domingo, 8 de diciembre de 2013

Te extrañamos, John.

El retrato (regalo de mi papá) que tengo enfrente todos los días.

Hoy me desperté muy tarde (es domingo, digo).  Después del inevitable mal humor me di como tres segundos para pensar en qué disco llevarme para escuchar en el camino.  Casi por instinto agarré el "Lennon Legend".  Digo casi porque no fue hasta que regresaba a la casa, varias horas después, cuando recordé que hace 33 años un loco imbécil asesinó a una de las personas más importantes de mi vida.  Porque John Lennon es una de las personas más importantes de mi vida.  Forma parte de ese grupo de seres humanos a los que no puedo dejar de recordar ni un solo día.  Por una u otra razón siempre hay algo que hace que los tenga presentes.  Algunos están vivos, pero muchos también están muertos.

Nací ocho años y cacho después de su asesinato.  Nunca respiramos el mismo aire ni anduvimos bajo el mismo sol, pero me gusta pensar que eso es lo de menos.  John Lennon, sin jamás tener la más leve sospecha de mi existencia, la afectó para siempre.  Sé que desde hace décadas existen muchos millones de personas como yo; personas que no podrían entender nada de lo que son sin la vida y obra de Lennon.  Es un gran motivo de alegría saber que el poder y la belleza de su arte han conmovido a tantos seres humanos a través del tiempo, sin que su presencia física sea necesaria.  Eso no quita el que todos desearíamos que estuviera vivo.  Porque a pesar de que, como dije, jamás sospechó tan ingente cantidad de individualidades (es imposible, no era un dios aunque nos lo quieran hacer creer), nos afectó y sigue afectándonos a todos.  Es patrimonio de la humanidad, pues.  Todos extrañarían a la muralla China si de repente algún neoliberal desquiciado (valga la redundancia) se pusiera a dinamitarla de la noche a la mañana, a pesar de que la mayoría de nosotros no ha estado nunca ahí.  Pues lo mismo con John Lennon.

Nos haces mucha falta, hombre.

Atte: Juan Ramón.

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