jueves, 1 de septiembre de 2011

Babosadas que pueblan mi cuarto.


  Como anoche no podía dormir, me puse a buscar mi guante de billar.  Apenas comenzaba  la búsqueda cuando di con el caballito y me pregunté si todavía serviría.  Lo tengo desde hace como diez años y su chiste es que si le pones una pila en la panza y le subes la cola es capaz de caminar de forma autónoma.  Según yo ya no funcionaba, pero carezco de pilas útiles en mi cuarto para comprobarlo y fue hasta que lo tenía todo despanzurrado cuando se me ocurrió la genial idea de ir por una del control de la tele.

  Ya había conseguido mi ansiada somnolencia pero tuve que desarmar y volver a armar al puto caballo varias veces debido a errores minúsculos que arruinaban toda la operación.  En determinado punto pude hacerlo funcionar perfectamente y debí haberlo dejado por la paz en ese momento; pero me habían sobrado como tres tornillos y la necedad no me permitió darme por vencido.  La última vez que lo armé ya no quiso funcionar y terminé rompiéndole una pata por accidente.  Ahora respeto mucho más a todos los relojeros del mundo.  Si manosear las piezas de un pobre caballo de juguete es UNA CHINGA, no quiero ni pensar en la joda de los que mantienen funcionando al Big Ben o algo así.

No me quiero deshacer de él, pero eso es lo que hacen con los caballos fracturados en las películas (y en las canciones de Bronco) :(



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Elizabeth se fue a la playa y lo único que me trajo fue una pinche langosta con un imán en el vientre que terminó pegada en una lata de mi escritorio.  A Kareve le trajo una taza para su adicción compartida: el café.  Discriminan, pues, a quienes encontramos más disfrute en un vaso de agua que en un menjurje de color sospechoso que además te quema la lengua y te hace ver colores cuando cierras los ojos.

El camioncito también es una lata (literalmente) y originalmente contenía unos dulces muy sabrosos.  Ahora lo uso para tener algunos papeles a la mano.

El caleidoscopio con vestido Pollock me lo hizo Kareve y lo quiero mucho más que a la mayoría de las cosas que tengo.



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¿Apoco no rifa este tecolote? Era de los que mueven la cabeza con el aire, pero ahora la tiene eternamente inclinada hacia adelante. Como ya está muy viejo, lo tendría que someter a una delicada intervención quirúrgica para librarlo de sus afecciones en el pescuezo y la experiencia con el caballo me dejó lo suficientemente nervioso como para no volver a meterle mano a otro de mis tiliches en un buen rato.


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No recuerdo si alguien me dio esa piedra o yo la recogí.  Tampoco recuerdo por qué me pareció buena idea tenerla en un librero.

El monito es el único sobreviviente de una amplia colección de sellos que trollearon las hojas de mis libros para colorear (hace mucho tiempo de eso, como podrán imaginarse).


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La máscara de coyote es una cuatro ojos amiga de todos los niños asustadizos.

El dibujo fue el regalo artesanal de una ex novia para mi cumpleaños 18 o 19 (no recuerdo bien).  También fue el  pretexto para uno de los episodios de patanería machista más detestables que tuve con ella.


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Quise compartirles las formas de rosetón de catedral LaVeyana que uno ve cuando se asoma al caleidoscopio que Kareve me hizo pero es muy difícil y sólo salió esto:




As: Bullet With Butterfly Wings - The Smashing Pumpkins.

Atte: Juan Ramón.

4 comentarios:

Kareve dijo...

Cosas bonitas. El museo de los recuerdos con regalos de las novias. Yo digo que no sacrifiques al caballo, quizá aún tiene arreglo con super colaloca o algo así. Lindas las fotos del caleido, mi gusta.

Jenny Susy dijo...

Monchis, hay tantas pero tantas cosas en tu recamara y tan interesantes que deberias hacer una segunda parte...de tu recamara, entre tantas cosas recuerdo el letrero pegado al techo de decia algo asi " lenvatate flojo" jaja o algo asi jaja besos!

El Compañero. dijo...

Quería tomar más pero se le acabó la batería a la cámara. Claro que haré otro post así después. Ya me harté de que mi mamá monopolice la cámara y no la use para nada. A ver qué día también tomo fotos en el centro.

Atte: Juan Ramón.

Bigmaud dijo...

Lo de la piedra es insuperable. Mis respetos, no puedo hacerle competencia.