lunes, 16 de julio de 2012

Tabasco dos mil...doce.


Ya había dicho esto en un viejo post, pero no importa: una de las cosas que más disfruto de viajar a Villahermosa es abrir los ojos por la mañana, en el camión, y descubrir que amanecí en otro mundo.  Al cerrarlos alcanzaba a ver por la ventana montes muy oscuros, recordaba la central de Córdoba, tenía tapados los oídos por la altura de Orizaba.  Cuando despierto el vidrio está empañado, signo de que el frío que padecí durante las muchas horas de camino ahora no es más que un engaño.  Las gotas resbalando en el cristal son una modesta bienvenida a las aguas de Tabasco.  Y el verde, que lo abarca casi todo (lo que no es verde es agua y viceversa): incontenible, afanado en brotar por donde quiera.  Las primeras bocanadas de aire bajando del camión son asfixiantes, confirman la ilusión marca ADO.  El agua da un segundo saludo, hostil, colándose a los pulmones en la respiración de una atmósfera cargada con los que parecen ser todos los ríos, todas las lluvias, todos los pantanos.

 La humanidad y la naturaleza de Tabasco manan inagotables, indiferentes al sentido común.  Los puentes carreteros parecen imitaciones de una ruina olmeca, llenos de plantas y de moho creciendo en cualquier pedazo.  Quien haya exiliado a las plantas de la infraestructura carretera evidentemente no le puso suficiente atención al sureste.  Los animales tampoco tienen demasiado interés en respetar los compartimentos de la razón; no es raro encontrar cocodrilos tomando el sol a orillas de la laguna que atraviesa parte de Villahermosa —y que se llama, por cierto, "de las ilusiones". 

Ya puestos a hablar de espejismos, no resulta muy difícil imaginar la época en la que a Villahermosa sólo se llegaba por agua.  La ciudad que Graham Greene comparó con Venecia antes de que el sol y el calor de la mañana siguiente lo forzaran a retractarse.  La misma época en que Garrido Canabal se dedicaba a destruir iglesias,  fusilar curas y hacer fogatas con santos y crucifijos: la mesura no existe aquí ni para la razón.

Quizá la palabra que mejor defina a este lugar sea inundación. No como catástrofe, sino como un permanente desbordamiento de todo lo que pueda escapársele al dique de la normalidad:  colores, vegetación, lluvias, fervores, calor, ríos, el petróleo.  Todo está brotando todo el tiempo de quién sabe dónde.  Como si la muerte nunca pasara por aquí.


As: I Can't Believe You're In - Charlie Parker.
Atte: Juan Ramón.



6 comentarios:

Elizabeth G.L. dijo...

u_u... y como si los cocodrilos tocaran jazz en cada esquina de las plazas públicas.

El Compañero. dijo...

¡Pues con tanta cosa que hay! ¡Ya la ciencia avanza muy rápido joven!

As: Chains - The Beatles.

Atte: Juan Ramón.

Anónimo dijo...

De lo que he leído de tu blog, es de mis favoritos.

Ruy

El Compañero. dijo...

Muchas gracias.

Atte: Juan Ramón.

Josel Ramez dijo...

Me parece muy interesante tu perspectiva, yo soy de Tabasco y no es muy seguido que me encuentre con opiniones tan bien estructuradas y bien infundadas de lo que es mi tierra, que sin duda es un caudal de interpretaciones, tanto positivas como negativas, pero sin duda hay un argumento el cual todos estamos concordamos... Tabasco es un lugar el cual hay que visitar y los que lo conocieron apenas vieron una rama de la ceiba, Tabasco es un lugar para visitar por años, tiene tantas cosas que ni yo con 20 años de vivirlo lo he terminado de conocer... Gracias por tu post y suerte.

Hoteles en Coatzacoalcos

El Compañero. dijo...

Mil gracias por leerme, Josel. Tienes razón, Tabasco es tan hermoso como inagotable. Siempre se añora estar allá para descubrirle más gozos.

Atte: Juan Ramón.