jueves, 29 de julio de 2010

Rock And Roll, Baby!!!! Freedom Of Speech!!!! (this is America, dude! Learn the rules!)

That guy rules!!!

Cierto día de finales de enero/principios de febrero del año 2010 un compañero me invitó a la presentación de un libro.  No me dijo sobre qué trataba pero como un maestro admirado iba a hablar supuse que era interesante.

El libro y la presentación fueron sobre promotores culturales.  Después del quilombo en la bibliotecota nos invitaron a asistir a un "brindis" en el centro de promotoría cultural que tiene una de los que expusieron ese día.  Se llama "Cacahuate" y está en la calle República, en la zona centro.  No soy muy afín al ambiente COOLtural, pero en mi mente "brindis" no significa otra cosa más que "alcohol" y eso es suficiente.

Sí hubo alcohol: como dos botellas de VINO BLANCO servidas en vasitos.  Por suerte traía dinero y ajusté para dos doces de Indio.

***

Desde que me enteré de que existía algo llamado "antiFIAC" (para los que no sean de León: FIAC = Festival Internacional de Arte Contemporáneo, que se está llevando a cabo ahorita) me llamó la atención el prefijo.  ¿Por qué "anti? ¿De dónde esa necesidad de verse rudos o qué se yo? ¿No hubiera sido mejor "contra", para el caso? ¿De dónde el afán de destrucción?

Podría decir que de cierta forma ideológica estoy de acuerdo con lo que plantean.  Para empezar, el FIAC es un refugio de esnobs terribles.  Después: el país, y especialmente esta ciudad, tienen un desprecio por la cultura que se demuestra en todos los ámbitos, no únicamente en los destinados por la burocracia para resolver los problemas del arte.  No existe siquiera una secretaría gubernamental destinada a la cultura.  A nivel federal y a nivel local son "institutos".  Los panistas de ultraderecha que gobiernan este estado y el municipio desprecian a los creativos locales al mismo tiempo que se llenan la boca con festivales como el FIAC (o, peor en cierto modo, el Cervantino).  Desde el estado no hay espacios ni apoyo ni recursos de ningún tipo que sean suficientes para desahogar las inquietudes estéticas, culturales, de los ciudadanos.  ¡Y es que es un deber estatal ofrecer espacios, tiempos, etc. adecuados para eso! No resolver nada: eso ya es cuestión de cada quién, pero sí deberían poner al alcance de las manos los instrumentos adecuados para ese fin.  De ahí surge la amplia proliferación de los esfuerzos independientes de promotoría cultural, como Cacahuate u otros, que pululan por León.

¿Qué ofrecen los "artistas locales de talla internacional", como pedantemente los autodenamina el cartel? Pintar pollos de colores y tipos pegándole a botes de manteca, entre otras cosas.

Tengo una tendencia nociva al sermón, pero creo que en este caso es necesario apuntar que en el arte (quizá ESPECIALMENTE en el arte) nunca hay que perder de vista el rigor.  No soy autoritario ni nada parecido... pero hay una discriminación que es necesaria en estos casos.  No puedo, a nivel personal, aceptar que la escena artística-cultural de esta ciudad esté dominada por una pandilla de onanistas endogámicos que lo único que quieren es verse el ombligo diciéndose a sí mismos lo grandes que son. No.

Ya ni siquiera se trata del chairismo habitual.  Se trata más de fantochería barata.  De ver quién hace lo más "locohón", lo más "fumado".  De ver quién habla más recio y más alto; quién grita más lo "artista" que es.

***

Intencionalmente quería dejar fuera a Kareve de este post porque ya se está volviendo cansina la referencia, pero es inevitable.  Ella está más relacionada, supongo que especialmente por lo jesuita y por su carrera, con el ambiente COOLtural de la ciudad.  Los tiene que soportar cotidianamente.

La convocaron a escribir un microcuento para el antiFIAC y ella respondió más o menos así:

"y cuando despertó, los pseudo intelectuales leoneses se habían convertido en cacahuates" (no decía exactamente eso, pero es el concepto).

Me invitó a que la acompañara a la lectura que hicieron de todos los microcuentos y eso hicimos: llegamos directito al templo de la vanidad.

No aguantamos demasiado dentro del claustrofóbico salón en donde se estaba llevando a cabo la lectura, así que escuchamos sus cuentos (los de ella, que fueron de los últimos) desde afuerita.

Yo esperaba que, como hicieron con la mayoría de los otros microcuentos (que eran mayor, aunque no totalmente, una porquería), se rieran y hasta aplaudieran, demostrando una vez más cómo saben soslayar las críticas con una habilidad digna del jabón de olor más resbaloso.

No les gustó nada, como era obvio desde el principio; pero lo interesante iba a ser la reacción.  Para mi sorpresa, muy pocos se rieron y nadie aplaudió. Creo que los respeto un poco por eso: por lo menos so honestos consigo mismos, que, al fin al cabo, son lo único que les interesa de verdad.


As: Heroin - The Velvet Underground.

Atte: Juan Ramón.

lunes, 26 de julio de 2010

Sobre mis cosas y mi cuarto (a máquina).

Nota preliminar: esta cosa la escribí a máquina en el periodo en el que la PC se crackeó: es decir a partir del 31 de diciembre (qué gran fail ¿no?) hasta marzo o algo así.  Lo que cuenta sucedió a principios de enero de este año.



No sé si corresponda a algún asunto psicólogico sin resolver o si sea  una vulgar manía: me encanta acumular cosas.  Me gusta mucho trabajo tirar papeles de todo tipo.  Circulares de la prepa, exámenes, boletos... todo guardo.  Todo tiene algún espacio en mi cuarto.  No conozco (personalmente) a nadie más con tantas cosas acumuladas.  Quizá haber escuchado a Pepe Frank cantando "Don Memorio Platicón" durante muchas tardes de infancia pudo haber influido de mala manera en mi subdesarrollada psique.

Nadie en mi familia puede entender por qué hago eso.  Seguramente ellos también guaran muchos recuerdos físicos, pero dudo que lo hagan con el nivel de obsesión que yo practico.  Debido a ese gusto por la acumulación mi cuarto parece zona de guerra la mayor parte del tiempo. Lo he ordenado muy pocas veces pero cuando lo he hecho he tirado pocas cosas: sólo lo que de verdad me parece desecho termina en el relleno sanitario.

Aunque parezca difícil de creer cuando el cuarto está desordenado, yo sé dónde tengo cada cosa.  Una vez, por ejemplo, guié por teléfono a un primo que me pedía la calculadora científica.  En el aparente caos jamás iba a ser capaz de encontrarla por sí mismo, pero conozco tan bien dónde tengo las cosas que pude guiarlo a distancia.

Es por eso que pocas cosas me encabronan tanto como cuando ajenos limpian mi cuarto.  Puede que lo dejen muy "ordenadito" y "limpiecito" (siempre en diminutivo), mira qué diferencia o lo que sea; pero es SU orden, no el mío.  Cuando ordeno mis libros, por ejemplo, suelo ordenarlos con extrañas asociaciones mentales que nada más yo entiendo.  Sólo yo sé dónde está cada uno y por qué.  Si alguien más los ordena, tan simple como que me cuesta un huevo hallar lo que quiero.  Pero no pasa nada más con los libros, ni mucho menos: aparte de ordenar a su gusto, también quieren tirar cosas que para ellos son basura pero que para mí son pedazos de memoria insustituibles.  De seguro nunca han tenido serenas descargas de alegría al encontrar un papel que ya casi habían olvidado, una carta de alguna ex novia que les hizo reír, un recorte de periódico que detonó una vivencia extraña, etc...  Creo que es por ese tipo de nostalgia sentimentaloide que, en última instancia, me gusta guardar las cosas y tener mi cuarto hecho una maraña de todo.  A veces quiero encontrar algo específico y en el camino me encuentro con muchísimas cosas más.  Un modesto recadito sin firma, de los que tanto joden a los maestros, me puede traer muy vívidamente a la memoria las preocupaciones que tenía cuando lo escribí, las cosas que me gustaban...  Soliloquio típico de un momento así: "Híjole, no mames ¿te acuerdas de cuando le dije a ____ que me le iba a volver a declarar porque me reclamaba que ya no era tan romántico como antes? ¿O cuando la maestra de Administración nos dio a todos una hoja con 'reflexiones' cursis el último día de clases de la prepa?"  Esa pinche libreta fea en la que todos me escribieron cosas ese día.  Las cartas hecha en chinga que nunca entregué...


***

Antier en la noche no podía dormir y se me ocurrió revisar los rincones de mis libreros, cajones, etc. para ver si me daba sueño.  Me encontré con un montón de cosas que ya había dado por perdidas o, más grave todavía, que ni siquiera recordaba.  Hasta "poemas" (de la oscura época en la que escribía versos) me encontré; la carta de una amiga que ya me olvidó; una carta sin firma con palabras elogiosas; un papel de la prepa que me recordó mi matrícula de La Salle Américas (51482)...  Sé que fuera del sentido que yo les doy son un montón de papeles sin chiste, pura basura.

Ayer una prima vino a limpiar la casa.  Cuando alguien viene a hacerlo me quedo en el cuarto hasta que se largue quien sea que venga a limpiar en esa época determinada.  Así les da pena entrar y mis cosas se salvan de ser movidas o tiradas.  Esta vez, sin embargo, mi mamá estaba en la casa y ella misma ordenó que se metiera estuviera yo o no.  Y así fue: se metió mi prima al cuarto y yo, indignado, preferí salirme.  Me largué a ver televisión.  En una salida al baño noté que mi prima ya tenía el piso de afuera de mi cuarto tapizado de papeles con bolsas de basura a un lado.  Unos días antes yo había tirado al bote de basura ALGUNAS cosas y no me había costado trabajo deshacerme de ellas.  El problema es que mi prima tenía ahí, listos para desecharse, los papeles que apenas la noche anterior habían hecho que me fuera a dormir inflamado de memoria.  Eso no lo toleré.  Le dije que SÓLO tirara lo que estaba en el bote.  Nada más.  "¿Nomás eso? ¡Pero toda esta basura!"  Le respondí, literal y encabronadamente, que para ella era basura pero para mí no.  Que si quería luego yo la ordenaba, pero que no se le ocurriera tirarme nada.  Media hora después la vi salir con unos costalones llenos de papeles de mi cuarto a la calle.  Seguro me tiró un montón de cosas que, como no las tenía "en orden" (lo que sea que eso signifique para los demás), eran "basura" inservible para ella.

Mi cuarto quedó terrible, destrozado.  Para los ajenos será un cuarto en la categoría "mira qué diferencia", pero para mí es un desastre.  Tardé, por poner un ejemplo, una hora entera en hallar una pluma.  Obvio ejemplos de otras cosas que, por desesperación, de plano mejor dejé de buscar.

***

Epílogo actualizado:


En las últimas semanas hice la mayor reestructuración de cuarto desde que una vez, hace unos seis años o más, traté de organizar mis papeles, que en ese entonces eran muchos menos, en folders rosas.

Todo comenzó porque, más o menos a las cinco de la mañana, me di cuenta de que tenía un libro al que no le había borrado el precio.  Me levanté a buscar una goma en mi escritorio.  El desorden era tal que no pude encontrar UNA MÍSERA GOMA.  Después de ir a otro cuarto por una me decidí a ordenar el escritorio... pero la goma fue el núcleo de una bola de nieve obsesivo-compulsiva que me orilló a tirar la mayor parte de los papeles que poblaban el cuarto.

Tiré también las libretas escolares: acumuladas desde la primaria y sin importancia real para mí, ocupaban mucho espacio.  Los papeles que de verdad me importan (por razones, en su mayoría, tan sentimentales como siempre, pero que me importan más que el examen de alguna maestra imbécil de preparatoria o un flyer de antro del 2007) están en una pila de folders en el escritorio.  Las revistas y los libros aprovecharon con gusto el espacio libre en los libreros y ahí están ya, ordenados (as).

Engargolados, apuntes de cosas que me importan un rábano como "foto digital", exámenes a mansalva (¡algunos ni siquiera eran míos!), "trabajos" de esos que les gusta dejar a los maestros para torturarlo a uno y que después deberían terminar inmediatamente en el bote de la basura (siempre llego tarde a ese tipo de cosas académicas)...  Rotos y adiós.

Salieron cuatro bolsas de basura gigantes.

Fue un esfuerzo bíblico decidirme a hacer algo así, aunque fuera en el trance en el que sucedió todo: comencé de madrugada y terminé 12 horas después, sin descanso.  Pero supongo que  iba a terminar haciéndolo sooner or later.  Y mejor de una buena vez. 
Eso sí: no creo que llegue el día en que soporte que nadie me cambie nada de lugar.  Y lo siguen haciendo, semana a semana.

As: Orange Blossom Special - Johnny Cash.

Atte: Juan Ramón.

sábado, 24 de julio de 2010

A falta de cámara... (y con cámara a partir del update del 5/8/10)

"No se puede ser sabio y estar enamorado al mismo tiempo." Bob Dylan.

Estaba esperando a Kareve en el parque que está por la Avenida Panorama, sobre el Campestre.  Me senté en una banca.  Cuando bajé la mirada me di cuenta de que en el concreto del asiento estaba escrita con corrector una dedicatoria amorosa de sinceridad envidiable. Me autocompadecí por no tener una cámara, pero recordé que antes de todas esas cosas está la escritura para reproducir lo que uno ve.

Paso a transcribir de forma ABSOLUTAMENTE ÍNTEGRA, LITERAL (acentos, mayúsculas, separaciones, espacios y minúsculas incluidas), el cuerpo principal del texto.  Y digo principal porque lo que sigue estaba encerrado en un círculo y lo circundaban, por ejemplo, un corazón que dentro decía "TEO Y ROSI" y varios "FOREVER" con flechas:

"Para: mi niña bonita                                                       29/Junio/2010
DE: Teo.
TE QUIERO
MUchisisisisiMO
gracias x estar
con migo mi Rosita Fresita.
tú Heres la Estrella que
alumbras mi camino pues
la verdad tú le das Sentido
a mí vida, sin tus besos
no podria vivir.  le doy gracias
a dios y ala vida por haverte
puesto en mi camino, durante
Este tiempo que has estado con migo
me he dado cuenta que heres la 
persona  ala que le quiero entregar
mi amor, te prometo que te are
muy, muy, muy FELIZ

TE QUIERO
MUCHO
MI AMOR

A.T.T.
TEO.
 "

Lo primero que pensé es que los enamorados se habían escapado furtivamente del opresivo ambiente escolar en el que estaban para ir a la arboleda y demostrarse afecto en forma de sutiles caricias (o sea que se echaron la pinta para ir a fajar al parque).  Entonces a Teo se le ocurrió dejar constancia escrita de ese importante hecho.  Kareve me confirmó que ahí cerca está una secundaria.  Ella le calculó a Teo una edad de trece años.  Es la edad en la que uno se enamora tan puramente como para escribir algo así.  Luego uno crece y se da cuenta de que las cosas no funcionan de esa manera.  Pero pienso yo que enamorarse, aun siendo un viejillo, siempre es causa de gran alegría, incluso (o hasta especialmente) si no se es correspondido.  También pienso que escribir como un mandril con retraso mental severo (este güey, este otro y yo conocemos a alguien que se ajusta muy bien a esa descripción), por más sincero que uno quiera ser, no tiene perdón a los trece.  Mucho menos después.

As: Moonlight Mile - The Rolling Stones.

Atte: Juan Ramón.

Update (aunque no sé si sea necesario) :

Por si no me la creían.  Amable cortesía de Kareve.

Digresiones ininteligibles (y medio en serio, medio no) sobre el azar.

 "[...] el azar teje sus mallas con las hebras más diversas." Julio Cortázar.

El azar no es sólo una característica más del mundo que impide que lo tengamos seguramente aferrado a las manos; un elemento más del caos o un siervo de la entropía.  No es una fuerza externa, un fantasma que lo domina todo: el azar es también producto de potencias y voluntades humanas.  Nada de esas mamadas motivacionales para señora menopáusica (o adolescente manipulable) de "el universo entero conspira", etc.  No.  Por lo menos en lo que se refiere a la infinitamente compleja red de las relaciones entre los hombres, el azar responde a deseos, potencias y acciones instalados en lo más hondo de lo humano.  No es una consciencia superior o "cósmica" (como si el cosmos tuviera consciencia de sí mismo o hubiera un creador detrás de él) que de repente tiene ganas de abrir resquicios luminosos entre el cemento gris de las ciudades.  Somos nosotros mismos, todos, como suma incomprensible de voluntades, los que provocamos esas grietas afortunadas.  Y aunque por sí mismas no tengan sentido y nosotros seamos los que se lo damos, nunca hay que permitir que nos dejen de asombrar hasta el grado de recordar otra vez, con mucho gusto, que el mundo (y cada quién) es (somos) inaccesible (s).

As: Lady Stardust - David Bowie.

Atte: Juan Ramón.

sábado, 17 de julio de 2010

Sobre los cohetes (a máquina).

Nota preliminar: esta cosa la escribí a máquina en el periodo en el que la PC se crackeó: es decir a partir del 31 de diciembre (qué gran fail ¿no?) hasta marzo o algo así.  Lo que cuenta sucedió en enero.  El primer día de la "feria con su jugada" de León que hizo famosa José Alfredo Jiménez (uno de mis dioses, valga el decirlo).

No sé si la costumbre de echar cohetes a la menor provocación sea común a toda latinoamérica o una patología exclusivamente mexicana.  No puede haber ningún tipo de celebración popular sin que se están aventando cohetes a todas horas.

Esto me viene a la mente después de un breve recorrido que hice hoy.  Me gusta caminar y hoy regresé caminando de la biblioteca al centro.  Como sabrán, la biblioteca está apenas a unos pasos de las instalaciones de la feria y el centro no queda tampoco muy lejos de todo eso.  Hoy inició la feria estatal de la ciudad y, por supuesto, no se podían evitar los tronidos.  Iba yo a la altura de la gasolinera que está en el cruce de la calzada y el malecón cuando creí que estábamos siendo atacados por alguna potencia extranjera.  Pensé que a los insurgente de este primer diez de siglo se les había botado la canica y habían empezado sus agresiones contra el gobierno.  Pero tuve que reformularme cuando recordé que hoy empezaba la feria.  La feria en la que acostumbramos quemar pólvora DIARIO y A LO LOCO.

La feria es un ejemplo menor comparado con las festividades religiosas.  El doce de diciembre, por ejemplo, es como nuestro cuatro de julio a la mexicana: no hay hora durante el once y el doce de ese mes en la que no estén jodiendo con cohetes por todos lados.  Ése es un extremo de la balanza, pero la balanza está siempre presente.  Si alguien tiene la oportunidad de madrugar notará que al rededor de las horas del alba se escuchan, ya  sea más cerca o más lejos.  No hay día en que cualquier parroquia, capilla, oratorio o lo que sea, no esté festejando a su santo.  En mi colonia justo acaba de pasar la festividad de la parroquia (la de la sagrada familia, aunque nunca entenderé por qué no worshipean a San Sebastián, que dio su nombre a la urbanización) y durante una semana tuve que fumarme los pinches cohetes desde que amanecía hasta que me iba a dormir.

No sé de dónde venga esa desgraciada costumbre.  Como si nos hubieran colonizado los chinos.  Si alguien lo sabe le agradecería que nos lo dijera o que aventurara sus teorías.
Otro día de cohetes es, por supuesto, el quince de septiembre.  El quince y el dieciséis, para ser exactos y respetuosos de la ortodoxia historiográfica.

Confieso que cuando era más niño me gustaba mucho jugar con barrenos, palomitas, cebollitas (¿Por qué México ama los adjetivos?) y cuanta pendejada explosiva pudiera conseguir de forma ilegal en las tienditas de mi colonia.  Nunca he entendido cómo le hacen los tenderos para tener BOLSAS REPLETAS de explosivos sin mortificación.  Y de todos los tamaños.  Recuerdo que había barrenos apenas más grandes que las teclas de esta máquina y otros que parecían contener medio kilo de pólvora. Pero ésos nomás los tronaban los cholos.  Nosotros no éramos tan pro.  Y menos yo, que siempre he sido un cobarde pendejo para conducirme en la vida callejera de San Sebastián.
Me acuerdo de los corajes que le hacíamos pasar a mi tía la monja cuando le tocaba la mala suertr de estar aquí algún quince de septiembre.  Visto en retrospectiva me arrepiento no haberla hecho enojar más para que se le picara el hígado y ahora no me estuviera jorobando la vida en mi propia casa.

Hasta San Sebastián no se alcanzan a escuchar los cohetes diarios de la feria, pero sí llegan hasta el centro por lo menos.  Por lo que vi ellos no tienen ningún problema con eso.  Todos están saliendo con la boca abierta a la calle Madero para verlos.  !Ira, mija, de acá sí se alcanzan a ver los cuetes.  Se ven bien chidos ¿Edá?"

"Sí, apá.  No manches.  Ira los colores".
Etc.

Bien por ellos.  Yo no los soporto.
Atte: Juan Ramón.

Sobre la tonta del IMUG y la parte que odio de León.

“Algunas personas nunca enloquecen. Tendrán unas vidas realmente horribles”  Charles Bukowski.

Trascendió ya a nivel nacional esta noticia:  La titular del Instituto de la Mujer Guanajuatense (IMUG) utilizó como ejemplo de la "pérdida de valores" a las mujeres que deciden tatuarse o hacerse piercings.  Trascendió a nivel nacional, supongo yo, por el nivel evidente de indignación que puede levantar una burrada de ese tamaño en las verdaderas buenas conciencias.

Lo que tiene de personal el asunto es la pena ajena.  Me avergüenza mucho que se conozca que en Guanajuato la clase política es desagradablemente parecida a los leoneses.

(Creo que hay dos elementos que definen básicamente al leonés promedio:

-Una especie de pretenciosidad wanna be insoportable que tiene su ominoso monumento religioso en la calle  Madero.
¿A qué clase de gente se le ocurre hacer un templo gótico que se llame "templo expiatorio" en pleno siglo XX,crear la leyenda urbana de que cuando terminen de construirlo se va a "acabar el mundo" y después derrumbar las fincas históricas aledañas para construir una plaza que tiene menos interés que el vello púbico de Carlos Trejo?  A los leoneses.

-Una doble moral recalcitrante que tiene su expresión mayor en la hipocresía que procuran practicar con todo mundo.  Vil falta de honestidad vital.

Así, por ejemplo, he leído comentarios de lectores en el periódico que leo diciendo que los padres de familia "deberían prohibirles a sus hijos hacerse tatuajes".  O a una dirigente de alguna organización de ésas que tienen la palabra "familia" en el nombre decir que ella está completamente de acuerdo en las afirmaciones de la burra del IMUG y que recomienda que los empleadores no le den trabajo a la gente que está tatuada o perforada.  Así son los leoneses...  Más datos, cortesía de Kareve:

-León es la ciudad con el mayor índice de alcoholismo en el país.

-León es la ciudad con más hoteles de paso en el país [yo vivo cerca de uno ja, ja, ja]. )

***

No son los tatuajes lo que molesta a esta clase de gente; igual pudo haber sido cualquier cosa.  Pudieron haber dicho que la gente que acostumbra comer huevos con café en las mañanas representan la falta de valores en la sociedad o que la baja clase de personas que acostumbran lavarse los dientes sólo una vez al día están provocando la putrefacción del tejido social.  O las mujeres que abortan, o los homosexuales.  Que alguien se pinte una mujer con sombrero charro tapándose las tetas con un zarape en la espalda y una virgencita de Guadalupe en el huevo derecho no es lo que les molesta.  Lo que les molesta es que haya personas que no sean como ellos. Gobiernan el estado y el país como si fuera su feudo personal.  Le pusieron "Juan Pablo Segundo" al distribuidor vial que construyeron entrando a la ciudad y le pintaron los barrotes de azul, como hicieron con las placas del estado y ahora quieren hacer con los letreros que denominan las calles.  Utilizan cada foro a su alcance para mostrar que ellos y sus creencias en el terreno de lo religioso, moral, político y económico son superiores y que el que no esté de acuerdo le corten la cabeza. Les molesta que haya gente con el atrevimiento de ser distinta a lo que ellos consideran sano.  Son tan ególatras que creen que tienen la superioridad suficiente para pontificar acerca de lo que está bien y lo que está mal.  Su escala de valores en ese tenor incluye a Dios, el matrimonio y la clase de trabajos que destruyen el espíritu.  Y no está "mal": cada quién puede y debe construirse sus prioridades como mejor le venga en gana.  Yo, por ejemplo, considero que las cosas que más me importan en el mundo son el conocimiento, la verdad, la libertad y la belleza.  Lo que está mal es que, fuera de las cosas por las que dicen estar trabajando, tienen en primer lugar en su escala de prioridades  un chocante "hacer que todo mundo piense como yo y si no lo hace hay que quemarlo vivo en medio del atrio de Catedral". 

Ya hay una palabra para eso: fascismo.  Y está mal.

Tengo muy claro que ellos son "los otros" y que son el enemigo.

Los dejo con la letra de una canción sobre la esperanza que debemos procurar mantener: When The Ship Comes In de Bob Dylan:

Oh the time will come up
When the winds will stop
And the breeze will cease to be breathin'
Like the stillness in the wind
'Fore the hurricane begins
The hours when the ship comes ind.

And the seas will split
And the ship will hit
And the sands on the shoreline will be shaking
Then the tide will sound
And the wind will pound
And the morning will be breaking.

Oh the fishes will laugh
As they swim out of the path
And the seagulls they'll be smiling
And the rocks on the sand
Will proudly stand
The hour that the ship comes in.

And the words that are used
For to get the ship confused
Will not be understood as they're spoken
For the chains of the sea
Will have busted in the night
And will be buried at the bottom of the ocean.

A song will lift
As the mainsail shifts
And the boat drifts on to the shoreline
And the sun will respect
Every face on the deck
The hour that the ship comes in.

Then the sands will roll
Out a carpet of gold
For your weary toes to be a-touchin'
And the ship's wise men
Will remind you once again
That the whole wide world is watchin'.

Oh the foes will rise
With the sleep in their eyes
And they'll jerk from their beds and think they're dreamin'
But they'll pinch themselves and squeal
And know that it's for real
The hour that the ship comes in.

Then they'll raise their hands
Sayin' we'll meet all your demands
But we'll shout from the bow your days are numbered
And like Pharaoh's tribe
They'll be drownded in the tide
And like Goliath, they'll be conquered.

Atte: Juan Ramón.

miércoles, 14 de julio de 2010

Otro refrito (sobre mi orgullo ateo y la dificultad de tenerlo en esta puta ciudad).

Advertencia preliminar 1:Sí, es otro refrito del olvidado blog colectivo Complete Unknowns.  Como ya me creo mucho porque este blog tiene el mismo número de seguidores que aquél he perdido los pocos escrúpulos que me quedaban y ya me importa un pito refritear a lo loco.  Advertidos quedan.

Advertencia preliminar 2: Es otro de esos posts que están bien largos e infumables.  Léanlo bajo la advertencia de que hay un alto riesgo de aburrimiento.


Durante toda mi niñez fui un católico tan ferviente que hasta ganaba concursos de conocimiento sobre las sagradas escrituras. Inmediatamente después de hacer mi primera comunión era tal mi efervescencia mística que les solté en la cara a mi mamá y mi abuelita un lapidario “quiero ser padre.” Gracias a quien sea, hoy en día no tengo la menor intención de cumplir esa sentencia en ninguno de los dos sentidos inmediatos que podemos aplicarle.

Cuando era niño y me aburría de inventar juegos, ver la tele o leer, iba con mi abuelita a que me contara “cosas de Dios”. A la distancia me doy cuenta de que lo hacía porque era prácticamente igual que si me inventaba un juego, veía la tele o leía: era contar historias fantásticas sobre cosas que nunca existieron. El bagaje hagiográfico de mi abuela era tan extenso como imaginativo. Había santas que convertían piedras de hormiguero en lentejas para que no las golpearan sus maridos, indígenas esquizofrénicos que veían vírgenes en los cerros, corazones incorruptos después de la hoguera, toneladas de delirantes escuchando voces en su cabeza, gente hablándole a los pájaros sobre un hombre invisible en el cielo, curaciones milagrosas y millones de cosas más. Como a los trece años me di cuenta de que lo mismo era saberme todas esas hagiografías (cortesía, aparte de mi abuelita, de la Editorial Paulina y sus notables “Vidas Ejemplares” que todavía conservo con cariño) que saberme las historias de Batman o de Frodo rumbo al monte del destino en Mordor.

Volverme ateo y marxista en la secundaria me acarreó algunas anécdotas inolvidables. Para que se den idea de la clase de hoyo en el que me había internado justo en mi crisis de fe, aquí algunos ejemplos:

En clase de Mecanografía, en primero, teníamos que rezar mínimo un misterio del rosario antes de iniciar las clases. Todos los dictados trataron sobre la vida de San Francisco de Asís y sus seráficos doce discípulos. Estigmas, sufrimiento, ángeles que bajaban “misericordiosamente” a quemarles las lenguas (?)… Por suerte no me arrancaron el gusto por la mecanografía. Sigo escribiendo como si un serafín les pusiera hierro ardiente a las teclas.

En segundo faltó a una clase el maestro de Física. La prefecta tuvo que ir a ver que no hiciéramos sacrificios humanos mientras no acabara esa clase (eso supongo). Tuve el atrevimiento de estar leyendo una biografía de El Che Guevara y tener El Hobbit en el pupitre. La prefecta, que era una perfecta ignorante, vieja y bruja, se me acercó a preguntarme por qué leía eso. Me dijo que no debería andar trayendo libros del Che a la escuela y que toda la obra de Tolkien (sólo había visto las películas, of course; tuve qué explicarle que el libro que estaba en mi pupitre NO era The Lord Of The Rings) a ella le había parecido “satánica”. A veces me da tristeza pensar en que se le encargue la educación de los pobres niños a gente tan ignorante como para no saber que Tolkien era un ferviente católico que comulgaba a diario, pacifista y ecologista. Lo del Che como sea, es ideológico, pero… ¿Tolkien?

Una maestra, en tercero, pasó meses de la clase de civismo (según) hablándonos sobre todo lo que era satánico en el mundo. Es decir, todo. ¿Los Beatles? Satánicos. ¿AC/DC? Por Dios… ¿Led Zeppelin? No me hagas reír. Y para de contar. Absolutamente todo estaba rodeado de satanismo, según la mente putrefacta de esta maestra. Todos los símbolos que no sean católicos son también demoníacos. Hasta el ying-yang del taoísmo es de “el de abajo”. ¡Es evidente! La parte central de dicho símbolo es una “S” grandota ¿No? Ahí’stá. Un amigo mío odiaba tanto a esta maestra que se fabricó una suástica de estaño del tamaño de las barbas de Dios para lucirla en su clase. Él no era tan cobarde como yo y, mientras hacían la oración reglamentaria, él se puso su suástica, cruzó los brazos e infló el pecho como rana para retar a la burra esa. Terminando la clase nos mandó hablar a los dos. Le confesamos que éramos ateos y Marxistas. Ella terminó diciéndonos que éramos unos hipócritas por ser ateos en una escuela confesional; que si no creíamos en Dios mejor nos largáramos. ¿No les parece criminal?

Mi escuela de aquel entonces en el nombre llevaba la penitencia: Instituto Leonés. Tiene un gran nivel académico pero nada más. Fuera de eso es la cueva de algunas de las personas más viles que he conocido jamás, entre alumnos y maestros. Salí huyendo de ahí. Terminé en otra escuela confesional, La Salle, cueva de algunas de las mejores personas que he conocido jamás, entre alumnos y maestros.

Como dijo Enrique Santos Discépolo “Discepolín” en su celebérrimo tango Cambalache: “todo es igual, nada es mejor/lo mismo un burro que un gran profesor”. Por suerte esos fueron los problemas más surreales y también los últimos serios que tuve por esa causa en la escuela.


 ***


En sus dos sonetos sobre el ajedrez, Borges termina con dos tercetos: “También el jugador es prisionero/(la sentencia es de Omar) de otro tablero/de negras noches y blancos días.//Dios mueve al jugador, y éste, la pieza/ ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza/de polvo y tiempo y sueño y agonías?”. Borges utiliza metáforas de tal envergadura para dar a entender la sensación de profunda reverencia ante el misterio humano. Sin embargo, es también uno de los argumentos a favor del ateísmo más irrebatibles y más utilizados.

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Como dije: mi abuelita y yo éramos cófrades del fervor, pero cuando le pedí dinero para comprar el Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels, en la edición más populachera de Editores Mexicanos Unidos (¿Cuánto ha de costar? ¿Veinte pesos?), se escandalizó diciéndome que nunca. Que “ésos” no creían en Dios y que si andaba leyéndolos me iba a ir directito al infierno.

Yo era muy ingenuo como para darme cuenta de todas las implicaciones que la palabra “comunista” tenía en la mente alteña de mi abuelita y en general en las buenas conciencias. A mí el comunismo me parecía (y lo sigue haciendo) una opción de conciencia válida para enfrentar a los males que aquejan a la humanidad. Con Dioses o sin ellos, los problemas seguirán ahí si no se hace algo para cambiarlo.

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Hace ya como un año nos reunimos varios familiares en casa de una tía para no sé qué cosa. Había comida. Eso es suficiente para mí.

En la plática de sobremesa salió el tema de la Organización Nacional del Yunque. Me sorprendió darme cuenta de que varios de los presentes no tenían ni idea de lo que estábamos hablando. Me encargué más o menos de explicarles de qué se trata el asunto. Les conté que los ultras, de cualquier posición ideológica, siempre están dispuestos a matar por lo que creen. Y lo hacen, que es peor.

Una tía me dijo que no creía que una asociación católica, por más secreta que fuera, matara para lograr sus fines. Que era una aberración en contra de todo lo que un buen católico puede creer. Me burlé en su cara y ahí empezó MI perorata: le dije que CUALQUIER creencia irracional, por definición, es peligrosa. Todas las religiones incluidas. ¿Qué mejor muestra que los atentados del 11 de Septiembre en EE. UU. para probar esto? Y no me salga usted con teorías conspiranoicas, que ése es tema para alguna otra columna. Esos atentados fueron producto de personas que creían que llevando a cabo esas acciones tan deplorables iban a llegar directo al paraíso que los hace imaginar su religión. Menciono esos atentados porque son los más impactantes y los más cercanos en la memoria, pero estoy seguro de que si se hiciera un esfuerzo por difundir el pensamiento crítico-racional, aparte de haberse evitado aquéllos, muchísimos conflictos armados terminarían en el mundo. ¿No sería bueno, por ejemplo, que cesaran los atentados y enfrentamientos a muerte entre protestantes unionistas y católicos separatistas en Irlanda? ¿No sería bueno que en Irán dejaran beber a las mujeres lo que se les diera la gana sin riesgo de que las azoten dejándoles marcadas para siempre? ¿No sería bueno que dejaran de matarse entre judíos y palestinos? Piense usted en cuántos sufrimientos, cuántas vidas humanas, cuántas tragedias, cuánta hambre, destrucción, tortura, violaciones y mutilaciones podrían evitarse si se reflexionaran bien las cosas antes de morir o matar por una bandera, la que sea.

E, insisto, no sólo es la religión (que es el ejemplo más terrible de todos), sino todo el pensamiento irracional como conjunto. Recuerdo otro ejemplo, terrible también: el genocidio de Ruanda en 1994. Se mataron entre las tribus Hutu y Tutsi sólo por ser “de los otros”. Así nomás. El comandante de las fuerzas de pacificación de las Naciones Unidas todavía asiste a terapia psiquiátrica para intentar superar todas las atrocidades que vio cometerse ahí.

Los problemas de ese tipo tienen aristas múltiples y muy complejas, pero al final todas son reducibles al más embrutecido pensamiento irracional.

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Hace poco iba caminando con un amigo y mis primos, que también son mis amigos, por el centro. Es una escena recurrente ver a predicadores protestantes con megáfonos, biblia en mano y dos o tres elfos repartiendo panfletos. Sin embargo ese día íbamos medio ebrios todos. Tampoco es raro que yo vaya ebrio, pero mis primos no lo acostumbran tanto. Un tipo gritó “¡Jesucristo se crucificó por nuestros pecados!”. Mi primo se echó una sonora carcajada. Aparte de la evidente graciosada involuntaria que el predicador enemigo de la gramática se aventó, creo que si de verdad pasó una fábula así, no ha servido de mucho.

Termino con la frase con la que uno de mis dioses paganos, Richard Dawkins (a quien le debe mucho el argumento de esta columna), le dedicó su libro The God Delusion a su amigo muerto Douglas Adams: “Isn’t it enough to see that a garden is beautiful without having to believe that there are fairies at the bottom of it too?".

As: Run Run Se Fue Pa'l Norte - Violeta Parra.

Atte: Juan Ramón.

jueves, 8 de julio de 2010

Kareve y ESDLA.

Buscando perfiles leoneses en blogger di con Kareve.  Su blog cumplió los criterios básicos que busco en cualquier lectura: temas, abordajes, afinidades, etc.  Mi amplia vocación stalker me orilló a leer todo lo que había escrito y comentar en donde tenía algo que decir.  Mi amplia vocación stalker me orilló a feisbuquearla.  Cuando me aceptó en Facebook, mi amplia vocación stalker me orilló a agregarla al messenger, donde mi amplia vocación stalker me obligó a tener dos o tres bonitas conversaciones con ella.  Dichas conversaciones hicieron que me cayera cada vez más bien.  Luego sucedió algo como de película que paso a narrar:

Hubo una época en la que gran parte de mi vida giró en torno a Tolkien y su obra.  Durante esa etapa una de mis mayores aspiraciones fue ver cualquiera de las versiones extendidas de las películas de El Señor de los Anillos, ESPECIALMENTE de "El retorno del rey".  Pues bien: repentinamente Kareve me invitó a ver con ella justo esa película.  Suena genial pero, como sabemos, en la vida no hay nada que sea perfecto.  El lado "malo" en esta ocasión fue que la cita era en la Ibero.

Con lo poco que Kareve me conoce fue suficiente para notar que a veces soy un prejuicioso de lo peor.  Uno de los mayores prejuicios que tengo es hacia la Ibero: todo lo que implica esa universidad me da recelo, por distintas razones.

Fue la tercera vez que entré a la Ibero y la primera en la que me pusieron obstáculos para hacerlo.  Apenas iba entrando, un guardia de seguridad me dijo "Sí, disculpe, ¿a dónde se dirige?" —o algo así.  Le dije todo nervioso "pos, pos, pos, aquí, con una amiga.  Voy a ver una película.  ¿Tengo que dejar algo?" Algo, sí:  dejé el pagobús porque la otra identificación que tengo en la vida (mi credencial de la escuela) es provisional, ilegible y la foto no se ve.

Me recibió la agradable sorpresa de encontrarme con una ex cuñada que me cae re bien y estudia ahí.  Platiqué un rato con ella y cuando se fue me senté a esperar a Kareve.  La escena siguiente es una de las imágenes que se me ocurren para atisbar una posible antítesis a todo lo que considero decente: un tipo de saco verde leyendo en la banca de una escultura pública en la Ibero.  Lo "malo" ahora es que no se trataba de alguien más, sino de mí.

Pensé que me iba a quedar como el personaje de Steve Buscemi (Seymour) cuando Enid le hace la broma pesada en Ghost World (si recuerdan, el personaje también usaba una chaqueta verde jo, jo, jo)





pero no fue así.  Con los minutos llegó también Kareve.

Desde antes de llegar a la Ibero y fumar tenía la garganta cerrada.  Es algo muy común, pasa cuando estoy nervioso.  Supongo que cuando le dije "Hola muchacha, ¿cómo le va?" soné no muy distinto al Gallo Claudio.

***

Mis conclusiones de la versión extendida son, en realidad, las mismas que tengo acerca de la versión común:

1.- El asunto homoerótico entre hobbits es de una tensión insoportable para cualquier machito (como yo).

2.- Pobrecitos olifantes.

3.- Ella Laraña es la versión amable de Elizabeth,

3.1.- Elizabeth es un monstruo.

4.- Siempre esperé que en la versión extendida el asunto Eowyn-Faramir tuviera la importancia que tiene para mí, pero nunca fue más que una esperanza muy idiota. "Es que el libro es mejor, goe".

5.-  Hay varias secuencias de efectos especiales que han envejecido terriblemente y otras que siguen siendo sorprendentes.  Las que se ven viejas se notan muy feo.  

6.- Aun con eso, creo que la batalla de Minas Tirith es de las mejores en toda la historia (del cine ¿eh? por lo menos del que yo he visto, que tampoco es mucho).

7.- ODIO la escena de légolas matando solo a un olifante como Luke a un AT AT. 

8.- Es otra de las películas que siempre están a punto de hacerme llorar pero no lloro porque soy bien macho.

Al parecer los chicos ibero pensaron que me estaba aburriendo.  No me conocen.  Aparte, no tomaron en cuenta que había dormido nada más tres horas antes de llegar ahí.  Si hay algo que NO me puede aburrir es cualquier cosa que tenga que ver con Tolkien.


Saliendo de la sala audiovisual nos pusimos a fumar.  Después a platicar sobre la delincuencia, que está bien fuerte, y la situación está bien dura, y que le digo que es que está canija la crisis, ¿edá?.

Casi dejo el pagobús olvidado en la entrada, pero Kareve tuvo el buen tino de avisarme a tiempo.  Fue cuando entendí qué gran halago había sido el que —aunque fuera por la apariencia—  los guardias no me hubieran confundido con un local.


Caminamos rumbo a Centro Max por todo el Paseo de Jerez.  No está muy lejos y en el camino cada paso literal fue también un paso espiritual —digamos— para que me encariñara más y más.

As:  Sur - Edmundo Rivero.


Atte: Juan Ramón.





 

domingo, 4 de julio de 2010

El post-juicio del doctor del Monaghan.

Mi dentista descubrió que las muelas del juicio me estaban enchuecando los demás dientes.  Me mandó a hacer radiografías para comprobarlo y sí: tenía las muelas atravesadas.  Nos dijo a mi mamá y a mí que en cuanto pudiéramos fuéramos con un cirujano que nos recomendó para que me las sacaran.

El en cuanto pudiéramos se tradujo en unos dos años; hace dos semanas.  La conversación con mi mamá de camino a la clínica fue de lo más extraño.  En cierto momento me dijo que le hubiera gustado si yo hubiera sido arquitecto o ingeniero "o algo así".  Le respondí con una carcajada grosera indicándole que jamás se me hubiera ocurrido pensar en estudiar una carrera parecida.  Durante algún tiempo quise ser médico (en la secundaria) y durante otro abogado (a media prepa) pero sentí que, al final, ninguna de esas carreras abarcaba otras cosas que también me interesaban.  En gran parte por eso elegí Comunicación: por lo menos en el papel la carrera contiene muchos de mis intereses.  Después de todo cualquiera es parte del crimen que implica reducirse a una sola cosa por medio de la "carrera".  Los dentistas representan muy fielmente al prototipo de profesionista de clase media-alta con respetable reputación producido por ese crimen y que a mí me provoca repelús.

Se me hizo curioso que el edificio en donde ese doctor atiende es el mismo edificio en donde hasta hace poco solía estar un bar que siempre me resultó desagradable: el Monaghan.  Cueva de hipsters-universitarios-alternativos, especialmente de las carreras de Diseño y Comunicación de las dos universidades "importantes" de la ciudad: la Ibero y La Salle.  Música buena pero a volumen prohibitivo para la plática; aglomeraciones sofocantes y humo de tabaco encerrado.  Llegué a ir pocas veces, en parte por la animadversión natural que le tengo a esos ambientes y a esas personas y en parte porque muchas veces ni me dejaban entrar por no tener credencial de elector.  Pasar por ahí me evocó nostalgias, por supuesto.

Decidimos que me iban a sacar las cuatro muelas del juicio de una sola vez.  A alguna amiga cercana se las habían sacado tiempo ha y lo que podía recordar del asunto es que no había sido tan grave como sonaba.  Tuvo una especie de convalecencia dolorosa pero de corto término que le permitió realizar sus actividades normales.  Por lo tanto no me asusté ni nada.  Además: si hay que convalecer, mejor hacerlo una sola vez y no dos o cuatro.

La "cirugía" en sí no me espantó mucho antes de padecerla.  Según lo que me dijo el doctor en esa primera consulta, imaginé que el mismo día en que perdiera las muelas del juicio iba a poder hacer lo que quisiera; si acaso con un poco de dolor, pero que a los dos o tres días iba a estar como si nada hubiera pasado.

Volvimos la semana siguiente.  Fue una cosa espantosa que no le deseo a nadie.  En una de las muelas sentí —o imaginé— que me pusieron menos anestesia que en las otras.  Cuando llegó la hora de suturar, sentí —o imaginé otra vez— con claridad las puntadas.  La sangre me atragantaba.  Nunca hasta entonces había sentido ese intenso y muy desagradable sabor llenándome la boca.  El efecto de la anestesia tardó mucho en pasar.  Llegando a la casa tiré inmediatamente las gasas que me habían puesto en las heridas.  No paré de escupir-tragar sangre toda esa noche.  Quise colgar a todos los dentistas del mundo nomás por espíritu de venganza.  No dormí hasta bien clareado el martes.  Ese día había quedado de ir al Antro de la Perdición, cosa que no hice.  Tardé días en poder ingerir otra cosa que no fuera leche con pastillas.  Lo primero que medio comí después fue leche... con pan.

Después me fui dando cuenta de que tenía como un cuarto de la boca (por dentro y por fuera, lengua incluida) adormecida, como si la anestesia nunca se hubiera ido de ahí.  La parte hipocondríaca de mi personalidad se estuvo preocupando a lo largo de toda la semana por eso.  Hasta este lunes llegó un descanso.  En la cita de ese día el dentista me dijo que el adormecimiento era causado por la pura y vil inflamación propia del procedimiento que me estaba oprimiendo los nervios de la quijada.  Me recetó unos desinflamatorios que no han producido ningún efecto notable.  Ahora ya puedo comer casi todo, gran placer vital que me tiene en dieta de engorda porcina.

Lo que me deja pensando todo esto es que, en esencia simbólica, me sacaron el juicio con pinzas y bisturí.  Y que los vampiros tienen un pésimo gusto culinario.

As: La Cruz del Sur - Juan Cedrón.

Atte: Juan Ramón.

viernes, 2 de julio de 2010

Cañitas intersemestrales.

Aunque me gustan, las Matemáticas nunca se me han facilitado.  En primaria la única materia en la que no sacaba nueve o diez era ésa.  El primer examen que reprobé en mi vida fue uno de matemáticas en primero de secundaria.  No tenía valor curricular, era de ubicación, pero aun así me hizo llorar.  Siguiendo ese estilo, en la prepa jamás pasé matemáticas a la primera, siempre tuve que hacer cursos intersemestrales.  No pasé siquiera Probabilidad y Estadística o Matemáticas Financieras(aunque en esas dos la causa fue más la idiotez esa de "no tienes la libreta completa ergo no puedes hacer el examen final" que mi falta de pericia).  En cada vacación de verano que tuve entre el 2003 y el 2006, estuve por lo menos una semana encerrado en un salón con otros burros intentando pasar las Matemáticas en turno.

En el curso entre segundo y tercer semestre no conocía a ninguno de los compañeros con los que me tocó tomarlo.  Entonces iba encaminado a ser un esnob pedante mucho más nefasto de lo que ya soy ahora y me quedaba en los recesos del curso leyendo uno de los primeros libros que me había comprado yo solo con plena conciencia de mi elección: Historias de Cronopios y de Famas.  Sigue siendo uno de los veranos (y libros) que recuerdo con más cariño.

En un receso, uno de los compañeros a los que no conocía ni de vista se me acercó haciendo una pregunta que siempre me ha caído muy pesada (léase con acento leonés.  Al que no lo conozca lo felicito y lo envidio):

-A ti te gusta mucho leer, ¿verdad?

Supongo que incluso entonces era muy raro que alguien prefiriera estar leyendo sin ser molestado en vez de bajar al patio a jugar básquet.

-Más o menos- le contesté.  Una respuesta que hoy, a seis años, sigue siendo sincera y, creo, adecuada.  Soy muy flojo para todo; incluso para leer.  Como diría mi mamá: ni para mi negocio soy bueno.

-No mames- dijo el compañero- acabo de leer un libro que, si te gusta leer, te va a encantar y te va a asustar un chingo.

-¿Cuál?

-Cañitas, güe.  Lo escribió un cabrón que se llama Carlos Trejo y la neta sí te espanta un buen.  A mí me dio un chingo de miedo cuando lo leí y me gustó tanto que me lo aventé completito en una sola noche, así que ya te imaginarás.

El autor de tan insigne obra literaria.

-Ah, gracias.  A ver si luego lo leo- Contesté pensando que nunca lo haría  Y táchenme de prejuicioso mamón o lo que quieran, pero sigo prefiriendo leer... cualquier otra cosa.

As: The Snakepit - The Cure.

Atte: Juan Ramón.

jueves, 1 de julio de 2010

Visita a Querétaro y PRIMER beso (Post N° 100).

La última vez que vi a mi papá fuimos a Querétaro.  Caminando por el centro recordé lugares por donde anduve cuando era niño.  Tengo una tía que se casó con un queretano y no se mudó a León hasta al rededor del año 2000.  Desde muy chico visité Querétaro con frecuencia por esa causa.  A mediados de los noventa, sobre todo.  La familia política de mi tía tiene su casa materna en el mero centro de la ciudad y esta última vez que fui (ni siquiera recuerdo cuándo fue la vez anterior) recordé el primer beso que di.

Ya no lo soy, pero hasta antes de entrar a la universidad era muy novelero.  No me perdí ningún gran éxito del Canal de las Estrellas (mi abuelita se enojaba si uno le cambiaba de ese canal).  Hacia el 94 pasaban una novela histórica sobre la vida de Porfirio Díaz que se llamó "El Vuelo del Águila".  También desde que recuerdo me ha gustado mucho la historia (ese gusto sí lo conservo hasta hoy), así que los dos grandes gustos juntos se tragaban mis noches de cinco años.

Poco antes de una de esas idas a Querétaro de las que hablaba me tocó ver un capítulo de la novela en el que Porfirio Díaz besaba en Oaxaca a otro personaje llamado "Camila":  No sé si haya sido el primer beso televisado que vi (lo dudo mucho), pero por lo menos es el primero que recuerdo y el que me impactó más.

Ya en Querétaro fuimos a comer a la casa del centro en donde vivía (vive, supongo) la suegra de mi tía.  Es una de esas viejas casas-chorizo que al final tienen un patio con tiliches.  Casi igual a como era la mía antes de que a mi mamá le entrara el afán de remodelar todo.

Acabando de comer vigilé que los mayores se descuidaran y empecé a convencer a una de las de mi edad de aquella familia que me gustó para que nos fuéramos al patio.  Cuando accedió, la agarré por los hombros, la apoyé en la pared de tabique y le planté un beso tal y como lo había visto en la novela.  No recuerdo cuál fue la reacción de ella, pero dudo que haya sabido siquiera qué estaba pasando.  Después de culminado mi triunfo sensual procuré olvidar hasta el nombre de ella pero no el hecho de que, sea lo que sea que me haya pasado después en la vida, mi primer beso fue en Querétaro y a los cinco años.

As: Bitch - The Rolling Stones.

Atte: Juan Ramón.

Hace cuatro años.

Soy un nostálgico sentimental y barato: me cuesta un inmenso trabajo disfrutar el tiempo presente; sólo cuando puedo pensar en las cosas desde una perspectiva lejana es cuando me resulta sencillo valorarlas.  Así, estoy seguro que hace cuatro años tampoco disfruté como debía.  He estado pensando mucho en ese 2006 y las cosas que han cambiado y se han mantenido desde entonces.

Estaba saliendo de la preparatoria.  Debía la cantidad justa de materias para pasar el semestre sin mayor complicación pero no me preocupaba porque confiaba en que iba a acreditarlas sin problemas (como sucedió).  En La Salle de aquí organizan algo que ellos llaman "acto académico" cada que una generación de lo que sea se gradúa.  Siempre es exactamente igual.  Invitan, por ejemplo, al mismo cuarteto de cuerdas a tocar exactamente el mismo repertorio en la acústica terrible del "Universum Nostrum".  En el de mi generación de prepa el director me mandó llamar (por medio de una edecán, el muy coyón) antes de que empezara el dichoso evento porque creía que yo no merecía estar sentado en una silla justo ahí y justo entonces.  Le expliqué mi situación y que, aparte, la silla tenía mi nombre pegado en el respaldo.  No me respondió nada concreto; sólo me mandó sentar de vuelta.  Después fuimos pasando uno por uno a recoger un pin con el escudo lasallista clásico.  Como nostálgico, sentimental y barato todavía conservo el nombre que arranqué de mi silla y el pin lo uso a veces.

Aquí después del mentado "acto académico" con mi mamá (de blusa amarillosa), un tío y una tía.  Lo único físico en mí que permanece igual es la baja estatura.

Ese mismo día Alemania había eliminado a Argentina (mi favorito entonces y mi favorito ahora) en cuartos de final y fue sobre eso mucho de lo que comenté en la fiesta de graduación, a la que llegué solo porque guardé con tanto esmero los boletos de mis invitados que los perdí.

Hacia mayo había conocido, por una coincidencia que implicaba a una (entonces) amiga común y a nuestros (ahora inutilizados) fotologs, a Linda.  Tiene un nombre más largo y bonito pero el primero sirve para fines de economía.  Luego la conocí en persona y al poco tiempo de eso tuvo la mala idea de aceptarme como novio.  Esas primeas salidas con Linda las he repasado infinidad de veces en la memoria como sinónimo de tiempos mejores y de que todo va cambiando, uno se dé cuenta o no.  ¡Hasta escribía poemas entonces!  Rompimos por primera vez el día siguiente de las elecciones, pero eso ya entra en el terreno de lo triste: antes de ese dos de julio yo seguía incluso teniendo una fuerte esperanza, casi convicción, de que la izquierda ganaría los comicios federales.  Todavía no tenía edad para votar pero de haberla tenido sin duda lo hubiera hecho... Sólo entonces: todavía es fecha en que no he sacado mi credencial del IFE.

Entonces: estaba graduándome de la prepa, con amistades y situaciones que culminaban la que considero como la mejor etapa de mi vida; tenía una novia que, aunque quizá no lo pareciera entonces ni después ni ahora, adoraba profundamente y significó gran parte de lo buena que era mi vida; mis esperanzas políticas tenían fundamento y mi perspectiva inmediata a futuro era entrar luego luego a la Universidad, a la que entonces me imaginaba idealmente como un centro de estímulo intelectual, aprendizaje incesante, conocimiento a mansalva y casi como una aventura marítima: un viaje al vacío más elemental que me emocionaba cada vez que pensaba en ello.

Ahora: estoy dado de baja de la universidad mientras mis compañeros se gradúan.  Resultó ser muchísimas cosas menos una travesía incesante por la estimulación intelectual.  Mi natural aversión a la escuela, el alcoholismo (que se acrecentó mucho desde que entré ahí) y mis problemas con las figuras de autoridad tienen mucho que ver con mi desilusión, pero también tiene mucho de culpa, a mi ver, el sistema anquilosado, endogámico, pedante y aburridísimo que se empeñan en conservar.  Mi "emocionante" perspectiva actual a futuro se reduce a cursar algunas materias que debo de séptimo semestre (las más asquerosas, por algo las reprobé con plena consciencia), cursar octavo como si nunca hubiera estado ahí, luego cursar otra clase espantosa de sexto y, si todo eso se cumple satisfactoriamente, supongo que seguirá la incertidumbre del desempleo.  Linda me dejó desde hace casi dos años y la lloré mucho.  Tengo meses sin enamorarme, sin novia ni nada.  Ya casi ni recuerdo qué se siente besar o abrazar con amor de pareja.  Quiero decir que, fuera de mis muy pocos amigos (a quienes el vicio me une en una gran medida), estoy solo.  Las esperanzas de que algo bueno suceda con este país en cualquier terreno cada vez se han diluido más en la impaciencia.  No las he perdido por completo, pero siento que tienen menos de esperanza que de otra virtud teologal: la fe.  El único salto al vacío que estoy dando ahora es al de sentido y al del alcohol..  Las emociones que esto me produce son mucho menos gratas que las que tenía hace apenas cuatro años y eso, para mí, es fuente de dolor y de añoranza por tiempos que, aunque no necesariamente por pasados, fueron mejores.

As: Uno - Aníbal Troilo.

Atte: Juan Ramón.