martes, 6 de mayo de 2014

Again...




Hace diez años empecé a conocer y escuchar mucha de la música que me sigue importando hasta ahora.  Como no soy un arriesgado aventurero sónico en permanente búsqueda de nuevas experiencias, ni mucho menos un "melómano" fanfarrón que lleve como estandarte lo peculiar de sus descubrimientos, la música común que me pegó a los quince años sigue siendo la música que prefiero.  Esto no quiere decir que mis gustos hayan permanecido invariables o que mi psicología siga siendo la misma de alguien con sólo tres lustros de experiencia en este mundo, no.  Al contrario.  En estos diez años he vivido cosas que entonces ni siquiera podía imaginar.  Muchas expectativas se derrumbaron, otras nacieron; entré, salí, regresé... En ese entonces creía que para estas fechas iba a estar conduciendo un Mini Cooper y gastando todo lo que ganara en discos.  La realidad es que sigo sin saber manejar o lo que es ganar unos centavos con esfuerzo propio.  Ni coche, ni discos, ni nada.

¿Entonces qué me sigue diciendo esa música, que entonces me pareció una revelación y ahora considero parte de mi intimidad profunda?  Quizá tuve suerte en elegir música que en vez de derrumbarse junto con mis aspiraciones se fuera enriqueciendo y hasta clarificando.

Un ejemplo: en aquel entonces creía conocer como mi cara de qué iba lo que Ian Curtis y Joy Division bramaban en "Love Will Tear Us Apart".  Mis primeros sufrimientos amorosos tuvieron frecuencia continua y por lo tanto –creí– yo sabía de lo que Ian hablaba.  Ahora me da un poco de vergüenza confesar estas cosas, haber siquiera pensado semejante despropósito.  Sigo sin entender la canción, sin haber experimentado las cosas que provocaron su creación, pero estoy seguro de que puedo sacar más conexiones en claro de ella que en aquel entonces.  "Love Will Tear Us Apart" me habla mejor ahora, lo que me hace esperar que en otros diez años tenga aun más resonancia y así sucesivamente.  También me hace creer que por eso bandas como Joy Division y artistas como Ian Curtis siguen ganando vidas atentas a su arte con cada generación.  

No creo que esto sólo suceda con la música que yo escucho. Lo más probable es que todas las personas y los tonos que las acompañan tengan eso misterioso; algo que cambia tanto como perdura: una ligera ilusión de eternidad en la que se puede participar con tan sólo ir escuchando, ir viviendo.

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