viernes, 1 de junio de 2012

Buen ánimo.


La cara de foto corre por cuenta de Satchmo.  Yo no compito.

Para empezar, estando en la prepa todavía hacía mis trabajos a máquina.  Siempre me daba pena preguntar al principio de los cursos si los trabajos sólo podían entregarse en computadora, porque yo no tenía una en casa y los cibercafés todavía no eran tan accesibles.  La mayoría me respondía que sí, pero mamones nunca han faltado en el mundo.

Cuando al fin pude tener mi PC (en febrero del 2006), no tuve la precaución de verificar si tenía tarjeta para internet inalámbrico, sobre todo porque ni siquiera tenía idea de qué fuera eso.  Cuando me di cuenta, sobre todo al entrar a la universidad, de que mis necesiades habían virado, una lap era demasiado pedir tomando en cuenta que apenas me habían comprado la de escritorio.
No es que mi casa sea grande o tenebrosa y el traslado desde mi cuarto hasta "la otra sala" (así le decimos aquí al cuarto en donde tenía la PC) fuera especialmente terrible: es una cuestión de intimidad, de espacio vital.  De poner una distancia aunque sea tenue entre la perpetua observación cuervo-parental y el lo-que-se-me-dé-la-gana.  De irse ganando un poco de independencia, aunque sea de a poco y en la propia casa.  De tener cualquier chunche que uno quiera a la mano sin necesidad de ir de un lado a otro, de escuchar música como la gente ha escuchado música por años y no en archivitos carentes de alma sin necesidad de cargar el aparato de una parte a otra.  Ahora mismo, para celebrar, puse un disco de Louis Armstrong que compré hace poco; nuevo pero viejo. Sólo lo había tocado unas dos o tres veces antes de ésta, que es ocasión para celebrar.

Quizá la panza me crezca por eliminar la distancia entre mi cuarto y La Otra Sala, disminuyendo así unos metros a los 10 que incluye mi rutina de ejercicio diario.  Pero también puede que me cambie el humor lo suficiente como para animarme a salir a correr.  Así de poderoso es para mí el simple cambio de una computadora de escritorio a una portátil.

A veces cuando iba a casa de Kareve (con frecuencia, de hecho) le decía que le cambiaba su cuarto por el mío.  Y no es que prefiriera especialmente sus cosas a las mías, o que no me importen mis objetos, etc.  sino que ella siempre ha tenido la computadora ahí mismo, mientras que yo al principio tenía incluso que salir de mi casa.  Ahora trataré de no envidiar cuartos y de darles un consejo tonto de tía católica borracha: ¡Valoren!

As: I Ain't Got Nobody - Louis Armstrong.

Atte: Juan Ramón.