lunes, 29 de noviembre de 2010

El Temible Chacharero Esnob II: La Venganza de los Separadores.

Aviso: Si no conocen la terrible historia del Temible Chacharero Esnob les recomiendo leer antes esta vieja entrada antes de empezar con lo de abajo.

Esa noche había planeado ir con Kareve al Chumani, bar alternativo-acá que yo no conocía pero del que me habían hablado bien personas tan elitistas como Elizabeth. Llegué temprano al centro para alcanzar a bolearme los zapatos y comprar un mezcal porque, como es mi costumbre, no tenía dinero para comprar nada en ningún bar y es preferible llegar ya borracho a quedarse sobrio con media cerveza. Me senté en la calzada a esperar a que dieran las 22:00. Kareve había ido al cine con un tipejo y ya después iba a llegar al bar. Le eché unos buenos tragos al Tony para irme entonando.

Tengo que aceptar que en esta ocasión fui la presa ideal, soñada, perfecta, del Temible Chacharero Esnob (TCE). Iba vestido con un saco verde al que yo llamo "el saco del jazz" porque hubo un tiempo en el que siempre que iba a un concierto de esa cosa me llevaba ese saco. La posibilidad de que el TCE se apareciera a esas horas por ahí era remota pero, en caso de que lo hiciera, el hecho de que yo tuviera la nariz pegada a un libro tampoco ayudaba mucho y, además, anulaba la posibilidad de salvación que en un tiempo implicó responderle "no me gusta leer" a sus indecorosas propuestas de venta. Hasta estaba cruzado de piernas como intelectual de la tele, para completar el cuadro.

No tardó mucho en aparecer. Nunca se me había aparecido tan tarde, ni solo, ni en ese punto de la ciudad. Apenas lo alcancé a ver de soslayo cuando supe que la desgracia se había apoderado del principio de esa noche. Se sentó a un lado de mí. Cerré el libro, entorné los ojos y me preparé para el interminable toma y daca que siempre termina por corroerme un poco más el hígado; máxime en esta ocasión, en la que ya tenía nublada la panza y la paciencia. Empezó, con el mismo tono "educado" de siempre:

-Oye amigo ¿no te gustaría adquirir un bonito separador?

-No me interesa. –respondí.

-Mira, tengo de muchos estilos. Son de arte. Mira, hay paisajes y cuadros y fotografías en blanco y negro. –insistió.

-Ya te dije que no quiero nada. –sentencié.

-¿Alguna razón en especial? Incluso, mira, te muestro…- En ese momento, lo juro por el amor que le tengo a la vida, me enseñó la sección de PAYASOS EN BLANCO Y NEGRO de su carpeta infernal- Mira: paisajes, fotografías…

Algo así, lo juro.
-Ya tengo separador.

-¡Pero no como éstos! ¡No de éstos! – Me dijo.

El diálogo había sido más breve y menos machacón que en ocasiones anteriores, pero mi paciencia estaba mucho más mermada. En ese momento ya estaba fúrico y le gritoneé:

-¡Estoy bien con mi separador! ¡Y tengo muchos más! ¡De hecho colecciono separadores! El único problema aquí es QUE NO QUIERO NINGUNA DE TUS PORQUERÍAS.

-¡Dame una razón!- insistió, para no perder sus formas clásicas. Pero, como ya dije, mis defensas estaban anuladas por las circunstancias de víctima perfecta que había tenido ese día - Vas a decir que soy muy terco… ¡Y sí lo soy! – continuó.

No me fijé en su atuendo, pero no era chairo. Seguía en una onda más formal.

Después de decirle las primeras treinta veces que NO QUERÍA sus chingaderas fue cuando recurrió a lo económico:

-La cooperación es de diez pesos, amigo.

-Ya te dije que no voy a comprarte nada –repuse ¿qué más le puede decir a uno esta gente? Tampoco se puede ser grosero.

-Yo sé que la situación económica está difícil y por eso te pido sólo diez pesos. Eso te lo puedes gastar en otra cosa. En un jugo, -me vio dándole a la latabotella- en una cajetilla de cigarros…

-¡Precisamente por eso! ¡Prefiero aprovechar esos diez pesos en una cajetilla de Delicados que en uno de tus separadores! ¡Son horribles, no me gustan, no los quiero! ¡Llévatelos a otra parte!- volví a gritarle.

-Pero es que, mira…- y volvió a soltar las mismas estupideces de toda la vida, a lo que le respondí:

-¡NO! ¡NO QUIERO!

-Bueno… de todos modos, señor: muchas gracias por su tiempo -dijo largándose al fin.

Me quedé pensando en lo mucho que me molesta que me digan "señor".

Supongo que su agradecimiento por todo el tiempo que me quitó mientras alegaba con él para que su evidentemente corta inteligencia se diera cuenta de que no me interesaban sus pinches separadores nacos fue un delicado gesto de amabilidad que yo también debería agradecer.

Al final, preferí ahorrarme el decirle todas las cosas que pienso que debería hacer con su carpeta de separadores y, especialmente, por cuáles orificios corporales debería introducirla.

As: Suffagrette City – David Bowie.

Atte: Juan Ramón.

4 comentarios:

Kareve dijo...

Jajaja lo bueno es que no quisiste ser grosero. No te gusta que te digan señor y yo cási desde siempre te dije que parecías señor y el señor del saco verde y blabla... chale, no sabía que te molestaba.Recordé al tipo del horoscopo chino, y a la señora loca que te pidió un cigarro, y ese dia en especial, jeje. El centro esta lleno de personajes, por eso no soy fan de ir siempre por esos rumbos. Solo que yo no les doy demasiada impotancia. Esta re chido el cepillin. Enojón.

El Compañero. dijo...

Hay mucha gente que me dice "señor". Lo que me molesta es cuando lo hace gente que no conozco. ¿De verdad me veo tan viejón? Tú me puedes decir como quieras.

A ver qué día hago otro post (o varios, mejor) sobre todos los güeyes del centro. Yo en parte por eso es que soy fan de ir nomás ahí 8)

Atte: Juan Ramón.

Alberto dijo...

El horror. A mí nunca me ha tocado de esa gente. Los más molestos para mí son los drogadictos que venden campechanas y garapiñados en las esquinas de los semáforos. ODIO cuando meten como toda la cabezota y la mano y te presionan a que "pruebes" el producto. Lo bueno es que simplemente subo el vidrio, o le arranco y ya.

labatterie dijo...

Esta advertencia queda para el blog en general, pero en estos posts es máximo deber moral recalcarlo.