domingo, 16 de febrero de 2014

Curiosidad.

"So play the game "Existence" to the end
Of the beginning, of the beginning, of the beginning, of the beginning, of the beginning "
John Lennon.



La experimentación por definición incluye la posibilidad del éxito tanto como la del fracaso.  Puede ampliar de un golpe lo que sabemos y sentimos sobre el mundo o puede dejarnos una frustración difícil de superar.  Sin importar el resultado final, el objetivo de experimentar es ampliar la forma en que percibimos la realidad expandiendo los límites del conocimiento y el ámbito de la experiencia —dentro del cual la experiencia del arte ocupa un lugar central.  Experimentar es, pues, afinar la conciencia de forma efectiva, sin tintes absurdos de New Age ni orientalismos machacones.  La experimentación es la puesta en marcha de la curiosidad, la aplicación del deseo de saber qué hay en la otra orilla y arriesgarse a saberlo de primera mano.  A veces, por supuesto, el río nos puede arrastrar en su corriente antes de que podamos llegar al otro lado.  Otras veces sí logramos llegar a la ansiada ribera y entonces es cuando la vida humana cobra su más profundo sentido, por pequeño que sea el experimento.

Tomorrow Never Knows es testimonio memorable de una sola ocasión en que la curiosidad y el riesgo condujeron a una nueva manera de vivir.  Una conjunción de factores (la fama, la industria, lo que sea) funcionaron como un gran amplificador cultural y, a través de canciones como ésta, sociedades enteras cambiaron su forma de percibir la música, la juventud, el mundo.  Los Beatles alteraron —insisto— la conciencia de la humanidad.

En muchas ocasiones los cambios más intensos comienzan por simples curiosidades, por ganas sencillas.  Curiosidad como la que nos lleva a poner los pies en el suelo después de haber atravesado un continente de locuras durante la noche, o ánimos como los que no dejan que la tristeza acabe de matarnos cuando las circunstancias se ponen bravas.  Cuando se acaba la curiosidad por saber qué tienen las cosas (y qué tenemos nosotros) para ofrecer es cuando vivir pierde en verdad nuestro interés.  Mientras, por mal o plano que vaya todo, deberíamos evitar ejercer el derecho a estar aburridos y poner en práctica con más frecuencia la necesidad de saber qué hay más allá.

Atte: Juan Ramón.