lunes, 30 de abril de 2012

Los pollitos.


Fui a comer al Pollo Feliz.  La fecha y el lugar son relevantes porque en ese lugar solían o suelen regalar pollitos vivos el 30 de abril.  En una de esas veces, cuando tenía unos siete años y la fecha de mi primera comunión se acercaba, también fui a comer Pollo Feliz con mi mamá el día del niño.  Salí muy contento con mis pollitos amarillos, que fueron mi bien más preciado durante esos días.

Llegó el día de mi primera comunión.  Había sido un muy destacado alumno en el catecismo y me habían ensuciado tan bien las neuronas que hasta pregonaba que iba a ser sacerdote cuando creciera.  Por suerte fue una de las vocaciones efímeras de mi infancia, como la de torero o la de "inventor"; pero mi abuelita y mi mamá estaban tan contentas que me organizaron una fiesta en el patio por haber comido la dichosa oblea.  Hubo el pastel y las hordas de primos que siempre se juntaban en mi casa.  Por desgracia para mi ego el cielo se nubló y tuvimos que terminar la sesión de pleitesía al nuevo miembro de la grey anticipadamente. Los pollitos estaban encargados con un primo, quien puntualmente los olvidó en el patio.  Cuando llegué de la escuela al día siguiente la noticia era que los había matado la lluvia.

Algunos años después, ya estando en secundaria, me volvieron a regalar pollitos vivos en el Pollo Feliz.  Esta vez los cuidé con mucho más esmero, al grado de que nos los comimos a casi todos en un cumpleaños.

As: (Nice Dream) - Radiohead.

Atte: Juan Ramón.

5 comentarios:

El jero dijo...

muy buen cierre, me hizo reir

Kareve dijo...

según yo ya había comentado pero no salió. Dije: Que malo eres! pero mejor ni digo nada porque yo los apachurraba con la mano :S

Yashira dijo...

Pobres pollitos, muertos porla lluvia, curiosamente también la lluvia es la responsable en el relato que has publicado en el Microrelatista, desde dónde vengo, se ve que es un tema que te gusta.
El final de tu relato tiene sus migas, porque a mí me habría costado mucho comerme a esos pollos después de haberlos criado con esmero, aunque supongo que dependería del hambre que tuviera.

Un saludo desde mi mar,

El Compañero. dijo...

Pues sí, la lluvia es una de las cosas que me gustan más especialmente, pero nunca había pensado en qué tanto sale como tema en mis balbuceos.

Los pollos estuvieron deliciosos, gordos, jugosos y sin culpas.

Gracias por comentar.

Atte: Juan Ramón.

E. Latortuga dijo...

¬¬... Pobres pollos. Cuando tengas hijos los voy a robar y me los comeré.