lunes, 30 de mayo de 2011

Viacrucis de Chapalita.


Nunca había podido ir a ningún viacrucis, procesión o cualquiera de esas cosas que se acostumbran en semana santa.  Sólo a veces, por tv, veía el viacrucis de Iztapalapa, que no dejaba de ser una opción más de la tv abierta en esos días, junto con los veinte peplums de siempre y los homenajes a Pedro Infante.

Aun así, siempre había querido asistir a uno.  Antes por devoción, ahora sólo por curiosidad.  Este año aproveché que Kareve vive justo por donde se hace uno de los viacrucis más tradicionales de la ciudad y desde hace meses quedé con ella para acompañarla a tomar fotos.

Mi ídolo.

Desde que iba caminando rumbo a casa de Kareve, al pasar por el templo, vi los escenarios montados. Pensé que los viacrucis son, ante todo, obras de teatro. Obras de teatro populares, religiosas: teatro primordial. Las actividades de semana santa son dramáticas como la misma festividad o, en sí, la historia bíblica de la pasión de cristo. Que el teatro se haya modificado con el tiempo no le quita el ser una necesidad.

Sin obras "bicentenarias", ni luces, ni reglas de etiqueta, los viacrucis son muestras actuales del teatro original.  La gente chifla, se ríe, grita, escupe, se pelea o fuma.  A nadie se le pide apagar su celular;  ni siquiera a los actores. A la mujer que hacía de María Magdalena le sonó el tono de "I don't speak americano" a todo volumen y con toda naturalidad se limitó a apagar el aparato. 

El sol de abril rostiza y no hay sitio para comodidades pero, por lo que vi, hay escarnio público para el que trata de ser civilizado.  Una mujer se la pasó gritando como loca "¡BAJEN LAS PINCHES SOMBRILLAS!" por un buen rato, sin ningún efecto en la gente que no quiere volverse más morenita.  Tampoco hay demasiado lugar para la exactitud histórica, ni es gran problema que el greñudo interpretando a Cristo tenga un tatuaje cholo en el brazo derecho. No todos los católicos son tan obsesivos como Mel Gibson, que desde que hizo su película sobre el tema ha dejado huella en estas cosas; muestra de eso fue que, aparte de los personajes habituales, había un personaje pseudo andrógino, con capucha, que no hacia nada más que andar por ahí, como en la película. Se supone que es el diablo.

Por morbo, fervor o lo que sea, la gente que asiste a un acto como éste comparte el gusto por escaparse un poco de la vida común y atestiguar una historia que no por conocida deja de estar llena de brutalidad y dramatismo, aspectos caros para todos aquí.


Todas las fotos cortesía de Kareve.

Atte: Juan Ramón.

2 comentarios:

Kareve dijo...

jeje difiero un poco con lo del personaje andrógino con capucha puesto que era una vieja hiper chola con uñotas de acrílico.Sin lugar a dudas, el viacrucis es una manifestación cultural "pura" en todos sus elementos, incluyendo o de los celulares y las sombrillas que no dejan ver.

Besos...Kareve

Alberto dijo...

Si yo fuera una puta a punto de ser apedreada por el pueblo, obvio también tendría We Don't Speak Americano como ringtone en mi celular. Algo hace clic entre esas dos premisas.