viernes, 2 de julio de 2010

Cañitas intersemestrales.

Aunque me gustan, las Matemáticas nunca se me han facilitado.  En primaria la única materia en la que no sacaba nueve o diez era ésa.  El primer examen que reprobé en mi vida fue uno de matemáticas en primero de secundaria.  No tenía valor curricular, era de ubicación, pero aun así me hizo llorar.  Siguiendo ese estilo, en la prepa jamás pasé matemáticas a la primera, siempre tuve que hacer cursos intersemestrales.  No pasé siquiera Probabilidad y Estadística o Matemáticas Financieras(aunque en esas dos la causa fue más la idiotez esa de "no tienes la libreta completa ergo no puedes hacer el examen final" que mi falta de pericia).  En cada vacación de verano que tuve entre el 2003 y el 2006, estuve por lo menos una semana encerrado en un salón con otros burros intentando pasar las Matemáticas en turno.

En el curso entre segundo y tercer semestre no conocía a ninguno de los compañeros con los que me tocó tomarlo.  Entonces iba encaminado a ser un esnob pedante mucho más nefasto de lo que ya soy ahora y me quedaba en los recesos del curso leyendo uno de los primeros libros que me había comprado yo solo con plena conciencia de mi elección: Historias de Cronopios y de Famas.  Sigue siendo uno de los veranos (y libros) que recuerdo con más cariño.

En un receso, uno de los compañeros a los que no conocía ni de vista se me acercó haciendo una pregunta que siempre me ha caído muy pesada (léase con acento leonés.  Al que no lo conozca lo felicito y lo envidio):

-A ti te gusta mucho leer, ¿verdad?

Supongo que incluso entonces era muy raro que alguien prefiriera estar leyendo sin ser molestado en vez de bajar al patio a jugar básquet.

-Más o menos- le contesté.  Una respuesta que hoy, a seis años, sigue siendo sincera y, creo, adecuada.  Soy muy flojo para todo; incluso para leer.  Como diría mi mamá: ni para mi negocio soy bueno.

-No mames- dijo el compañero- acabo de leer un libro que, si te gusta leer, te va a encantar y te va a asustar un chingo.

-¿Cuál?

-Cañitas, güe.  Lo escribió un cabrón que se llama Carlos Trejo y la neta sí te espanta un buen.  A mí me dio un chingo de miedo cuando lo leí y me gustó tanto que me lo aventé completito en una sola noche, así que ya te imaginarás.

El autor de tan insigne obra literaria.

-Ah, gracias.  A ver si luego lo leo- Contesté pensando que nunca lo haría  Y táchenme de prejuicioso mamón o lo que quieran, pero sigo prefiriendo leer... cualquier otra cosa.

As: The Snakepit - The Cure.

Atte: Juan Ramón.

7 comentarios:

kareve dijo...

¿ qué tienes en contra de Trejo? aparte esta bien pinche guapo

El Compañero. dijo...

Sí, es bien sexy su look combinando pelopintado-tatuaje-playera"soychicomalo" ¿No?

Atte: Juan Ramón.

Kareve dijo...

mmmm... jajaja y si me jusgas de fresa por estudiar en el lux... en donde estudias ahorita comunicación? porque si dices que en la ibero ya te chingaste, o en la salle... ya te chingaste.

El Compañero. dijo...

En La Salle... pero no hay comparación u_u

Atte: Juan Ramón.

Carlos Grogan dijo...

Por lo de la calidad literaria en cuestión, no refuto el nivel de Trejo. Es esplendorosamente perfecto (sarcasmo). En cuanto a los prejuicios, critícame, pero mi primer libro fue uno de Carlos Cuauhtémoc Sánchez: Juventud en Éxtasis. Sin más comentarios.

Anónimo dijo...

No fue usted prejuicioso compañero, creo que simplemente su sentido común reaccionó correctamente.

¿Cañitas? para empezar ¿qué pinche nombre es ese para un libro de "terror"?, jajaja. Prefiero algo como "El Caníval de la Guerrero".

Atte: Paulo

El Compañero. dijo...

A goebo. No dudo que ya haya dos o tres libros sobre el tema, pero sinceramente se me hace un asunto bien chingón para un libro de cualquier género.

¡Qué milagro, compañero!

Atte: Juan Ramón.