domingo, 28 de octubre de 2012

Estado del arte.

Durante los seis años que duré bebiendo alcohol, lo que mayor sufrimiento me causaba era sentir que no era libre.  Creo que si hay algo sustancial en nosotros es la capacidad para acertar y errar deliberadamente.  Podemos -o por lo menos tenemos la ilusión de que así es- escaparnos de nuestros dictados genéticos para actuar fuera de las restricciones que vienen "de fábrica".

Cuando me embriagaba ni siquiera sentía que fuera yo el que cometía las estupideces.  Gran parte del remordimiento de entonces se debía a que mi yo "normal" se sentía escindido del yo "borracho" aunque  fuéramos el mismo.  Es algo como una posesión; un mal espiritual cuyo síntoma más visible es la desmesura.  Lo que me dolía era no poder actuar o dejar de hacer lo que fuera si no era asumiendo que debía estar embriagado siempre, como si eso no afectara en nada mi conducta.  Y aunque los dolores de cabeza y las culpas estuvieran ahí a diario, la voluntad se hallaba tan torcida que ni siquiera eso bastaba para ver que cualquier justificación era ridícula.

Estoy cumpliendo un año sin haber tomado una gota de alcohol.  Hace apenas doce meses nunca hubiera imaginado escribir esa frase con sinceridad, pero así es.  No necesité un contador tonto en el blog como en varios de mis intentos anteriores.  En este tiempo he cometido errores y aciertos acaso más profundos que los que había perpetrado en los años de embriaguez.  Me duelen profundamente los unos y me enorgullecen los otros, como siempre.  La diferencia sustantiva es que ahora los siento completamente míos.  Los fallos han sido terribles y muchas veces dudo si merezco ser el autor ineludible de mis actos.  La carga de ser libre no es sencilla y aprender a vivir con uno mismo sin escapes o coartadas es quizá la labor más complicada que hay.  Sin embargo, estoy convencido de que ese trabajo, por arduo que sea, es el más remunerado.  Si los tropezones son peores significa que todavía tengo muchos dragones a los que asesinar antes de encontrar lo que vale la pena de mí mismo.

Hace un año, en la cruda de mi última borrachera, regresé temblando a la casa con uno de los sentimientos de vacuidad más horribles que he sentido jamás.  En el camino traté de serenarme y recordar (como en la famosa y bella escena de Manhattan) cuáles son las cosas que para mí hacían que valiera la pena seguir vivo.  Recuerdo algunas con certeza, entre ellas la luz del otoño y Louis Armstrong (sí, también como en la película).  Llegando prendí la computadora y puse esta canción:




Llegó un nuevo otoño y yo sigo aquí.  Su luz me sigue poniendo melancólico pero feliz al mismo tiempo; por ser capaz de verla y por saber que todas las personas que todavía me quieren a pesar de mí la ven también.  Siento que ahora mis acciones me pertenecen un poco más que hace un año, para bien o para mal.

Los tiempos cambian, como dice Bob Dylan.

Atte: Juan Ramón.

6 comentarios:

Supernova Girl dijo...

Felicidades Juan Ramón. No cabe duda que esta persona sin sustancias que controlen su ser me ha llegado a encantar. Eres un ser que merece conocerse y disfrutar su compañía. Un abrazo. Gracias por permitirnos conocerte tal y como eres.

Catriela Soleri dijo...


Hacerse responsable por lo que se dice y hace, es sin duda una de las cosas más difíciles que existen, pero necesaria. Muchas felicidades por este primer año.

El Compañero. dijo...

Gracias :)

Atte: Juan Ramón.

Karla Evelia Gasca Macías dijo...


Hola... independientemente de lo que haya sucedido, y con el sentimiento que me embarga de haber sido parte de esa vorágine alcohólica que te rodeaba y nada más; igual, feliz año de sobriedad y ojalá vengan muchos más. Kareve

Anónimo dijo...

La buena noticia es que lo ha hecho muy a tiempo compañero, la perspectiva de esos años dolorosos será tan corta en un tiempo que con voluntad humana (que tiene que ver mucho o todo con la libertad por cierto) seguro le resultará muy fácil no regresar. Siempre me ha parecido una persona transparente pero me da gusto leerlo tranquilo y sincero. Y ya sabe que aquí andamos aunque no nos veamos jaja.

Paulo.

El Compañero. dijo...

¡Hey! ¡Muchas gracias, compañero!