miércoles, 24 de noviembre de 2010

Sobre La Ilíada y La Odisea 2: La Odisea.

Nota: éste es un post "en serio".  Tome en cuenta que de seguir leyendo corre el gran riesgo de quedarse dormido encima del teclado o, en el mejor de los casos, terminarme aborreciendo (si es que ya lo hacía: terminarme odiando) por haberle hecho gastar su precioso tiempo sin ningún provecho. Esta advertencia queda para el blog en general, pero en estos posts es máximo deber moral recalcarlo. Advertido queda, pues.

Nota 2: perdón por no cumplir la promesa de subir este post ayer, pero hay compromisos alcohólicos que uno no puede descuidar así como así.

La odisea.
Odiseo pasándose de lanza (literalmente) con los stalkers de su mujer.  Qué envida, la verdad.

Mi  preferencia personal a la hora de decantarme por alguno de los dos poemas se inclina, no sin muchas dificultades, hacia el primero.  Sin embargo, La Odisea es, acaso, la obra que ha tenido más impacto de las dos en el desarrollo posterior del edificio de la literatura occidental.

Y no es algo para extrañarse: para empezar, la abundancia de recursos literarios en la historia del arduo regreso a Ítaca es mayor que en la de la cólera de Aquiles.  De inicio, el relato comienza sin su principal protagonista.  En vez de eso conocemos a su unigénito: Telémaco (literalmente, "el que lucha lejos").  La historia del regreso de su padre es quizá más famosa hoy en día que la de la guerra que originalmente fue la causa de que el rey dejara su patria.  Hasta Los Simpson tienen su versión propia de la Odisea.

Es un relato lleno, colmado, de motivos imaginativos de  una belleza casi indescriptible.  Siendo la historia de las vicisitudes de un solo hombre hombre, puede que sea más fácil identificarse con ella.  Aun cuando seguramente ninguno de nosotros ha visto cómo un cíclope devora a sus amigos o hablado con Atenea, todos hemos tenido la necesidad de llevar a buen fin las empresas que se apoderan de nuestra voluntad, no importando cuántas sirenas quieran seducirnos con su canto.  Atados al mástil de nuestro deseo, todos hemos atendido con entereza a las dificultades del camino de la vida; o de un solo día, como aquel célebre dublinés.

Contada de forma no lineal, La Odisea se distingue de La Ilíada también por la mayor importancia que tiene el elemento sobrenatural en ella.  Es un hecho evidente: hay más magia en la Odisea.  La relación de la aventura al rey de los Feacios, poblada de seres imposibles y sortilegios de todo tipo, es el núcleo alrededor del cual se teje (todavía con mayor presición que en la Ilíada) la definición psicológica de Odiseo, "fecundo en ardides".  También así se nos muestra posible entender más cabalmente la fidelidad y esperanza ciegas de Penélope hacia su rey ausente.  Sólo así comprendemos el valor juvenil de Telémaco que, prácticamente sin haber conocido a su padre, reta a los inicuos pretendientes haciéndose a la mar para buscar noticias de él y, al final, se le une en la masacre final; masacre descrita de una forma que haría palidecer al gore más hardcore de hoy en día.

Encontramos, de una forma más íntima, menos colectiva y beligerante, las características definitorias que se buscan en la épica.  La llanura se sustituye por el mar, pero el coraje intachable de los héroes y la justa recompensa del implacable destino siguen palpitando con toda su fuerza en el lujo infatigable de esas palabras escritas hace ya miles de años.
***

En resumen: la lectura de estos dos monumentales poemas, pilares de todo lo que entendemos por narrativa en esta mitad del planeta, es una cosa que recomiendo hacer aunque sea una vez en la vida.  No hay pretextos.  La belleza de lo narrado naturalmente elimina cualquier prejuicio, reparo o miedo que le podamos tener a estas historias que, en recompensa por animarnos a conocerlas, nos dejan con el placer de sabernos capaces de asombrarnos e indignarnos con las mismas cosas que han maravillado y rebajado a todos los hombres desde que comenzaron a caminar en dos patas hasta hoy.

As: Little Child - The Beatles.

Atte: Juan Ramón.

4 comentarios:

Kareve dijo...

Debería de dedicarme a escribir post de este tipo y me ahorraría algunos problemas. Así como lo pintas (y como me contabas fragmentos, muy entretenidos por cierto) dan ganas de ir corriendo a leer ambos poemas. Apuesto a que serías re-bueno haciendo prologos y reseñas de libros. A la mayoría de la gente (pocos lectores) les falta paciencia para los clasicos, creo que por su contenido descriptivo y de la misma manera uno lo disfruta más cuando se instruye en el tema (y se frustran cuando al leerlos caen en la cuenta de su tremenda ignorancia, me incluyo) o cuando apasiona, pero ya casi no hay pasion para nada y mucho menos para los clasicos. La gente hoy tiene prisa todo el tiempo y más bien usa estos libros para adornar el librero.

Me gusta creer que habrá tiempo para leerlos con calma y disfrutarlos... es frustrante saber cuantos libros nos faltan.

Como me dijo alguna vez mi profesor de la casa de la cultura: Hay tiempo para todo y hay libros e historias para cada tiempo.

... besos, Kareve.

El Compañero. dijo...

Deberías dedicarte a escribir a secas. Siempre habrá gente que esté de acuerdo con nosotros y otra que no. Qué suerte que sea así ¿no crees? Ya quisiera yo escribir la mitad de bien de lo que tú escribes. No te acongojes. Es normal (y bueno, creo) que la palabra escrita siga siendo lo suficientemente importante como para causar conflictos. Si la despojáramos de ese elemento corrosivo perdería mucho de su atractivo.

Ya sabes que lo mío son las "mermas del blog". Mi estilo de contratapa es detestable, pero no está tan mal como las contratapas de los clásicos que vimos en la Plaza Fundadores, incluidos estos dos poemas ¿te acuerdas? je, je.

La pequeña tesis de estos dos posts es justamente la de que no hay una sola razón realmente válida para tenerle miedo a los clásicos (en esta ocasión a los griegos)como no hay ninguna razón para tenerle "miedo" a ningún libro. No importa que, desgraciadamente, las élites y los esnobs se hayan apropiado de la cultura: las historias que conmueven, las buenas historias, serán siendo de toda la humanidad, tanto hace tres mil años como hoy. El aura de reverencia y temor cuasi religioso no es otra cosa que un obstáculo, uno terrible, para algo tan sencillo como leer. No se necesita abstraerse demasiado de la rápida vida moderna o volverse un "ermitaño antisocial" (je, je) para hacer algo tan simple como eso.

Todos somos pasionales por el sólo hecho de ser humanos, creo. Pero es cierto lo que dices: a veces, hoy en día, ni siquiera hay espacio para eso. Infelizmente todavía habemos algunos tarugos como yo que le siguen apostando a las pocas cosas buenas de la vida. Y apostando todo, porque si no no tiene chiste. Eso incluye al amor, por supuesto :) O a los griegos.

Es MUY frustrante pensar en todas las cosas que no hemos leído, visto, escuchado, etc... Y aun más saber que moriremos sin haber conocido muchísimas cosas... ¡Qué mejor motivo para tratar de vivir la vida con pasión!

Besos y abrazos.

Atte: Juan Ramón.

El Compañero. dijo...

Pd: Me gustaría hacer algo así como lo de ese dibujo de Odiseo con dos o tres conocidos tuyos je, je, je.

te kiero miiil! Nnk KmbIezzzzzz!!!!! XoXo

labatterie dijo...

La belleza de lo narrado naturalmente elimina cualquier prejuicio.