miércoles, 7 de marzo de 2012

Solar Quartet.


Existe una discusión sobre qué tan determinante es el papel del receptor en el proceso de creación artística.  Hay quienes creen que el artista debe ser un alquimista aislado en su torre, efectuando transmutaciones legendarias sin apenas reparar en lo que sucede afuera de su universo.  Hay otros que afirman que ninguna obra de arte es entendible sin sus circunstancias y que el público debe estar siempre en la mente del artista, quien sólo es un propiciador de efectos.  Es justo la clase de discusiones que provocan dolores de cabeza y vehementes peticiones de principio precisamente entre quienes no nos dedicamos al arte ni a la alquimia.  Para mí, el objetivo del artista debe apuntar más bien a alguien que reciba (escuche, lea, vea) sus obras de forma activa, participando con su propia humanidad; no al que simplemente espera ser complacido, sino al que completa por sí mismo lo que se le ofrece.

Solar Quartet no deja de responder al compromiso primordial que un artista debe tener hacia su propio arte, pero tampoco considera como meras abstracciones a quienes los escuchamos.  Es una música hecha para exigir a las audiencias.  Se supone que éstas son maduras, dispuestas a participar, no los monigotes que suelen asistir a los rituales de la seriedad cooltural.  No se permiten concesiones, pero tampoco exponen un galimatías esotérico.  Sus piezas son de artillería: ser trata de minar la complacencia, la mediocridad.

¿Con qué otro género podrían llevar a cabo esta visión sino con el jazz?  Aparte de ser muy competentes en las -por llamarlas de algún modo- estructuras del género, los miembros de Solar Quartet aprovechan la versatilidad que les ofrece para intercalar formatos que los que parcelan la música consideran exóticos, sin darse cuenta de que el alma que los recorre es una sola.  Las cadencias más reconocibles de, por ejemplo, el huapango, toman sentido en medio de los brillantes solos que apuntalan la improvisación.  De la aparente deriva caótica de piezas como "Quetzalcóatl", poco a poco se van desmadejando los motivos que sirven de sostén a las composiciones.  Hay también piezas ("En Un Suspiro", "N.A.") que montándose más decididamente en el avant-garde provocan escenas de excitación, melancolía o introspección profundamente emotivas.  También aportan al repertorio las piezas que en fluida celebración permiten imaginar el júbilo que deben experimentar estos músicos ejerciendo su arte.  Así, "Atl" ha sido usada en distintas ocasiones como pieza final y clímax de sus recitales.

A mí me produce una sincera satisfacción el hecho de disfrutar a una banda así en esta ciudad, cuya mediocridad muchas veces parece invadirlo todo.  No es ése el caso de Solar Quartet, quienes con su música abren una grieta por donde vislumbrar que las cosas, para que realmente valga la pena gozarlas, deben hacerse con calidad, talento, amor por la vida y pasión por lo que se hace.

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Para los que quieran saber más de la banda, les dejo una entrevista al pianista, Adalberto Tovar, hecha por mi compa El Jero y un video.  Disfruten.

-La entrevista aquí:  

-El video:



Atte: Juan Ramón.

lunes, 5 de marzo de 2012

Sabor chino.


   Volví a comer estos chicles.  Recuerdo que antes me compraba unos cuatro paquetes cada vez que iba a ver una película a los Cinépolis de Centro Max.  Ya diez años de eso, caray.  De cuando mi mundo no abarcaba mucho más que la secundaria, mis dos únicos amigos de entonces, Tolkien y The Beatles.

   En el fondo sigo siendo un ñoño intimidable y las cosas que más me mueven siguen siendo muy pocas.  Quizá el sabor de la relevancia tiene la costumbre de presentarse en dosis tan elementales como un paquete de chicles chinos.  No lo sé, pero ahora ese paquete rojo me transmite un golpe inmediatamente emocional; una sacudida contra la inercia.  Es un testamento de que lo más común (una canción, una piedra, un garabato, un nombre) nos puede otorgar, aunque sea de modo fugaz, un refugio contra el olvido.

As: Sur - Edmundo Rivero.

Atte: Juan Ramón.