lunes, 22 de noviembre de 2010

Sobre La Ilíada y La Odisea 1: La Ilíada

Nota: éste es un post "en serio".  Tome en cuenta que de seguir leyendo corre el gran riesgo de quedarse dormido encima del teclado o, en el mejor de los casos, terminarme aborreciendo (si es que ya lo hacía: terminarme odiando) por haberle hecho gastar su precioso tiempo sin ningún provecho. Esta advertencia queda para el blog en general, pero en estos posts es máximo deber moral recalcarlo. Advertido queda, pues.

Recientemente me di cuenta de que era un gran ignorante de la cultura clásica grecolatina.  Fuera de la filosofía, prácticamente no conocía nada de lo que por consenso general se considera el pilar primordial de la civilización en occidente.  Dioses, héroes, guerras, linajes... apenas si conocía algunas historias o nombres inevitables.  Algo como lo que les pasa a la mayoría de los católicos que conozco con sus propias creencias: ven a la biblia, especialmente al NT, apenas como una antología de fábulas y moralejas (como lo que es si la vemos amablemente, pues), saben una que otra hagiografía y repiten rezos como aves amaestradas, pero adolecen de conocimientos más profundos sobre la propia mitología

Y mitología es la palabra clave.  Uno de mis principales intereses desde que recuerdo han sido las historias fantásticas, incluso sobrenaturales, que las colectividades moldean para tratar de explicar el mundo en el que viven y han vivido.  Sin embargo, no bastan las elucubraciones teóricas acerca del mito: siempre es importante conocer los relatos en sí.  Por ese mismo interés, desde muy chico supe algo sobre la religión que profesaba y defendía.  Ya de grande me empecé a interesar por otra clase de cultos más seculares, como el Marxismo y afines.  Pero incluso así, no fue hasta hace poco que comprendí qué gran falta estaba cometiendo al soslayar la antigüedad clásica.  Aprovechando mi interés permanente por los mitos, me di a la tarea de buscar los libros que me pudieran ayudar a rellenar ese terrible hueco.  Las opciones inmediatas fueron, por supuesto, los poemas homéricos.  Pero no entré directamente a esas obras.  Pensé, intimidado, que sería mejor conocer a grandes rasgos algo de mitología griega antes de ponerme a leer los poemas en sí.  Revisité también un libro fundamental para mí: el héroe de las mil caras, de Joseph Campbell.  Libro repleto de sabiduría, es una lectura que no sólo puede ayudar a los estudiosos de la mitología, sino a cualquiera.  Podría decirse que es una extrapolación de los ciclos mítico-narrativos que se producen y repiten en todas las culturas y la demostración de que tal constancia se debe, en realidad, a experiencias comunes, individuales y colectivas, de la condición humana.

Habiéndome instruido un poco sobre los mitos griegos me sentí con pocas más herramientas para leer a Homero.  En conclusión: es un paso que recomiendo para el que esté interesado, pero tampoco es indispensable.  Contrario a su fama para el lector común de hoy en día, Homero no abruma o aburre, ni con su lenguaje, ni con la narrativa, ni  con referencias mitológicas demasiado esotéricas para el profano.

La Ilíada.
Aquiles y Héctor dándose un tiro.

Μῆνιν ἄειδε θεὰ ΠηληϊάδεωἈχιλῆος 
οὐλομένην, ἣ μυρί᾿ Ἀχαιοῖς ἄλγε᾿ ἔθηκε,
πολλὰς δ᾿ἰφθίμους ψυχὰς Ἄϊδι προΐαψεν
ἡρώων, αὐτοὺς δὲ ἑλώρια τεῦχε κύνεσσιν 
οἰωνοῖσίτε πᾶσι· Διὸς δ᾿ ἐτελείετο βουλή
ἐξ οὗ δὴ τὰ πρῶτα διαστήτην ἐρίσαντε 
Ἀτρεΐδης τε ἄναξ ἀνδρῶν καὶ δῖος Ἀχιλλεύς

"Canta, oh musa, la cólera del pélida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves -cumplíase la voluntad de Zeus- desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles"

Con esta invocación a la musa comienza el poema.  Parece un inicio en falso pero, aparte de ser una fórmula tradicional, establece el tema principal, el detonador de la trama: la ira.  Como emoción humana fundamental, es la primera de muchas (si no es que todas) las que se dan cita en esta larga narración.

No hay que dejarse engañar por el estilo grandilocuente, propio de la épica guerrera, o los incansables, bellísimos, epítetos y frases hechas: los temas son los mismos de siempre; los que nos igualan individualmente con el resto de la humanidad.  Tengo la creencia de que los temas del arte, incluyendo la narrativa transmitida oralmente de generación en generación (como lo fueron, en principio, estos poemas) son apenas un puñado bien limitado.  Pueden hacerse variaciones infinitas sobre ellos.  Tratamientos, estilos, personajes, psicología... Al final todo trata de amor, muerte o alguno de sus hermanos menores.  Tomando eso en cuenta, no me parece fortuito que en este caso en particular (que, no lo olvidemos, es el punto de partida de toda la tradición literaria occidental) las circunstancias sean de guerra.  Aparte de las muchas consideraciones sociohistóricas que puedan hacerse acerca del papel de la guerra y los guerreros en las sociedades arcaicas, nadie puede negar que, de todos los aconteceres del hombre, es la guerra (y su contraparte el amor, por supuesto) la que más intensifica la gloria y la derrota; el gozo y el sufrimiento.

A pesar de la fingida distancia que el poeta mantiene con sus personajes, éstos se encuentran magistralmente definidos por sus actos y sus dichos; no es difícil encariñarse con alguno o despreciar a otro.  Tampoco entraña ninguna dificultad, a pesar (insisto) de los prejuicios que el lector pueda tener hacia el estilo de una obra de tan proverbial monumentalidad, ser profundamente conmovido en la sensibilidad por innumerables pasajes de la obra.

La trama es por todos conocida: después de diez años de sitio, en la guerra provocada por el rapto de Helena por parte de Paris (o Alejandro), príncipe troyano, los aqueos se ven privados de la dirección de su más valeroso héroe: Aquiles.  Debido a un conflicto de intereses con el líder de la expedición, Agamenón, el Pelida decide abandonar la pelea.  Esto provoca, como se dice al inicio, infinitos males a los aqueos, que ven sus filas minadas por el infatigable liderazgo del príncipe Héctor.  Diosas y dioses con múltiples motivaciones, (incluso más banales, en muchas ocasiones, que las de las mismos mortales) cruzan el relato provocando, inhibiendo, aconsejando o mal aconsejando... de tal magnitud era el fragor de las batallas en esta guerra que incluso dos deidades salieron físicamente heridas, derramando así su sagrado icor.

Además de ser una obra aleccionadora sobre conceptos éticos, La Ilíada es tremendamente entretenida.  Recomiendo dejar un poco de lado el polvo flemático que rodea a los clásicos y ddisfrutar de la fuerza de las imágenes, de las comparaciones, al fin: del vigor del relato.  Es uno de los puntos culminantes que ha alcanzado la necesidad humana de contar cosas.  Llegados a este punto, la historicidad de la guerra de Troya o del propio Homero no son temas que tengan absolutamente nada que ver con la estética ni con la energía vital que, siendo una historia muy cercana a la muerte, derrocha este poema.  La importancia de esas cuestiones se anula cuando se lee la obra como lo que es de inicio: un gran logro del espíritu del hombre.

Mañana: La Odisea.

As: Gracias A La Vida - Mercedes Sosa.

Atte: Juan Ramón.

1 comentario:

labatterie dijo...

siendo una historia muy cercana a la muerte, derrocha este poema.