jueves, 1 de julio de 2010

Hace cuatro años.

Soy un nostálgico sentimental y barato: me cuesta un inmenso trabajo disfrutar el tiempo presente; sólo cuando puedo pensar en las cosas desde una perspectiva lejana es cuando me resulta sencillo valorarlas.  Así, estoy seguro que hace cuatro años tampoco disfruté como debía.  He estado pensando mucho en ese 2006 y las cosas que han cambiado y se han mantenido desde entonces.

Estaba saliendo de la preparatoria.  Debía la cantidad justa de materias para pasar el semestre sin mayor complicación pero no me preocupaba porque confiaba en que iba a acreditarlas sin problemas (como sucedió).  En La Salle de aquí organizan algo que ellos llaman "acto académico" cada que una generación de lo que sea se gradúa.  Siempre es exactamente igual.  Invitan, por ejemplo, al mismo cuarteto de cuerdas a tocar exactamente el mismo repertorio en la acústica terrible del "Universum Nostrum".  En el de mi generación de prepa el director me mandó llamar (por medio de una edecán, el muy coyón) antes de que empezara el dichoso evento porque creía que yo no merecía estar sentado en una silla justo ahí y justo entonces.  Le expliqué mi situación y que, aparte, la silla tenía mi nombre pegado en el respaldo.  No me respondió nada concreto; sólo me mandó sentar de vuelta.  Después fuimos pasando uno por uno a recoger un pin con el escudo lasallista clásico.  Como nostálgico, sentimental y barato todavía conservo el nombre que arranqué de mi silla y el pin lo uso a veces.

Aquí después del mentado "acto académico" con mi mamá (de blusa amarillosa), un tío y una tía.  Lo único físico en mí que permanece igual es la baja estatura.

Ese mismo día Alemania había eliminado a Argentina (mi favorito entonces y mi favorito ahora) en cuartos de final y fue sobre eso mucho de lo que comenté en la fiesta de graduación, a la que llegué solo porque guardé con tanto esmero los boletos de mis invitados que los perdí.

Hacia mayo había conocido, por una coincidencia que implicaba a una (entonces) amiga común y a nuestros (ahora inutilizados) fotologs, a Linda.  Tiene un nombre más largo y bonito pero el primero sirve para fines de economía.  Luego la conocí en persona y al poco tiempo de eso tuvo la mala idea de aceptarme como novio.  Esas primeas salidas con Linda las he repasado infinidad de veces en la memoria como sinónimo de tiempos mejores y de que todo va cambiando, uno se dé cuenta o no.  ¡Hasta escribía poemas entonces!  Rompimos por primera vez el día siguiente de las elecciones, pero eso ya entra en el terreno de lo triste: antes de ese dos de julio yo seguía incluso teniendo una fuerte esperanza, casi convicción, de que la izquierda ganaría los comicios federales.  Todavía no tenía edad para votar pero de haberla tenido sin duda lo hubiera hecho... Sólo entonces: todavía es fecha en que no he sacado mi credencial del IFE.

Entonces: estaba graduándome de la prepa, con amistades y situaciones que culminaban la que considero como la mejor etapa de mi vida; tenía una novia que, aunque quizá no lo pareciera entonces ni después ni ahora, adoraba profundamente y significó gran parte de lo buena que era mi vida; mis esperanzas políticas tenían fundamento y mi perspectiva inmediata a futuro era entrar luego luego a la Universidad, a la que entonces me imaginaba idealmente como un centro de estímulo intelectual, aprendizaje incesante, conocimiento a mansalva y casi como una aventura marítima: un viaje al vacío más elemental que me emocionaba cada vez que pensaba en ello.

Ahora: estoy dado de baja de la universidad mientras mis compañeros se gradúan.  Resultó ser muchísimas cosas menos una travesía incesante por la estimulación intelectual.  Mi natural aversión a la escuela, el alcoholismo (que se acrecentó mucho desde que entré ahí) y mis problemas con las figuras de autoridad tienen mucho que ver con mi desilusión, pero también tiene mucho de culpa, a mi ver, el sistema anquilosado, endogámico, pedante y aburridísimo que se empeñan en conservar.  Mi "emocionante" perspectiva actual a futuro se reduce a cursar algunas materias que debo de séptimo semestre (las más asquerosas, por algo las reprobé con plena consciencia), cursar octavo como si nunca hubiera estado ahí, luego cursar otra clase espantosa de sexto y, si todo eso se cumple satisfactoriamente, supongo que seguirá la incertidumbre del desempleo.  Linda me dejó desde hace casi dos años y la lloré mucho.  Tengo meses sin enamorarme, sin novia ni nada.  Ya casi ni recuerdo qué se siente besar o abrazar con amor de pareja.  Quiero decir que, fuera de mis muy pocos amigos (a quienes el vicio me une en una gran medida), estoy solo.  Las esperanzas de que algo bueno suceda con este país en cualquier terreno cada vez se han diluido más en la impaciencia.  No las he perdido por completo, pero siento que tienen menos de esperanza que de otra virtud teologal: la fe.  El único salto al vacío que estoy dando ahora es al de sentido y al del alcohol..  Las emociones que esto me produce son mucho menos gratas que las que tenía hace apenas cuatro años y eso, para mí, es fuente de dolor y de añoranza por tiempos que, aunque no necesariamente por pasados, fueron mejores.

As: Uno - Aníbal Troilo.

Atte: Juan Ramón.

2 comentarios:

Ilse Mariana dijo...

"Hay que vivir para ver
como ha sabido crecer
tanto misterio en la flor.
Hay que vivir para ver
cuanto es difícil saber
que signo lleva el amor."

La estaba escuchando mientras leía esto.

Carlos Grogan dijo...

Hermano mío, respecto a tu ideario político coincido rotundamente. Lee México Profundo. No diré más. Sobre el vacío y añoranza a los viejos tiempos, debo decir ke no estás solo y ke por lo menos ya somos dos los ke nos sentimos así. La diferencia radica en ke tu servidor se excusa y distrae en acciones y actividades meramente superficiales y de alardeo. Un abrazo.