miércoles, 20 de abril de 2016

El hombro de Orión III

Este texto fue publicado originalmente en la edición de noviembre del 2015 de la Revista cultural Alternativas, editada por el Instituto Cultural de León.



El pequeño Vito Corleone canta una tonada melancólica dentro de su celda de Ellis Island mientras ve a lo lejos la Estatua de la Libertad en The Godfather Part II (Coppola, 1974). Él, como muchos, necesitó renunciar a su mundo y emigrar a otro en donde se hablaba otra lengua, existían otras costumbres. Creo que el caso de Vito Corleone es el mismo que el de todos los que se ven forzados a emigrar. En el fondo de la migración forzada existe siempre una profunda violencia que no siempre tiene que estar encarnada en vendettas de mafiosos sicilianos, como en el caso del Padrino. Muchas veces la violencia que obliga a emigrar es la que ejercen los estados imbéciles o las ideologías.
     Vito Corleone se ve forzado a repetir los mismos patrones de violencia y abuso que lo obligaron a dejar su patria. Pero este caso es excepcional y ficticio. Aun así, el guión de Coppola es tan sabio como para darnos un personaje complejo y no una caricatura. La narrativa doble, alternando el escenario de principios del siglo XX y el de la época del Macartismo, es sólo una de las luces narrativas que hicieron a la segunda parte de esta saga todavía más interesante que la primera. Comparar a través de líneas paralelas cómo evoluciona la historia de la familia a partir de la infancia del patriarca eleva las posibilidades de sentido y produce una intensa experiencia estética.
    El cine es capaz de brindarnos vivencias que no seríamos capaces de abarcar con un solo cuerpo. Todos los que hemos visto la saga de los Corleone tuvimos la ilusión de vivir en medio de las grandes migraciones europeas a América para después tener que conseguir los medios de subsistencia que nos fueran posibles. Es más probable, entonces, que empaticemos con las personas que siguen viviendo estas crisis en todos los lugares y todas las épocas. 
     El arte, al contrario de lo que piensan muchos, no es una frivolidad en medio del horror del mundo; más bien es un modo —entre otros— de volvernos más humanos, más sensibles al espanto y la belleza inefables que nos rodean todo el tiempo.

No hay comentarios: