viernes, 15 de marzo de 2013

Autómata de la desdicha.

 Mis expectativas sobre la vida universitaria se habían disparado, alimentadas por una masa de clichés y malentendidos que había estado acumulando durante varios años.  En el tiempo anterior a mi primer día de clases me dormía muy tarde viendo las películas que programaban en el canal cinco de madrugada.  Me mordía los dedos más que nunca y los nervios se me fueron estirando hasta que, llegado el momento, me levanté a las cinco de la mañana pensando "bueno, ahora sí va en serio la jugada".  Pensé que la madurez se me iba a abrir en el momento en que pusiera un pie como alumno en las aulas universitarias.  Sería una buena ocasión para despedirme de la adolescencia.  Soy un tipo ritualista y ningún rito apreciable puede renunciar a la música.  ¿Qué representaba mejor lo que sentía?  Los Beatles, por supuesto.  Habían sido mi pase hacia algo parecido a na identidad y sin su presencia mi vida hubiera sido algo muy diferente.  Pude haber conocido y gustado de otras cosas en el amino, pero los Beatles seguían siendo lo más puro; su música se había conectado conmigo de golpe y sin pedir permiso: directo a mí y a lo que me afectaba.  Pero no iba a poner nada demasiado sofisticado, sino apenas el segundo disco que les escuché: "A Hard Day's Night".  Era música joven, fascinada con el porvenir.  Un disco excelente, aunque obscurecido por los grandes highlights de su carrera, que vendrían poco después.  Esto lo pienso ahora, pero entonces fue un empuje casi irracional el que me hizo elegir ese disco como el condenado a recordarme siempre ese día.  Era agosto del 2006 y sentía que la época en la que todo mi mundo se cifraba en John, Paul, George y Ringo (seis años atrás de eso) era una de las cosas a las que les soltaba la mano.

Nunca he tenido mucha imaginación, ni mucho menos poderes premonitorios.  Para mí el pasado es lo único que activa imágenes en la cabeza.  Jamás habría podido elucubrar siquiera lo que pasaría horas después cuando, incluso antes de la primera clase, la coordinadora me amenazó con no dejarme entrar al día siguiente si no me cortaba el pelo.  Bienvenido a la vida adulta en versión LaSalle.  Lo siguiente, hasta el momento en que escribo esto, se le hubiera escapado hasta a la bola de cristal más afinada.  Por ejemplo; que repetiría ese ritual del regreso a clases 12 veces más (en lugar de las 7 previstas).  En cada uno de esos retornos puse el "A Hard Day's Night" antes de salir de la casa el primer día.  Fue hasta esta decimocuarta ocasión cuando un hecho me asaltó: había pasado más tiempo desde mi entrada a la carrera que el que había transcurrido desde entonces hasta la época en la que escuché el "A Hard Day's Night"recién salido de la tienda.

Mis poderes de escritura no son muy buenos, así que no sé si lo que dije se entienda. Explico otra vez: en el 2006 yo ya veía con nostalgia la época de mi beatlemania más acentuada. Volteaba a ver aquel entonces con una sonrisa de suficiencia que ahora interpreto como de una insoportable ingenuidad. Y desde el 2006 hasta ahora ha pasado aún más tiempo del que entonces me parecía permisible para la añoranza.  No he sabido todavía si este hecho debe tener importancia más allá de esclarecer que mi tendencia a desdeñar el presente —hasta no ver que se ha desvanecido lo suficiente para idealizarlo— no sólo ha perdurado en mi catálogo de defectos emocionales, sino que se ha acentuado.  Noto entonces que hay partes de mí que me acompañan todo el tiempo, cualesquiera que sean las circunstancias.

 A los 17 años escuchaba a los Beatles con la misma reverencia con que los escuché a los 11 y con la que los escucho justo ahora, a los 24.  Me definieron como persona y ahora son parte de mí como lo han sido y serán de millones de personas muerta, vivas y por nacer. De lo mejor de nosotros, quiero apuntar.  Por otro lado, el que soy una máquina de nostalgia —más sus arreglos y variaciones— es tan cierto ahora como hace 7 años.  También es parte de mí y de otros millones de personas.  No es un lado del que me sienta orgulloso, pero todavía no encuentro una manera eficaz para evitar ser yo que no implique aniquilarse.

¿De qué sirven estas pequeñas certidumbres sobre uno mismo? ¿De qué sirve errar, tratar de enmendarnos, volver a asumir que no tiene caso negarse y todas estas dosis de azoro que nos pasan por las tripas de vez en vez? ¿Tienen que servir para algo?  ¿Tengo que servir para algo?  Entonces George empieza a cantar "Here Comes The Sun", como dando una palmada en el hombro mientras dice que no hay por qué arruinarse y volverse un autómata de la desdicha.  Las respuestas nadie las conocerá, pero un azar improbable propició el que tú, que habitas bajo el mismo sol, me estés leyendo ahora y con eso basta por el momento.


As: Because - The Beatles.

Atte: Juan Ramón.

3 comentarios:

Carlos Anaya dijo...

Compañero, muy interesante su texto. Hay mucho que aprender de usted.

El Compañero. dijo...

Gracias por leer y por su comentario, compañero. Que todo esté marchando bien.

As: Jelly Roll Blues - Louis Armstrong.

Atte: Juan Ramón.

Carlos de la Parra dijo...

De acuerdo con la beatlemanía.
No olvidar que los mismos Beatles se declararon seguidores de Elvis.
En varios modos Elvis comenzó a cambiar al mundo.