domingo, 7 de septiembre de 2014

#10bookschallenge.

Tres amigas me pidieron que listara diez libros.  No estoy muy seguro del criterio a seguir porque he visto muchas variaciones, así que elegí uno que simplemente me gustó: libros que me cambiaron la vida.  Lecturas de las que salí siendo alguien distinto, cada vez más parecido a mí.  Me encantan los juegos y las listas arbitrarias, así que obviando los reparos usuales, les cuento (por orden de aparición):



-Rius.
No menciono ningún libro en particular porque, aunque no los leí todos (¿Quién lo ha hecho?), sí leí muchos.  Rondaba por la casa desde que me acuerdo, así que seguramente fue de las primeras cosas que agarré para leer.  Pasé por tres fases de lectura bien distintas, conforme fueron llegándome: su ecologismo-newagero-vegetarianista militante, la educación política y la difusión del pensamiento crítico.  Como muchas personas, me volví ateo y de izquierda gracias a sus monos. Es una presencia tan ubicua que a veces se nos olvida, pero Rius es el gran educador de México.


-"Narraciones extraordinarias" de Edgar Allan Poe. 
Mi maestra de quinto de primaria —que también era mi mamá— tuvo la idea de organizar una biblioteca en el aula.  Nos pidió a todos los alumnos que lleváramos uno o varios libros para compartir con quien quisiera tomarlos del anaquel improvisado que pusimos en un rincón del salón.  Una compañera llevó un libro muy extraño, con páginas de papel revolución y el dibujo de un cadáver descuartizado y verde en la portada.  No tenía idea de quién fuera el autor, pero el primer cuento (sobre un gato, el alcohol, la locura...) fue también la primera inmersión en un vórtice del que todavía no salgo



-"Las flores del mal" de Charles Baudelaire.
¿Quien se resiste a un título como ése? Yo nunca he sabido cómo combatir las tentaciones.  Descubrir que  Satanás, el vino, la perversidad o las mujeres diabólicas eran motivos para la poesía tan (o más) potentes como el perfume de las flores fue (primero) un pretexto para escandalizar a mi maestra de sexto de primaria —mi mamá, otra vez— y (después) un combustible perenne para el espíritu.



-"Final del juego" de Julio Cortázar.
Después de haber chapoteado en los Beatles y en Tolkien hasta que se me pusieron las manos de viejito, mi papá decidió que era momento de ayudarme a nadar en otras aguas.  Dijo que me iba a comprar un libro de Cortázar.  Me habló de él con tal entusiasmo que mi interés no pudo sino activarse con la misma intensidad.  El libro fue "Final del juego".  El golpe recibido me sacudió tanto que todavía no termina de zumbar.  La lectura de cosas como "La continuidad de los parques", "La noche boca arriba" o "Axolotl"  fue una experiencia iniciática.  A los catorce años entendí, gracias a este libro, que la literatura podía ser más, mucho más, de lo que creía hasta entonces.  Todavía me estremece pensar en el misterio que encierra «leer con los ojos a los muertos» (como dijo el que dijo); que un señor argentino de hace medio siglo haya podido condensar en palabras  una visión del mundo tan reveladora y ctónica a la vez, tan resonante para quien era yo en el 2003, en  León, sobrepasó el límite de lo que pude soportar y me lancé directo a la admiración sin límites —hacia Julio y hacia un poder secreto, hecho de palabras, que diluía la ya de por sí porosa división entre la imaginación y el mundo tal y como lo experimentamos todos los días.



-"El arco y la lira" de Octavio Paz.
Otra recomendación de mi papá.  La Poética de Octavio Paz, su manera de entenderlo todo a través del lenguaje, su lumbre devastadora, me hicieron vislumbrar otra vez el abismo que apenas arañamos.  La otra orilla.  Pasión por el misterio; traer un poco de su sombra al breve contenedor de las vidas humanas.



-"Ficciones" de Jorge Luis Borges.
De Cortázar brinqué a Borges, no sin dificultad.  Lo primero que leí fue la edición facsimilar del manuscrito de "El Aleph" (el cuento) que el Colegio de México  publicó en 2001.  Lo leí en el 2004 y me dejó un poco bastante frío.  Uno o dos años después di con los sonetos que le dedicó al ajedrez y fue hasta entonces que sentí una enorme fascinación por la inteligencia y el conocimiento de un hombre genial puesto al servicio del asombro y la catalogación de maravillas.  Una vez más mi papá entró al quite y me regaló en un combo "Ficciones" y "El Aleph".  La capacidad de Borges para construir laberintos de bolsillo brilla en este libro que desde el título indica lo que es: puro cuento.



-"Cómo acercarse a la poesía" de Ethel Krauze.
Acompañé a mi mamá a la secundaria que está por mi casa.  No recuerdo a qué asunto iba y en realidad no tenía muchas ganas de acompañarla, así que preferí pasar el tiempo en la pequeña biblioteca del lugar.  Ahí encontré una edición escolar de "Cómo acercarse a la poesía".  

Conocía la colección "Cómo acercarse a..." porque durante algún tiempo pensé dedicarme a la medicina y había comprado "Cómo acercarse a la medicina" en la librería Educal —que en aquel entonces atendía el papá de mi amigo Ruy.  El número dedicado a la poesía me sorprendió al descubrir que no se trataba de un manual técnico ni nada parecido.  La misma Ethel Krauze declaraba su alejamiento intencional de esa clase de aproximación.  Decía que la única manera honesta que se le ocurría para hablar de la poesía era contar cómo había sido su propio acercamiento.  

El libro es impecable y, sobre todo, me emocionó al descubrir que había personas capaces de expresar con mucha elocuencia las cosas que a mí también me pasaban.  Ella habla de una especie de melancolía, una pesadez plomiza —pero bella— que sucede al descubrir un verso poderoso, una historia resonante.  Sigo leyendo este libro cada vez que me siento desanimado: me recuerda que siempre hay una multitud de razones para la pasión.



-"Aura" de Carlos Fuentes.
 En una clase de español en secundaria me habían obligado a leer "La muerte de Artemio Cruz" y no entendí nada.  No estaba acostumbrado a una literatura tan arriesgada, tan capaz de brincar de una persona a otra, de un tiempo a otro.  Terminé confundido y vociferando que era una porquería inentendible.  Años después me compré "Aura" por pura curiosidad y, ahora sí, el estilo moderno de Fuentes me golpeó como debía.  Era, además, una historia de fantasmas, brujas, doppelgängers, reencarnación... Un misterio que aparentaba ser interminable —hecho curioso para un libro que puede leerse en tres idas al baño.



-"Watchmen" de Alan Moore y Dave Gibbons.
A veces creo que unir imágenes a la palabra escrita es, si se hace bien, la manera más poderosa que hay para comunicarse.  Empecé a leer cómics desde que aprendí a leer, y aunque nunca he sido un coleccionista obsesivo, existen pocas cosas que disfrute más.  Leí muchos cómics antes de llegar —tarde o temprano— al maestro absoluto del medio y a una de sus obras maestras.  Casi sentí que todo lo anterior había sido un rodeo.

  Los temas de Watchmen son profundos y amplios: la naturaleza del tiempo y el espacio, el sentido de la vida, el absoluto, Dios (su ausencia), las pasiones, la complejidad astronómica de la existencia humana... Parece fácil hablar de cosas que a todos nos importan, pero sólo un artista superior es capaz de darles el brillo que se merecen a través de una historia, un material y una estructura que parecieran inevitables.  En "Watchmen" la relojería funciona porque no falta ni sobra nada.  En las grandes obras de arte —no creo que a estas alturas alguien ponga reparos a que un cómic lo sea— la forma es lo mismo que el fondo.  Y el brujo de Northampton se regocija, infinito.



-"La Ilíada" de Homero.
Todo viene de los griegos, eso nos lo dicen al inicio de cualquier clase sobre cualquier cosa —clases en las que vemos  con mucha frecuencia títulos que no pasan de ser una línea sobre un libro de texto: nombres de libros que son como ciudades intimidantes en las que uno prefiere no entrar solo por miedo a perderse de inmediato.  Por suerte nadie nunca me exigió leer a Homero por obligación.  Llegué, como a todos los demás libros de esta lista, por pura curiosidad.  Y la recompensa fue enorme.  Es un libro bellísimo, lleno de poesía, violencia y magia.  Los dioses y los hombres siendo lo que son: aliados y enemigos; padres e hijos; guerreros y cantores.  El tono —elevadísimo, nunca desfallece— acompañó un momento de mi vida en el que yo también sentía que los dioses habitaban este mundo.

Fue el primero de los tres únicos libros que me han hecho llorar.

2 comentarios:

Isaías Mora. dijo...

Yo me casaría con Ethel no importa que esté viejita, la amo.

El Compañero. dijo...

Isaías: I know that feeling, bro :'(