miércoles, 14 de julio de 2010

Otro refrito (sobre mi orgullo ateo y la dificultad de tenerlo en esta puta ciudad).

Advertencia preliminar 1:Sí, es otro refrito del olvidado blog colectivo Complete Unknowns.  Como ya me creo mucho porque este blog tiene el mismo número de seguidores que aquél he perdido los pocos escrúpulos que me quedaban y ya me importa un pito refritear a lo loco.  Advertidos quedan.

Advertencia preliminar 2: Es otro de esos posts que están bien largos e infumables.  Léanlo bajo la advertencia de que hay un alto riesgo de aburrimiento.


Durante toda mi niñez fui un católico tan ferviente que hasta ganaba concursos de conocimiento sobre las sagradas escrituras. Inmediatamente después de hacer mi primera comunión era tal mi efervescencia mística que les solté en la cara a mi mamá y mi abuelita un lapidario “quiero ser padre.” Gracias a quien sea, hoy en día no tengo la menor intención de cumplir esa sentencia en ninguno de los dos sentidos inmediatos que podemos aplicarle.

Cuando era niño y me aburría de inventar juegos, ver la tele o leer, iba con mi abuelita a que me contara “cosas de Dios”. A la distancia me doy cuenta de que lo hacía porque era prácticamente igual que si me inventaba un juego, veía la tele o leía: era contar historias fantásticas sobre cosas que nunca existieron. El bagaje hagiográfico de mi abuela era tan extenso como imaginativo. Había santas que convertían piedras de hormiguero en lentejas para que no las golpearan sus maridos, indígenas esquizofrénicos que veían vírgenes en los cerros, corazones incorruptos después de la hoguera, toneladas de delirantes escuchando voces en su cabeza, gente hablándole a los pájaros sobre un hombre invisible en el cielo, curaciones milagrosas y millones de cosas más. Como a los trece años me di cuenta de que lo mismo era saberme todas esas hagiografías (cortesía, aparte de mi abuelita, de la Editorial Paulina y sus notables “Vidas Ejemplares” que todavía conservo con cariño) que saberme las historias de Batman o de Frodo rumbo al monte del destino en Mordor.

Volverme ateo y marxista en la secundaria me acarreó algunas anécdotas inolvidables. Para que se den idea de la clase de hoyo en el que me había internado justo en mi crisis de fe, aquí algunos ejemplos:

En clase de Mecanografía, en primero, teníamos que rezar mínimo un misterio del rosario antes de iniciar las clases. Todos los dictados trataron sobre la vida de San Francisco de Asís y sus seráficos doce discípulos. Estigmas, sufrimiento, ángeles que bajaban “misericordiosamente” a quemarles las lenguas (?)… Por suerte no me arrancaron el gusto por la mecanografía. Sigo escribiendo como si un serafín les pusiera hierro ardiente a las teclas.

En segundo faltó a una clase el maestro de Física. La prefecta tuvo que ir a ver que no hiciéramos sacrificios humanos mientras no acabara esa clase (eso supongo). Tuve el atrevimiento de estar leyendo una biografía de El Che Guevara y tener El Hobbit en el pupitre. La prefecta, que era una perfecta ignorante, vieja y bruja, se me acercó a preguntarme por qué leía eso. Me dijo que no debería andar trayendo libros del Che a la escuela y que toda la obra de Tolkien (sólo había visto las películas, of course; tuve qué explicarle que el libro que estaba en mi pupitre NO era The Lord Of The Rings) a ella le había parecido “satánica”. A veces me da tristeza pensar en que se le encargue la educación de los pobres niños a gente tan ignorante como para no saber que Tolkien era un ferviente católico que comulgaba a diario, pacifista y ecologista. Lo del Che como sea, es ideológico, pero… ¿Tolkien?

Una maestra, en tercero, pasó meses de la clase de civismo (según) hablándonos sobre todo lo que era satánico en el mundo. Es decir, todo. ¿Los Beatles? Satánicos. ¿AC/DC? Por Dios… ¿Led Zeppelin? No me hagas reír. Y para de contar. Absolutamente todo estaba rodeado de satanismo, según la mente putrefacta de esta maestra. Todos los símbolos que no sean católicos son también demoníacos. Hasta el ying-yang del taoísmo es de “el de abajo”. ¡Es evidente! La parte central de dicho símbolo es una “S” grandota ¿No? Ahí’stá. Un amigo mío odiaba tanto a esta maestra que se fabricó una suástica de estaño del tamaño de las barbas de Dios para lucirla en su clase. Él no era tan cobarde como yo y, mientras hacían la oración reglamentaria, él se puso su suástica, cruzó los brazos e infló el pecho como rana para retar a la burra esa. Terminando la clase nos mandó hablar a los dos. Le confesamos que éramos ateos y Marxistas. Ella terminó diciéndonos que éramos unos hipócritas por ser ateos en una escuela confesional; que si no creíamos en Dios mejor nos largáramos. ¿No les parece criminal?

Mi escuela de aquel entonces en el nombre llevaba la penitencia: Instituto Leonés. Tiene un gran nivel académico pero nada más. Fuera de eso es la cueva de algunas de las personas más viles que he conocido jamás, entre alumnos y maestros. Salí huyendo de ahí. Terminé en otra escuela confesional, La Salle, cueva de algunas de las mejores personas que he conocido jamás, entre alumnos y maestros.

Como dijo Enrique Santos Discépolo “Discepolín” en su celebérrimo tango Cambalache: “todo es igual, nada es mejor/lo mismo un burro que un gran profesor”. Por suerte esos fueron los problemas más surreales y también los últimos serios que tuve por esa causa en la escuela.


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En sus dos sonetos sobre el ajedrez, Borges termina con dos tercetos: “También el jugador es prisionero/(la sentencia es de Omar) de otro tablero/de negras noches y blancos días.//Dios mueve al jugador, y éste, la pieza/ ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza/de polvo y tiempo y sueño y agonías?”. Borges utiliza metáforas de tal envergadura para dar a entender la sensación de profunda reverencia ante el misterio humano. Sin embargo, es también uno de los argumentos a favor del ateísmo más irrebatibles y más utilizados.

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Como dije: mi abuelita y yo éramos cófrades del fervor, pero cuando le pedí dinero para comprar el Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels, en la edición más populachera de Editores Mexicanos Unidos (¿Cuánto ha de costar? ¿Veinte pesos?), se escandalizó diciéndome que nunca. Que “ésos” no creían en Dios y que si andaba leyéndolos me iba a ir directito al infierno.

Yo era muy ingenuo como para darme cuenta de todas las implicaciones que la palabra “comunista” tenía en la mente alteña de mi abuelita y en general en las buenas conciencias. A mí el comunismo me parecía (y lo sigue haciendo) una opción de conciencia válida para enfrentar a los males que aquejan a la humanidad. Con Dioses o sin ellos, los problemas seguirán ahí si no se hace algo para cambiarlo.

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Hace ya como un año nos reunimos varios familiares en casa de una tía para no sé qué cosa. Había comida. Eso es suficiente para mí.

En la plática de sobremesa salió el tema de la Organización Nacional del Yunque. Me sorprendió darme cuenta de que varios de los presentes no tenían ni idea de lo que estábamos hablando. Me encargué más o menos de explicarles de qué se trata el asunto. Les conté que los ultras, de cualquier posición ideológica, siempre están dispuestos a matar por lo que creen. Y lo hacen, que es peor.

Una tía me dijo que no creía que una asociación católica, por más secreta que fuera, matara para lograr sus fines. Que era una aberración en contra de todo lo que un buen católico puede creer. Me burlé en su cara y ahí empezó MI perorata: le dije que CUALQUIER creencia irracional, por definición, es peligrosa. Todas las religiones incluidas. ¿Qué mejor muestra que los atentados del 11 de Septiembre en EE. UU. para probar esto? Y no me salga usted con teorías conspiranoicas, que ése es tema para alguna otra columna. Esos atentados fueron producto de personas que creían que llevando a cabo esas acciones tan deplorables iban a llegar directo al paraíso que los hace imaginar su religión. Menciono esos atentados porque son los más impactantes y los más cercanos en la memoria, pero estoy seguro de que si se hiciera un esfuerzo por difundir el pensamiento crítico-racional, aparte de haberse evitado aquéllos, muchísimos conflictos armados terminarían en el mundo. ¿No sería bueno, por ejemplo, que cesaran los atentados y enfrentamientos a muerte entre protestantes unionistas y católicos separatistas en Irlanda? ¿No sería bueno que en Irán dejaran beber a las mujeres lo que se les diera la gana sin riesgo de que las azoten dejándoles marcadas para siempre? ¿No sería bueno que dejaran de matarse entre judíos y palestinos? Piense usted en cuántos sufrimientos, cuántas vidas humanas, cuántas tragedias, cuánta hambre, destrucción, tortura, violaciones y mutilaciones podrían evitarse si se reflexionaran bien las cosas antes de morir o matar por una bandera, la que sea.

E, insisto, no sólo es la religión (que es el ejemplo más terrible de todos), sino todo el pensamiento irracional como conjunto. Recuerdo otro ejemplo, terrible también: el genocidio de Ruanda en 1994. Se mataron entre las tribus Hutu y Tutsi sólo por ser “de los otros”. Así nomás. El comandante de las fuerzas de pacificación de las Naciones Unidas todavía asiste a terapia psiquiátrica para intentar superar todas las atrocidades que vio cometerse ahí.

Los problemas de ese tipo tienen aristas múltiples y muy complejas, pero al final todas son reducibles al más embrutecido pensamiento irracional.

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Hace poco iba caminando con un amigo y mis primos, que también son mis amigos, por el centro. Es una escena recurrente ver a predicadores protestantes con megáfonos, biblia en mano y dos o tres elfos repartiendo panfletos. Sin embargo ese día íbamos medio ebrios todos. Tampoco es raro que yo vaya ebrio, pero mis primos no lo acostumbran tanto. Un tipo gritó “¡Jesucristo se crucificó por nuestros pecados!”. Mi primo se echó una sonora carcajada. Aparte de la evidente graciosada involuntaria que el predicador enemigo de la gramática se aventó, creo que si de verdad pasó una fábula así, no ha servido de mucho.

Termino con la frase con la que uno de mis dioses paganos, Richard Dawkins (a quien le debe mucho el argumento de esta columna), le dedicó su libro The God Delusion a su amigo muerto Douglas Adams: “Isn’t it enough to see that a garden is beautiful without having to believe that there are fairies at the bottom of it too?".

As: Run Run Se Fue Pa'l Norte - Violeta Parra.

Atte: Juan Ramón.

2 comentarios:

Kareve dijo...

Si algo he aprendido en esta vida y en esta ciudad es que no se puede ser ateo y vegetariano al mismo tiempo. O se es una o se es otra. Me imagino que ha de ser lo mismo con ser marxista y ateo jajaja. Bueno por otro lado me recordó una película (que seguramente no le gustará puesto que hablan francés la mayor parte) pero en realidad es muy buena. Se llama: Va, vis et deviens o camina sin mí en español. Esta película me dejó reflexionando largo rato. En resumen habla de cómo un niño cristiano que vive en un campamento en Sudán en condiciones de miseria y hambruna se ve obligado a hacerse pasar por judío para salvar su vida. Los católicos eran perseguidos y los judíos etíopes fueron desterrados de la que se supone era tierra de todos los judíos, pero ellos no eran reconocidos ni bien vistos en Israel (aparte del obvio problema de la raza etíope, de ser negros) De esta forma el niño de unos 7 años tiene que renunciar a todo lo que conoce de la religión que seguía hasta ese momento y aprender todo lo que implicaba ser judío para que no lo desterraran. Con el transcurso de la película el niño crece (obvio) y comienza a dudar acerca de sus creencias en las que en realidad nunca había creído pero se habían convertido en forma de vida y costumbre (como sabemos que es la vida de los judíos) Incluso, en una parte de la película se encuentran en una sinagoga debatiendo acerca de si Dios es negro o blanco (La ironía de los judíos racistas)
Bueno ¿a qué viene toda esta perorata? A que en diferentes culturas alrededor del mundo como la musulmana que menciona usted en su escrito, la religión está íntimamente ligada a la forma de vida, cosa que dista mucho de la religión católica y más en esta época (por lo menos ahora ya no es así) y esto implica una línea de vida recta derivada de la religión que da con muchas otras vertientes como el comportamiento, la moral, la disciplina, la conciencia e incluso el orden social y los roles sexuales. Creo que nosotros poco podemos comprender (por lo menos desde aquí León Guanajuato) cómo un hombre pueda llenarse el saco de explosivos y asesinar a cientos de personas en nombre de Alá. Y claro que no estoy justificando tal acto. Lo que si me queda muy claro es que son años y años de resignación cultural y de opresión política. Fin jeje
Por otro lado a veces (en mis peores momentos) desearía poder creer en algo o en alguien y envidio a la gente que tiene Fe. No creo que la Fe este peleada con la racionalidad. (Recuérdame hablarte de la conferencia a la que asistí acerca de las religiones del mundo) Y para terminar (por fin) Le recomiendo dos películas (aunque no dudo que ya las haya visto) Una es la de Persepolis, película animada basada en una tira cómica y la segunda es la de solos contra el mundo o The bubble. Ambas muy a doc con el tema. Espero que en otra ocasión podamos divagar acerca de la esfera de Pascal de Borges. Ya sabe, eso de: "Dios es una esfera inteligible, cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna".
Amen

El Compañero. dijo...

Sí se puede ser ateo y vegetariano, si no pregúntele a http://puellaherbae.blogspot.com

Ya había escuchado elogios sobre esa película pero no tenía ni la menor idea de la trama. Mi disgusto por el francés no es tan extremo como para evitar el cine ja, ja, ja, ja. Las discusiones teológicas bizantinas son comunes a todas las religiones. De hecho la expresión "discusión bizantina" proviene de las discusiones absurdas que los teólogos del imperio romano de oriente sostenían. Cuestiones tan importantes como si Dios tiene barba o no.

El problema de la religión es que proporciona un elemento de cohesión identitaria, tribal, que está basado esencialmente en las creencias irracionales. Es un peligro real y los hechos están ahí para demostrarlo.

La opción del esceptisismo y el ateísmo en particular es una elección muy difícil. Aceptar el absurdo, el sinsentido, el caos azaroso que lo gobierna todo, nunca deja de producir angustia. La religión sirvió durante milenios para paliar ese malestar latente, pero el pensamiento humano ha avanzado mucho desde el neolítico y ya no es necesaria. Es como si después de haber inventado el foco siguiéramos iluminándonos con ocotes.

La fe por definición es creer en algo sin tener evidencias de ello. Ése no es un comportamiento cruzado por la razón sino por la mera creencia. Uno puede elucubrar sobre cualquier cosa y me parece maravilloso que así sea. Una de las grandes virtudes del lenguaje es justamente la de poder "crear" cosas que no tienen por qué existir necesariamente, Dios incluido. Igual podemos hablar de unicornios o alguien pudo hacerlo de señoritas que vomitan conejos u otro de un punto en el espacio en donde convergen todos los demás, etc... Que se pueda argumentar sobre eso no quiere decir que tenga que estar ahí necesariamente. Los seres humanos captamos el mundo, la realidad, a través de los sentidos, de la selva de símbolos, como decía Baudelaire... pero cuando se trata de hechos y especialmente de los hechos QUE MÁS IMPORTAN como la cuestión del origen y el destino del cosmos no hay nada que hacer más que recurrir al método que se ha demostrado útil para comprender esa clase de fenómenos: la ciencia. Los aviones vuelan, las escobas no.

Persépolis es una reata.

Precisamente de las lecturas teológicas que hizo Borges, en donde se definía a la eternidad como el instante que contiene todos los demás, es de donde sacó la idea de hacer lo mismo con la que llamó "la modesta categoría del espacio" para "El Aleph", al que ya hice alusión. Por supuesto que Borges era ateo. Le parecía que la sola idea de Dios era fantástica pero absurda e inexistente. Por eso es divertido jugar con esas cosas en el arte. El arte, creo, NECESITA librarse del cristal racional para consumar sus pretensiones estéticas, a mi ver, pero, insisto, cuando se trata de comprender los fenómenos cósmicos y de comprender la verdad, no queda de otra más que el método científico. La poesía es el breve resplandor de la verdad que, a final de cuentas, quizá nunca conozcamos. Fin.

Amén.

As: She Belongs To Me - Bob Dylan.

Atte: Juan Ramón.