jueves, 31 de marzo de 2011

De los pinches policías 4 (o Grandes Ideas).

Todas las experiencias que he tenido con la policía han sido muy desagradables.  Creo que hay algo de inicio: representan todo lo que detesto.  El control, la disciplina, la cerrazón, la violencia, la ignorancia, las ganas de joder al próximo, el abuso de poder (porque autoridad no tienen ninguna, puercos), las corruptelas...  Todos conocemos bien ese campo semántico.  Una corporación que debería servir para protegernos a todos suele volcarse contra cualquiera que se les da la gana, tengan o no razones suficientes para hacerlo.  Son la encarnación más tangible del autoritarismo, de la barbarie más detestable.  Sus criterios suelen ser tan estrepitosamente estúpidos que pueden dejar asombrado al más distraído.

Pero para que no se vuelva uno de esos chorizos intragables que a veces espeto, mejor haré una enumeración de algunas experiencias que he tenido con los chotas y les dejo los juicios a quienes me lean.

Aquí la cuarta:

(Gracias a mi Kareve por dejarme usar su foto)

Todos sabemos lo difícil que es dar con una buena idea.  Incluso en temas y situaciones que uno cree manejar con holgura, las ideas muchas veces no fluyen.  Esto puede provocar situaciones muy embarazosas pero, por fortuna, a veces mis amigos tienen ideas tan brillantes que nadie puede resistirse a ellas.  Su practicidad, su elegancia, su sencillez, no pueden ser refutadas.  Un ejemplo muy claro:  estamos en casa de alguien embriagándonos; de pronto notamos que no tomamos precauciones y nuestros suministros se han acabado.  En vez de desesperarnos, a uno de nosotros se le ocurre emprender un viaje exprés a la 'ciudad' hermana de Lagos de Moreno, Jalisco con el propósito de conseguir más alcohol y poder continuar la borrachera como se debe.  ¿Qué se le puede reprochar a esa proposición? Lagos queda apenas a una media hora de camino.  Perfectamente borrachos, viajar en una carretera de doble sentido y con muchas curvas peligrosas no nos produce el menor temor.  Sólo vamos por más cervezas, regresamos y ya está.  A tomar hasta que amanezca.Ya otras veces se han ido a Guanajuato nada más por el gusto de emborracharse lejos de casa, pero yo no he participado.

Llegando a Lagos, el compañero (laguense) que propuso el viaje se descontrola y no sabe encontrar la fuente de provisiones.  Es entonces cuando se nos ocurre otra límpida idea: preguntarle a un policía.  Se supone que están ahí para ayudarnos sin importar si estamos sobrios o no.  Entonces vamos dando tumbos por el centro del pueblo buscando a un policía.  Al compañero laguense se le ocurre una maravillosa tercera idea: hacerse pasar por un turista extranjero.  Es conocido que en este país somos más corteses con los forasteros.  De un momento a otro y aprovechando su excelente conocimiento del inglés, mi amigo se convierte en canadiense.

Los policías no parecen compartir el entusiasmo de nuestra genial cadena de ingenio y, en vez de brindarnos auxilio, nos someten y nos cachean mientras otros policías miran, con los fusiles cargados.  Mi amigo lago-canadiense se pone a discutir con otro policía que, por lo visto, no domina el inglés ni el buen humor:

-Do you know where is the malicón?
-Ya chavo, saquen las broncas.
-Excuse me! I don't speak spanish!  I am canadian! Do you know where the malicón is?
-Ya no te hagas güey, compadre.
-I don't understand what you'r saying, dude! I'm canadian!

Y así, por una media hora.

Como sólo perdíamos el tiempo con esos policías ignorantes y sin aprecio por nuestra brillantez, varios de nosotros, con mucho dolor, tratamos de convencer a nuestro compañero de abandonar la genial idea del canadiense.  Después de un rato, nos dejan ir sin mayor problema.

De regreso a León, mientras nos lamentamos por habernos encontrado con personas tan descorteces, se nos revienta una llanta en plena carretera apenas a unos kilómetros de la entrada a la ciudad.  Nos preparamos para una noche más larga y difícil de lo que habíamos esperado.

Es muy difícil dar con buenas ideas y podrán decir lo que quieran de las que tuvimos ese día... pero que nadie me niegue que emborracharse con los amigos siempre estará entre las ocurrencias más dichosas en la vida de todos.  ¡Salud!

As: Radio Free Europe - R.E.M.

Atte: Juan Ramón.

viernes, 4 de marzo de 2011

La raíz secreta.

Casi nunca pongo citas en este blog porque no es mi intención repetir a los otros para compensar el trabajo de pensar y escribir algo por cuenta propia.  La diferencia es que ahora acabo de leer un párrafo que me deslumbró.  Se trata de una revelación que ya no voy a poder desconocer; una que, al fin, procede de algo que siento como EL espíritu.  Se trata de la última cosa que dice Borges en la última página del último segmento (acerca del tiempo) de "J.L. Borges-Osvaldo Ferrari. Reencuentro.  Diálogos inéditos" editado por Señales en 1999.

«Es que quizá seamos eternos.  Todo es posible.  Hay algo en nosotros que está más allá de las vicisitudes de nuestras historias.  Y eso uno lo siente cuando a uno le ha ocurrido algo terrible; a mí me ha pasado, por ejemplo, bueno, una mujer me ha dejado, y yo me he sentido normalmente desesperado.  Y luego he pensado: qué puede importarme lo que le sucedió a un escritor sudamericano, llamado Jorge Luis Borges, durante el siglo XX.  Es decir, hay algo en mí, algo en mí eterno, que es ajeno a mis circunstancias, a mi nombre, y a mis aventuras o desventuras.  Creo que eso lo hemos sentido todos, ¿no?, y creo que es un sentimiento verdadero: el de una raíz secreta, que uno lleva, y que está más allá de los hechos sucesivos del vivir.»