viernes, 6 de enero de 2012

Christopher Hitchens (1949-2011)

Hitchens murió por una neumonía derivada del cáncer el jueves 15 de diciembre. El constante cigarro, el interminable vaso de whisky.  Cuando anunció que tenía cáncer  surgieron muchos ridículos diciendo cosas como que Dios le había dado el cáncer de esófago como represalia por utilizar su penetrante voz para blasfemar contra el sagrado Nombre —cosa que hizo con mucha prominencia pero nunca, que yo supiera, utilizando su tracto digestivo para ello.  Hubo otros que expresaron su apoyo y públicamente pidieron oraciones para su recuperación.  Esto lo vi en una entrevista y me intrigó la respuesta que pudiera ofrecer para algo así.  Lo que hizo fue agradecer la solidaridad, pero aseguró que no iba a ser por magia de ningún tipo que él pudiera librarse de su enfermedad. También dijo estar seguro de que nunca se retractaría de lo dicho o lo hecho y que, en caso de que fuera así, la entidad que lo hiciera no iba a ser Christopher Hitchens sino alguien mas, seguramente con el cáncer extendido a sus funciones cerebrales.

El Hitchens  que escuchamos y leímos era alguien que parecía estar constantemente buscándole el lado difícil a las cosas, el lado que podía causar problemas y encontrando siempre las saildas más complicadas, los vericuetos más sinuosos y las palabras más auténticas.  Se notaba que estaba en un constante cuestionamiento interior, seña del verdadero sabio. Podía frasear con maestría cualquier párrafo, fuera sobre Dios, Norcorea o las minucias de la elaboración del té.  Siempre elegante y prosódico, meticuloso y armado con una envidiable claridad de pensamiento.

 La muerte le llegó más pronto de lo que esperábamos y, hasta donde sabemos, fue leal a su vida.  Ahora se convierte en un signo de moralidad y congruencia intelectual para todos los que decidimos ir por el mundo libres de las trabas que imponen el pensamiento irracional y las visiones distorsionadas del mundo; sin estar sujetos a las ataduras que producen vivir en la creencia sin evidencia y la negación a la crítica, la duda, la información.  Será un símbolo también para todos aquellos convencidos de que el nuestro es un universo moral que no puede darse el lujo de relativizarse ni de faltar a las citas que la honestidad y la coherencia nos exigen a todos.  Por todo eso, gracias al gran Hitchens.  Espero que podamos honrar la memoria de su vida y su pensamiento con la misma altura con la que él vivió y pensó.



Atte: Juan Ramón.