecho de todos a vestirse de payasos aunque a mí no me guste.  Lo mejor de sus atuendos fue ver a personalidades distinguidas del valemadrismo y la vida de vicio ataviadas como juez de la suprema corte.

La entrada principal de la universidad ofrece un fondo, creo, lo suficientemente cursi para una foto de estas características pero si a las mismas mentes maestras de los birretes armables no les hubiera parecido lo suficientemente chic siempre habría quedado la opción de fotomontarse frente a la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo de París

Hacía un calor criminal, común en esta época del año.  No sé por qué demonios decidí ir vestido de riguroso negro hasta los calcetines pero sé, como consuelo, que los compañeros se sentían peor que yo con disfraces de Harry Potter encima.  Las mujeres incluso se fueron con tacón de pasarela (no sé por qué si la mayoría de sus piecitos no van a salir en la foto: un derecho reservado para las más chaparras).  Incluso los que estábamos ahí nomás de chismosos y esperando la anunciada borrachera ulterior terminamos con los pies deshechos porque el quilombo duró, sin exagerar, unas cuatro horas.

 Heme aquí, al centro, con dos de mis mejores amigos.  Uno de ellos vestido... pues así.

Insisto: todos, hasta los colados ronin como yo, terminamos muy hartos.  En cuanto pudimos nos alejamos de la universidad y nos encaminamos a la verdadera razón de la alegría: la embriaguez.  Destapamos las primeras caguamas de la noche en el departamento del tinaco asesino y luego fuimos a la sede oficial de la fiesta.  Yo fui por una garrafa del siempre fiel Tony (Tonayán.  Según su etiqueta: "Ingredientes: agua destilada, esencia de agave y alcohol etílico de calidad") porque lo que daban en la fiesta sabía a agua de tabique sin alcohol.

Había muchísima gente.  Personas que no acostumbran tomar estaban ahí, inexplicablemente.  Los que somos habituales procuramos tomar más de lo normal.  Un bacanal en forma.  Según yo era una fiesta como las que diario hay en esa ciudad dentro de la ciudad que es la zona de la universidad lasallista: llena de tipos eufóricos de toxinas y hormonas bailando y platicando/discutiendo estupideces (me enfrasqué en una pelea verbal sobre futbol, por ejemplo).  Aparte del número de invitados no creía ver nada que pudiera provocar la ira de nadie.

Esos eran mis gozosos pensamientos mientras platicaba de películas con unos amigos en la cocina hasta que todos comenzaron a entrar en bola y asustados.  Confusión general.  Entraron con las camisas o playeras tapándose la cara como si estuvieran en plena manifestación ateniense.  A los pocos minutos de ese éxodo masivo, los que habíamos estado exiliados todo el tiempo en la cocina, supimos que la noble policía leonesa había vuelto a hacer una de sus gracias.  Esta vez nos habían aventado latas de gas lacrimógeno como si fueran cazadores queriendo que un zorro saliera de su madriguera o como si nosotros fuéramos súbditos del Riot Dog.

Todo mundo empezó a toser como si estuvieran enfermos de enfisema terminal.  Los ojos llorosos estaban de moda.  Uno de los amigos con los que estaba en la cocina estaba casi igual o más ebrio que yo y nos burlamos de los escandalosos.  Pues claro: nosotros nos la habíamos pasado todo el tiempo en la cocina y no nos había tocado lo mero gacho.  Para terminar de acentuar nuestra mamonería alcohólica incluso prendimos unos delicados sin filtro.  Muy machines, según.

Después de un rato de desorden generalizado todos comenzamos a largarnos (fue ahí donde me di cuenta de que sí calaba el gas).  Acordamos regresar a la casa en donde habíamos destapado las primeras cervezas para seguir consumiendo sustancias enervantes.  Tardamos en irnos porque todo mundo se desperdigó y, como buenas personas que somos, nos preocupamos por los que no aparecían y no fuimos capaces de irnos hasta que los hallamos.

Ya de nuevo en calma y con más alcohol en las venas procuramos llegar a un consenso sobre lo que había pasado.  Sinceramente, incluso ahora que estoy rememorándolo, no sé exactamente por qué los policías llegaron a esos extremos.

Seguimos tomando no sé cuántas horas hasta que sólo quedábamos tres en el lugar y nos dormimos.  Había quedado con Elizabeth de ir la mañana siguiente a una marcha animalera en el centro, así que puse la alarma en el celular.  Me desperté antes de que sonara habiendo dormido unas inquietas tres horas, a lo mucho.  Lo primero que hice fue ir al refrigerador y tragarme una cerveza escarchada casi como reflejo automático.

As: You're Gonna Make Me Lonesome When You Go - Bob Dylan.

Atte: Juan Ramón.

Un año más.

Este blog, como producto personal, le rinde pleitesía al mismo amplísimo panteón de dioses profanos a los que yo idolatro.  Uno de los principales nació hace 69 años en Duluth, Minnesota; y se dedica a hacer música y poesía.  Ha revolucionado una y otra vez la música popular del siglo XX justo al ritmo en que él mismo revoluciona su manera de producir arte.  Ha pasado por tantas etapas que es difícil hablar de él como si fuera una única persona.  Esto lo hace estar y no estar al mismo tiempo: todos tenemos una vaga noción de que el tipo que compuso The Freewheelin' Bob Dylan es el mismo que compuso Blood on the Tracks pero igualmente sentimos que se trata de dos personas totalmente distintas a la que compuso el Highway 61 Revisited.  Ese don de la ubicuidad es una de las cosas que lo hacen tener una resonancia tan profunda como universal.  Aun cuando sus raíces musicales e ideológicas puedan rastrearse en espacios y momentos específicos de un país TAN determinado como EE. UU., esto sólo demuestra que las tradiciones hondas de las sociedades (incluso la estadounidense) varían sólo en forma porque, al final, muestran preocupaciones generales de la condición humana.

Su cumpleaños fue ayer pero sólo importa mencionarlo porque es un día fácil de recordar.  Estoy seguro de que la trascendencia de su música será mucho mayor de lo que ya es o de lo que podamos elucubrar en torno a su persona, las fechas, el tiempo y las palabras.  Siempre queda escuchar la música:






Atte: Juan Ramón Velázquez Mora.

jueves, 20 de mayo de 2010

Sobre Televisa y el derecho a la información.

Siempre están pasando cosas, eso es evidente.  Si son relevantes o no es cuestión de qué tanto nos salten a la vista por diversos factores.  Factores de relevancia les dicen.  Están delimitados por muchos señores y señoras que escriben (sobre) periodismo: vayan a la biblioteca más cercana y saquen cualquier manual sobre el tema.  Fuera de eso, creo que, por ejemplo, las noticias del ámbito político tienen relevancia porque las decisiones de un puñado de personas interfieren directamente en el modo de vida de muchísimas otras.  Es un criterio de relevancia prácticamente cuantitativo.  Quizá a nadie le importaría que a don Anastasio Uzcanga Ramírez le gusten mucho las actuaciones de Chabelo junto al Tío Gamboín, el viril oficio periodístico de Pepillo Origel o la deslumbrante belleza natural de Lucía Méndez; la cosa cambia cuando el personaje en cuestión no se llama Anastasio Uzcanga sino Juan Manuel Olíva Ramírez y gasta a lo loco en hacer una pachanga estilo Hollywood (con alfombra roja y todo, aunque usted no lo crea) en la Ciudad de México para "darle comienzo" a los festejos del bicentenario en Guanajuato y nombra como embajadores del estado a los mentados Chabelo, Lucía Méndez y Pepillo Origel (a este último, por cierto, le dieron las llaves de la ciudad en enero).

Pues lo mismo pasa cuando desaparece una figura política de alta importancia para la vida política de México como si se tratara de un activista social  o un militante de la guerrilla de Lucio Cabañas.  Es relevante, queremos ser informados al respecto.  No se trata de Don Agustín Fernández Solís, el viejito de la tienda de la esquina que corre a gritos a los "chamacos cabrones" cuando ya no tienen cambio para las maquinitas, trae una bolsa de meados colgando en un costado y fuma como reo, no: se trata de Diego Fernández de Cevallos, con todas las credenciales y medallitas que le conocemos.

Televisa decidió por medio de los portavoces oficiales del gobierno federal titulares de sus noticieros más atendidos que no informarán más sobre el caso.  Aducen respeto por la vida y sigilo para no interferir en las investigaciones hasta que se resuelva el caso.


Hemos estado acostumbrados a que las grandes empresas de medios de comunicación, especialmente las televisoras, traten casos similares (de mayor o menor relevancia pero similares al fin, con injerencia directa sobre vidas humanas e investigaciones criminales) como si fueran un episodio de las Kardashians o el nuevo reality con viejasbuenas/güeyesmamados que transmitan en MTV a la hora que vuestra merced sintonice el canal.

Podría mencionar joyas recientes del pudor informativo mexicano en las televisoras, como las tragedias producidas por terremotos, ídolos paraguayos con ojivas balísticas en la cabeza, niñas con capacidades diferentes encolchonadas, el niño Martí o la hija de Nelson Vargas.  Son todos casos similares que recordamos y para los que Televisa no mostró la mínima vergüenza y hasta ayudó a organizar aquellas farolísimas marchas para que las hijas del Tec se pasearan con sus recién comprados pantalones de algodón egipcio, pero prefiero recordar como ejemplo un caso más lejano: el mochaorejas.

Era tan extensiva, gore y alarmista la cobertura que Televisa (en ese tiempo mi abuelita se enojaba si le cambiaba "del dos", así que no sé si en las otras cadenas era igual) hizo del CASO DANIEL ARIZMENDI (A) "EL MOCHAOREEEEJAAAAAAS" que yo, con apenas ocho o nueve años, siendo un ferviente observante de la religión cristiana católica, apostólica y romana, me hice la costumbre de persignarme cada vez que abría la puerta de la casa.  Tenía un auténtico PAVOR IRRACIONAL a que el mochaorejas anduviera tras de mis diminutos pasos para secuestrarme, hágame usted el favor.  Por cierto: es la única superstición que conservo.  Me han dicho hipócrita por ello pero me vale.  Ya es una manía personal, como tantas otras, signarme antes de abrir la puerta de una casa.  Con la cobertura realizada con los otros casos mencionados más arriba no dudo ni un poco que haya muchos más niños comenzando a rezar antes de mover un dedo para salir de la casa.

El derecho a la información es un tema muy delicado y de trascendencia tan profunda como poco valorada.  Es una parte esencial para la formación de sociedades maduras y de sistemas políticos competentes con ciudadanos que sean capaces de regularlos para su propio beneficio (WÓRALEE).  Para empezar, y no es poca cosa.

Televisa, como empresa dedicada específicamente a lucrar con medios de comunicación masivos (con información, al final) tiene, teóricamente, la obligación de informar con veracidad, oportunidad, objetividad (discusión bizantina donde las haya, mejor no le piquemos a esa palabra), etc.  sobre hechos de relevancia noticiosa.  Esta responsabilidad no es, por supuesto, exclusiva de Televisa sino de, insisto, cualquier empresa de medios a la escala que sea.

La empresa en cuestión nunca ha realmente llevado a la práctica nada de eso.  Constantemente se ha ocupado de desmerecer el derecho a la información (y hasta a un entretenimiento ligeramente más higiénico para el pensamiento que cosas como Muévete u Otro Rollo, agregaría yo; pero gustos son gustos) que tenemos todos.  De una manera o de otra, así ha sido históricamente Televisa.  Es decir: no es una sorpresa.  Lo que me indigna de este caso en particular es que ahora, hipócrita y desveladamente, se asumen con tanta autosuficiencia y valemadrismo hacia todo lo que no sean ellos, que directamente se ponen en posición de falsa cautela hacia un seguimiento de noticia que nos interesa a todos.  Suena fuerte, pero se trata de VIOLAR (con carta institucional y todo de por medio) nuestro derecho a la información de la manera más obvia posible, sin las sutilezas de antaño.  ¿No?

As: El Trenecito - Tata Gervasio y el Conjunto Atardecer.

Atte: Juan Ramón.

Reality Check.

-Me di de baja de la escuela.  Si no lo hacía los lasallistas malos me iban a correr definitivamente y aunque quisiera ya no iba a poder regresar, así que me di de baja temporal.  La razón para correrme era "abandono de hogar" o algo así.  El punto es que no iba porque, sinceramente, prefería tener correrías alcohólicas divertidas en vez de estar aguantando a esa bola de imbéciles (no todos, eso hay que aclararlo con mucho ahínco) que llaman profesores y a esas calamidades mata espíritus que llaman clases en la ahora FACULTAD de Comunicación y Mercadotecnia de la Universidad De La Salle Bajío.

-Por ende, he tenido más problemas internos de los que solía tener.  Siento culpa por no haber ido a buscar trabajo y esas cosas que, de todos modos, no pienso hacer.  Voy a volver al siguiente semestre para cursar las materias que debo de séptimo semestre (las más odiosas: Publicidad, Desarrollo Organizacional y Desarrollo de Negocios I).  El octavo lo voy a cursar como si jamás hubiera pasado por ahí.  Todo mi organismo clama por evitar ese suplicio, pero al parecer no hay de otra por ahora.  Nunca he trabajado, no sé ni siquiera cómo uno busca trabajo.  Cualquier ayuda se agradece.

-Soy un huevón y un pasivo que tiene poca comparación con la práctica mayoría de seres humanos con los que he tenido la dicha de convivir.  Escribir en el blog me causa cierto placer, aunque lo haga mal, pero es difícil que me decida a hacerlo.  Soy como un coco hueco, o así me siento.

-Ahora que no estoy haciendo nada intentaré atildar por eternamente enésima ocasión mi ritmo aquí.  Gracias.

As: Country Boy - Johnny Cash.

Atte: Juan Ramón.