miércoles, 11 de marzo de 2015

Boyhood.





«My experience of life is that it is not divided up into genres; it’s a horrifying, romantic, tragic, comical, science-fiction cowboy detective novel. You know, with a bit of pornography if you're lucky.»
Alan Moore.


Boyhood, al contrario de lo que cacarean muchos, no es una película de gimmick.  Filmar a los mismos actores durante doce años fue con un propósito exacto: elevar la verosimilitud a niveles poco vistos (si es que vistos del todo) en el cine.  Esto no es accesorio en una película que busca ante todo reflejar de forma realista el paso del tiempo.  

Es una ficción, nunca trata de engañar a nadie diciendo lo contrario, pero es una ficción que intenta reproducir el mundo que vivimos de la manera más cercana posible.  Estamos acostumbrados a una clase de cine en el que todo es artificio.  Todo son grandes juegos pirotécnicos, grandes personajes, grandes decorados, grandes historias, grandes dramas.  Grandes celofanes.  En Whiplash, por ejemplo, se sacrifica la verosimilitud sin afectar la calidad porque el drama es muy intenso.  Los personajes (inolvidables) colisionan, sacan chispas, hacen explosión.  Esto no quiere decir que el cine de artificio esté mal, ni mucho menos —es la parte del cine que más disfruto, fructífera e inagotable. Sí quiere decir que el medio es tan rico en posibilidades, tan amplio en sus alcances, que conformarse con una sola rama es cuando menos reprochable.  

En las películas, como en la vida, no todo el tiempo tienen que estar pasando cosas fuera de lo común.  Boyhood trata una historia sencilla con la que es muy fácil identificarse.  No hay ENORMES personajes ni ENORMES llamas ascendiendo en ninguna parte.  Se trata de un acercamiento minucioso a la vida común de una persona normal de esta época.  Todo lo que pasa es muy probable que le haya sucedido a alguien que conocemos bien, o incluso a nosotros mismos.  Las cosas se llevan exactamente el tiempo requerido, sin apresuramientos ni demoras.  

Aquí llego al tema central de esta cinta: el tiempo; el transcurrir y el permanecer del tiempo, la extraña paradoja en que nos movemos todos desde que nacemos.  Boyhood es también un recordatorio de que esa normalidad aparentemente inocua —la realidad ordinaria que no tiene demasiado que ver con la manera en que es presentada por Hollywood— es de hecho nuestra fuente primordial de épica, drama y tragedia. Sin costosos efectos especiales, la epopeya de lo cotidiano se desenrolla lentamente ante nuestros ojos, como-en-una-película.   Pero las películas permanecen, nosotros nos esfumamos.  

Las personas del futuro volverán a ver Boyhood para saber cómo éramos nosotros, ahora.  Se sorprenderán de cuán distinto es todo y, sin embargo, qué tan similar.  Es una obra maestra para todas las épocas.


Post data musical: la inclusión de Arcade Fire me pareció un golpe maestro. The Suburbs está inspirado precisamente por los suburbios de Houston en los que crecieron los hermanos Butler (y el protagonista de la película).  También es una sorpresa más que agradable ver a Charlie Sexton, el —en todos los sentidos— enorme guitarrista de Bob Dylan interpretando… a un guitarrista de rock admirador de Bob Dylan.

2 comentarios:

Anonymus dijo...

Buena partner, por que no empiezas a mandar tus escritos a revistas, o algo vato, digo hasta Spud lo hizo en Porno jaja, sigue escribiendo y espero tu publicación.
Lo más chingon del texto es la cita de Moore maestro, pero también te discutes jaja

El Compañero. dijo...

«En lo que sea que esté presente Alan Moore, Alan Moore será la mejor parte» dice el primer dogma, grabado con letras de oro en el portal de la iglesia a la que acudo todos los días siendo las cinco de la mañana.

Sobre lo de mandar mis escupitajos a algún lado que no sea este rincón telarañoso te digo que antes debo seguir tu segundo consejo: seguir escribiendo. Ya luego veré si me brinco la barda del pudor y si soy capaz de hacer que otros se la salten conmigo.

Un saludo y un abrazo primo-fraternal.

No soy un robot.