martes, 31 de diciembre de 2013

Último día del 2013.

Cada momento que pasa es inédito —nos dice la evidencia.  A pesar de que a veces nos engañemos creyendo que la mayor parte de los días se parecen, nunca hay un instante igual al anterior.  Todo cambia todo el tiempo.  Pero aun así hay cosas más nuevas que otras, primeras veces más memorables que las primeras veces que estamos experimentando toda la vida.  Para mí este año hubo bodas, viajes, desengaños, azares y esperanzas que sería tan imposible tratar de desmenuzar como de sintetizar.

Resumir es una tarea de necios.  Todo está lleno de sutilezas, de acotaciones, de riquezas.  En la dicha hay dolor y viceversa, siempre.  En medio del tono de extrema jodidez que tuvo la mayor parte del año, hubo días llenos de emoción (como el 10 de agosto).  Días que me recordaron el otro lado de la vida, el que puede brindarnos lo mejor y más atesorable.

Nunca voy a volver a olvidar el cumpleaños de Bob Dylan.

Que el siguiente año refute mi pesimismo y las cosas se pongan cada vez mejor.

¿Qué demonios tienen todos contra U2? ¿Qué demonios tienen todos contra las películas del Hobbit? Se agradecen las explicaciones.

Atte: Juan Ramón.

PD: este año se recordará como el último que tuvo Breaking Bad al aire.  En mi corazón (lo he dicho en ocasiones) esa serie ya es como los Beatles, Star Wars o Tolkien.  Nuestras tragedias o victorias personales palidecen al lado de tanta grandeza.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

El diablo es una calabaza.

El San Miguel Arcángel que está en el corral de mi casa.

Nunca tuve bien claro a qué se dedicaba mi tío pero recuerdo que siempre traía cubetas con desperdicios para los puercos que teníamos en la casa.  Las cargaba en un guacal que tenía montado en la parrilla trasera de su bicicleta, con la que se movilizaba a todas partes.

El tiempo en que mi tío y yo nos llevamos bien se reduce a mi primera infancia y la memoria es un asunto complicado, sobre todo cuando se trata de esa época.  Recuerdo —por ejemplo— con mucha claridad que me hacía tronarle los dedos de las manos.  Yo ni siquiera sabía que existía esa extraña costumbre que consiste en provocar ruidos con las falanges propias sin que se desbarate la estructura ósea por completo.  Hay otras cosas que no recuerdo tan claramente o que no sé si me las inventé con el paso del tiempo.  Lo que quiero contar entra en la segunda categoría.

Un día mi tío me dijo que nos fuéramos a a dar una vuelta. Me subí al guacal, que ya no tenía cubetas llenas de desperdicios pero seguía oliendo como si las tuviera.  Siento que en esa época estamos más cerca de los perritos que de los humanos, lo cual puede ser encantador pero también inconveniente.  Al recordar esos paseos me imagino como si tuviera orejas largas, la lengua (también muy larga) moviéndose con el viento por fuera de mi hocico elongado, contento, sentado entre el aroma de algo que ahora podría describir como vómito de puerco.

Íbamos con rumbo a San Miguel, el barrio vecino.  Fue el año que estuve yendo a un colegio por aquel rumbo, así que más o menos sabía dónde me encontraba.  Creí que me iba a pasear por la escuela sin detenerme a pensar en la posibilidad de que el mundo no se redujera a los lugares que tenían que ver conmigo.  Me sorprendí cuando comenzó a detener la bicicleta frente a la fachada del templo. Se bajó frente a un nicho con la imagen de San Miguel Arcángel venciendo a Satanás.

—Mira, ése que está ahí abajo es el diablo.  —me dijo mi tío.

—¿Cuál es el diablo? No veo —le respondí.

—Ése, el rojo.  ¿Qué no lo ves? Se me hace que nada más te estás haciendo.

—No tío, de veras no lo veo.  ¿Es eso ahí abajo que parece como una calabaza? ¿O es un camote?

—¡¿Cuál calabaza?! Yo no veo ninguna calabaza. ¡Mira! ¡Mira! ¡Fíjate bien! ¡Ahí está! ¡Es rojo y tiene cuernos!

—¡Ah, sí! ¡Ya lo vi bien! —exclamé sin dejar de ver a la calabaza, a pesar de los vehementes esfuerzos de mi tío por que volteara a ver al "enemigo malo".

—¿Ya viste? Si te portas mal, cuando te mueras va a venir por ti y te va a llevar al infierno —remató y de alguna manera sentí miedo de la calabaza que veía.

Así, un paseo en bicicleta resultó ser mi primer lección de espiritualidad: el demonio tiene forma de calabaza.



As: Tony's Theme - Pixies.

Atte: Juan Ramón.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Te extrañamos, John.

El retrato (regalo de mi papá) que tengo enfrente todos los días.

Hoy me desperté muy tarde (es domingo, digo).  Después del inevitable mal humor me di como tres segundos para pensar en qué disco llevarme para escuchar en el camino.  Casi por instinto agarré el "Lennon Legend".  Digo casi porque no fue hasta que regresaba a la casa, varias horas después, cuando recordé que hace 33 años un loco imbécil asesinó a una de las personas más importantes de mi vida.  Porque John Lennon es una de las personas más importantes de mi vida.  Forma parte de ese grupo de seres humanos a los que no puedo dejar de recordar ni un solo día.  Por una u otra razón siempre hay algo que hace que los tenga presentes.  Algunos están vivos, pero muchos también están muertos.

Nací ocho años y cacho después de su asesinato.  Nunca respiramos el mismo aire ni anduvimos bajo el mismo sol, pero me gusta pensar que eso es lo de menos.  John Lennon, sin jamás tener la más leve sospecha de mi existencia, la afectó para siempre.  Sé que desde hace décadas existen muchos millones de personas como yo; personas que no podrían entender nada de lo que son sin la vida y obra de Lennon.  Es un gran motivo de alegría saber que el poder y la belleza de su arte han conmovido a tantos seres humanos a través del tiempo, sin que su presencia física sea necesaria.  Eso no quita el que todos desearíamos que estuviera vivo.  Porque a pesar de que, como dije, jamás sospechó tan ingente cantidad de individualidades (es imposible, no era un dios aunque nos lo quieran hacer creer), nos afectó y sigue afectándonos a todos.  Es patrimonio de la humanidad, pues.  Todos extrañarían a la muralla China si de repente algún neoliberal desquiciado (valga la redundancia) se pusiera a dinamitarla de la noche a la mañana, a pesar de que la mayoría de nosotros no ha estado nunca ahí.  Pues lo mismo con John Lennon.

Nos haces mucha falta, hombre.

Atte: Juan Ramón.