sábado, 17 de julio de 2010

Sobre los cohetes (a máquina).

Nota preliminar: esta cosa la escribí a máquina en el periodo en el que la PC se crackeó: es decir a partir del 31 de diciembre (qué gran fail ¿no?) hasta marzo o algo así.  Lo que cuenta sucedió en enero.  El primer día de la "feria con su jugada" de León que hizo famosa José Alfredo Jiménez (uno de mis dioses, valga el decirlo).

No sé si la costumbre de echar cohetes a la menor provocación sea común a toda latinoamérica o una patología exclusivamente mexicana.  No puede haber ningún tipo de celebración popular sin que se están aventando cohetes a todas horas.

Esto me viene a la mente después de un breve recorrido que hice hoy.  Me gusta caminar y hoy regresé caminando de la biblioteca al centro.  Como sabrán, la biblioteca está apenas a unos pasos de las instalaciones de la feria y el centro no queda tampoco muy lejos de todo eso.  Hoy inició la feria estatal de la ciudad y, por supuesto, no se podían evitar los tronidos.  Iba yo a la altura de la gasolinera que está en el cruce de la calzada y el malecón cuando creí que estábamos siendo atacados por alguna potencia extranjera.  Pensé que a los insurgente de este primer diez de siglo se les había botado la canica y habían empezado sus agresiones contra el gobierno.  Pero tuve que reformularme cuando recordé que hoy empezaba la feria.  La feria en la que acostumbramos quemar pólvora DIARIO y A LO LOCO.

La feria es un ejemplo menor comparado con las festividades religiosas.  El doce de diciembre, por ejemplo, es como nuestro cuatro de julio a la mexicana: no hay hora durante el once y el doce de ese mes en la que no estén jodiendo con cohetes por todos lados.  Ése es un extremo de la balanza, pero la balanza está siempre presente.  Si alguien tiene la oportunidad de madrugar notará que al rededor de las horas del alba se escuchan, ya  sea más cerca o más lejos.  No hay día en que cualquier parroquia, capilla, oratorio o lo que sea, no esté festejando a su santo.  En mi colonia justo acaba de pasar la festividad de la parroquia (la de la sagrada familia, aunque nunca entenderé por qué no worshipean a San Sebastián, que dio su nombre a la urbanización) y durante una semana tuve que fumarme los pinches cohetes desde que amanecía hasta que me iba a dormir.

No sé de dónde venga esa desgraciada costumbre.  Como si nos hubieran colonizado los chinos.  Si alguien lo sabe le agradecería que nos lo dijera o que aventurara sus teorías.
Otro día de cohetes es, por supuesto, el quince de septiembre.  El quince y el dieciséis, para ser exactos y respetuosos de la ortodoxia historiográfica.

Confieso que cuando era más niño me gustaba mucho jugar con barrenos, palomitas, cebollitas (¿Por qué México ama los adjetivos?) y cuanta pendejada explosiva pudiera conseguir de forma ilegal en las tienditas de mi colonia.  Nunca he entendido cómo le hacen los tenderos para tener BOLSAS REPLETAS de explosivos sin mortificación.  Y de todos los tamaños.  Recuerdo que había barrenos apenas más grandes que las teclas de esta máquina y otros que parecían contener medio kilo de pólvora. Pero ésos nomás los tronaban los cholos.  Nosotros no éramos tan pro.  Y menos yo, que siempre he sido un cobarde pendejo para conducirme en la vida callejera de San Sebastián.
Me acuerdo de los corajes que le hacíamos pasar a mi tía la monja cuando le tocaba la mala suertr de estar aquí algún quince de septiembre.  Visto en retrospectiva me arrepiento no haberla hecho enojar más para que se le picara el hígado y ahora no me estuviera jorobando la vida en mi propia casa.

Hasta San Sebastián no se alcanzan a escuchar los cohetes diarios de la feria, pero sí llegan hasta el centro por lo menos.  Por lo que vi ellos no tienen ningún problema con eso.  Todos están saliendo con la boca abierta a la calle Madero para verlos.  !Ira, mija, de acá sí se alcanzan a ver los cuetes.  Se ven bien chidos ¿Edá?"

"Sí, apá.  No manches.  Ira los colores".
Etc.

Bien por ellos.  Yo no los soporto.
Atte: Juan Ramón.

12 comentarios:

Puella dijo...

Ja ja ja... recuerdo perfectamente cómo te quejabas de los "cuetes" (me imagino una bola de viejos borrachos aventándote piedras y tú bien "encabronado" ja ja ja).

Eso de que "ni que nos hubieran conquistado los chinos" está despertando serias sospechas en mi mente... qué horror (ahora me estoy imaginando la escena de Mulán en donde los hunos empiezan a salir por todos lados en plena celebración de la victoria del imperio... galáctico).

En fin... ¿qué se le va a hacer? Hasta a Gandalf le gustaban esas cosas. Tú como buen hobbit también deberías amarlas.

Puella dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El Compañero. dijo...

¡Viva el Partido Del Imperio Galáctico (P.I.G.)!

Yo soy un orco u_u Lo único hobbit en mí son mis pies peludos, mi estatura y que fumo en pipa (bueno, ¿qué más quiero? ja, ja, ja).

Atte: Juan Ramón.

Kareve dijo...

jajajaja justo en este preciso momento están quemando un "castillo" aquí a la vuelta de mi casa y huele como si hubieran quemado al obispo ( que bueno sería eso...) Que disque la celebración del Carmen o algo así, entonces ya llevan rato con los cuetes jajaja, pero bueno a mi me asustan los ruidos fuertes, desde una licuadora, una aspiradora y no soporto que se truene un globo. Tengo nervios de trailero.

El jero dijo...

jaja pinche vato miedoso y amargado

El jero dijo...

jaja pinche vato miedoso y amargado

El jero dijo...

jaja pinche vato miedoso y amargado

El jero dijo...

jaja pinche vato miedoso y amargado

El Compañero. dijo...

Oh, 'pérese, pinche perro negro.

Atte: Juan Ramón.

Carlos Grogan dijo...

No mms! Me recordaste Mitos Mexicanos de Enrique Florescano, ya lo leíste?

El Compañero. dijo...

Nel.

Atte: Juan Ramón.

labatterie dijo...

Yo soy un orco u_u Lo único hobbit en mí son mis pies peludos, mi estatura y que fumo en pipa.