lunes, 5 de marzo de 2012

Sabor chino.


   Volví a comer estos chicles.  Recuerdo que antes me compraba unos cuatro paquetes cada vez que iba a ver una película a los Cinépolis de Centro Max.  Ya diez años de eso, caray.  De cuando mi mundo no abarcaba mucho más que la secundaria, mis dos únicos amigos de entonces, Tolkien y The Beatles.

   En el fondo sigo siendo un ñoño intimidable y las cosas que más me mueven siguen siendo muy pocas.  Quizá el sabor de la relevancia tiene la costumbre de presentarse en dosis tan elementales como un paquete de chicles chinos.  No lo sé, pero ahora ese paquete rojo me transmite un golpe inmediatamente emocional; una sacudida contra la inercia.  Es un testamento de que lo más común (una canción, una piedra, un garabato, un nombre) nos puede otorgar, aunque sea de modo fugaz, un refugio contra el olvido.

As: Sur - Edmundo Rivero.

Atte: Juan Ramón.

2 comentarios:

Kareve dijo...

Escribes muy bien, tu. A mi me da cosa que te lo tragues. Ya me imagino tu bola de chicles en tu panza de aquel entonces. Yo prefiero los de café pero me acuerdo que a mi papá le gustaban esos. Saludos!.

El Compañero. dijo...

Escribo pura cursilería. No me lo trago :(

Atte: Juan Ramón.