viernes, 7 de octubre de 2011

Beware.

Muchas personas creen que tienen que estar enteradas de todo y ganar las discusiones a toda costa.  Crean polémicas donde no las hay solamente para demostrarle a los demás que ellos tienen la razón en éste o aquel asunto.

No suelen tener ideas propiamente dichas, sino un nutrido cargamento de frases hechas, consignas y tarabillas que sueltan como metralla sin que nadie se los pida.  Creen estar dejando claro que todos los demás somos vulgares ignorantes sin algo que decir sobre nada.

Cuando su contrincante (real o adecuado a la ocasión) demuestra dominio suficiente sobre el tema que ellos decidieron sacar en ese momento, se retuercen como lombrices y recurren a todas las falacias conocidas.  De hecho, son un buen manual para estudiar lógica argumentativa. Sólo hace falta maniobrar con destreza sobre uno de los temas en los que ellos se sienten autoridades divinas para exprimirles hasta la última gota de estupidez que uno puede esperar de un diálogo entre seres humanos, junto con todas las argucias tramposas que prevería cualquier manual de retórica.

Esta descripción corresponde con facilidad a cualquier pedante que trate de meterse con nerviosismo en alguna plática, pero lo realmente peligroso de quienes hablo es que, aprovechándose de la ignorancia ajena, suelen estar en puestos de supuesta autoridad, desde donde tienen el púlpito y los feligreses necesarios para  realizar lo que siempre han necesitado: que los reconozcan como una clase superior a la de los simples terrícolas.

Algunos terminan ejerciendo como ministros religiosos.  Otros varios solucionan su vida volviéndose charlatanes y, por lo que me ha tocado ver, el grueso de esta gente terminan de profesores o políticos.  Puestos en los que, aparte de la autoridad que se autoproporcionan, tienen la que las organizaciones les dan.  Peor: tienen poder para que esa falsa autoridad tenga efectos tangibles en tus calificaciones, tu trabajo, tus planes de vida, tus preferencias (incluso las sexuales) y, en resumen, tu vida.

Ya están ahí y seguirán estando.  Hay que tener cuidado.

As: Java - Juan Cedrón.

Atte: Juan Ramón.

lunes, 3 de octubre de 2011

Fugaz.

Estaba viendo los bailes del Festival de Danza Folklórica junto con Kareve, enfrente de la casa de la cultura.  Prendí un cigarro y casi inmediatamente llegó un cholo con el pelo al ras y diseños de estrellas rapados en él.  Como no podía o no quería hablar, me hizo señas para que le regalara un cigarro.  Me dio flojera prender otro y le di el que apenas había comenzado.  De una planilla de calcomanías sacó dos.  A ella le pegó la que decía "ERES MI FANTACIA" (sic) y a mí la de "Contigo hasta el Fin" (sic).  Luego se fue.